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TRASTORNOS HORMONALES
CAPITULO 145
Trastornos de la glándula tiroides
El tiroides es una pequeña glándula
que mide alrededor de 5 cm de diámetro situada en el cuello bajo
la piel y por debajo de la nuez de Adán. Las dos mitades (lóbulos)
de la glándula están conectadas en su parte central (istmo),
de modo que se parece a la letra H o a un nudo de corbata. Normalmente,
la glándula tiroides no se puede ver y apenas se puede sentir.
Sólo en el caso de que se agrande puede el médico palparla
fácilmente como una protuberancia prominente (bocio) que aparece
debajo o a los lados de la nuez de Adán.
La glándula tiroides secreta las hormonas
tiroideas, que controlan la velocidad de las funciones químicas
del cuerpo (velocidad metabólica). Las hormonas del tiroides
tienen dos efectos sobre el metabolismo: estimular casi todos los tejidos
del cuerpo a producir proteínas y aumentar la cantidad de oxígeno
que las células utilizan. Cuando las células trabajan
más intensamente, los órganos del cuerpo trabajan más
rápido.
Para producir hormonas tiroideas, la glándula
tiroides necesita yodo, un elemento que contienen los alimentos y el
agua. Esta glándula concentra el yodo y lo procesa en su interior.
Cuando las hormonas tiroideas se consumen, algo del yodo contenido en
las hormonas vuelve a la glándula tiroides y es reciclado para
producir más hormonas.
El organismo se sirve de un mecanismo complejo para
ajustar la concentración de hormonas tiroideas presente en cada
momento. En primer lugar, el hipotálamo, ubicado en el cerebro
debajo de la hipófisis, secreta la hormona liberadora de tirotropina,
la cual hace que la hipófisis produzca la hormona estimulante
del tiroides o tirotropina. Tal y como su nombre sugiere, ésta
estimula la glándula tiroides para producir hormonas tiroideas.
Cuando la cantidad de hormonas tiroideas circulantes en la sangre alcanza
una cierta concentración, la hipófisis reduce la producción
de hormona estimulante del tiroides. Cuando esta concentración
disminuye, aumenta la producción de hormona estimulante (mecanismo
de control mediante retroalimentación negativa).
Las hormonas del tiroides se encuentran en dos formas.
La tiroxina (T4) que es la forma producida en la glándula tiroides,
tiene sólo un efecto ligero en la aceleración de la velocidad
de los procesos metabólicos del cuerpo. La tiroxina se convierte
en el hígado y otros órganos en una forma metabólicamente
activa, la triyodotironina (T3). Esta conversión produce aproximadamente
el 80 por ciento de la forma activa de la hormona; el 20 por ciento
restante lo produce y secreta la misma glándula tiroides. Muchos
factores controlan la conversión de T4 a T3 en el hígado
y en los otros órganos, incluyendo las necesidades del organismo
en cada momento. La mayor parte de las formas T4 y T3 se une a ciertas
proteínas en la sangre y es activa solamente cuando no está
unida a ellas. De este modo singular, el organismo mantiene la cantidad
correcta de hormonas tiroideas, necesaria para conservar una velocidad
metabólica estable.
Para que la glándula tiroides funcione normalmente
es necesario que muchos factores actúen muy estrechamente: el
hipotálamo, la hipófisis, las proteínas transportadoras
de hormona tiroidea (de la sangre) y la conversión, en el hígado
y los otros tejidos, de T4 a T3.
Pruebas de laboratorio
Para determinar la eficiencia del funcionamiento
de la glándula tiroides, se utilizan varias pruebas de laboratorio.
Una de las más comunes es la prueba para medir la concentración
de la hormona estimulante del tiroides en la sangre. En vista de que
ésta estimula la producción de hormona tiroidea, sus concentraciones
en sangre son elevadas cuando la glándula tiroides es poco activa
(y por eso necesita mayor estímulo) y bajas cuando es hiperactiva
(y por eso necesita menor estímulo). Si la hipófisis no
funciona de forma normal (aunque esto sucede raramente), el valor de
hormona estimulante del tiroides por sí solo, no reflejará
exactamente el estado de funcionamiento de la glándula tiroides
y se procederá entonces a medir el valor de T4 libre.
| Localización de
la glándula tiroides |
 |
La medición de la concentración de
la hormona estimulante del tiroides y de la de T4 libre que circulan
en la sangre es, por lo general, todo lo que se necesita. Sin embargo,
también puede ser necesario determinar la concentración
de una proteína llamada globulina unida a la tiroxina, dado que
sus valores anormales pueden conducir a la mala interpretación
de la concentración total de las hormonas tiroideas. Las personas
con insuficiencia renal, algunos trastornos genéticos u otras
enfermedades o que tomen esteroides anabolizantes, presentan unos valores
más bajos de globulina ligada a la tiroxina. Por el contrario,
los valores de globulina ligada a la tiroxina pueden ser más
altos de lo normal en mujeres embarazadas o que tomen anticonceptivos
orales u otras formas de estrógenos, y en las personas que sufran
los estados iniciales de la hepatitis, o también algunas otras
enfermedades.
Algunas pruebas se realizan en la misma glándula
tiroides. Por ejemplo, si el médico percibe un crecimiento anormal
de ésta, puede practicarse una ecografía (examen con ultrasonidos);
este procedimiento utiliza ondas de sonido para determinar si el crecimiento
es sólido o contiene líquido. La gammagrafía del
tiroides utiliza yodo radiactivo o tecnecio y un dispositivo para reproducir
una imagen que muestre cualquier anomalía física. La gammagrafía
del tiroides es útil para determinar si una zona de la glándula
funciona de manera normal, o si es hiperactiva o poco activa, comparada
con el resto de la glándula.
En raras ocasiones, cuando el médico no está
seguro de si el problema se encuentra en la glándula tiroides
o en la hipófisis, ordena pruebas de estimulación funcional.
Una de estas pruebas consiste en inyectar una hormona liberadora de
tirotropina por vía intravenosa y a continuación realizar
los análisis de sangre pertinentes para medir la respuesta de
la hipófisis.
Síndrome del enfermo eutiroideo
En el síndrome del enfermo eutiroideo, los
resultados del examen del tiroides son anómalos aun cuando la
glándula tiroides esté funcionando normalmente.
Se produce habitualmente en los pacientes que sufren
de una enfermedad grave que no afecta al tiroides. Cuando los pacientes
están enfermos, desnutridos o han sufrido una intervención
quirúrgica, la forma T4 de la hormona del tiroides no se convierte
normalmente en la forma T3. Grandes cantidades de T3 inversa, una forma
inactiva de la hormona tiroidea, se acumulan. A pesar de esta conversión
anómala, la glándula tiroides sigue funcionando y controlando
la velocidad metabólica del cuerpo de forma normal. Debido a
que no es un problema de la glándula tiroides, no se necesita
tratamiento. Las pruebas de laboratorio muestran resultados normales
una vez que la enfermedad subyacente se resuelve.
Hipertiroidismo
El hipertiroidismo, un trastorno en el que la glándula
tiroides es hiperactiva, se desarrolla cuando el tiroides produce demasiada
cantidad de hormonas.
El hipertiroidismo tiene varias causas, entre ellas
las reacciones inmunológicas (posible causa de la enfermedad
de Graves). Los pacientes con tiroiditis, una inflamación de
la glándula tiroides, padecen habitualmente una fase de hipertiroidismo.
Sin embargo, la inflamación puede dañar la glándula
tiroides, de modo que la actividad inicial, superior a la normal, es
el preludio de una actividad deficiente transitoria (lo más frecuente)
o permanente (hipotiroidismo).
Los nódulos tóxicos (adenomas), zonas
de tejido anómalo que crecen dentro de la glándula tiroides,
eluden a veces los mecanismos que controlan la glándula y producen,
en consecuencia, hormonas tiroideas en grandes cantidades. Un paciente
puede tener un nódulo o varios. A este respecto el bocio tóxico
multinodular (enfermedad de Plummer), un trastorno en el que hay muchos
nódulos, es poco frecuente en los adolescentes y adultos jóvenes
y el riesgo de padecerlo tiende a aumentar con la edad.
En el hipertiroidismo, en general, las funciones
del cuerpo se aceleran. El corazón late más rápidamente
y puede desarrollar un ritmo anómalo, y el individuo afectado
puede llegar a percibir los latidos de su propio corazón (palpitaciones).
Así mismo, es probable que la presión arterial aumente.
Muchos pacientes con hipertiroidismo sienten calor incluso en una habitación
fría, su piel se torna húmeda ya que tienden a sudar profusamente,
y sus manos pueden temblar. Se sienten nerviosos, cansados y débiles,
y a pesar de esto aumentan su nivel de actividad; aumenta el apetito,
aunque pierden peso; duermen poco y hacen frecuentes deposiciones, algunas
veces con diarrea.
Los ancianos con hipertiroidismo pueden no presentar
estos síntomas característicos, pero tienen lo que a veces
se denomina hipertiroidismo apático u oculto. Simplemente se
tornan débiles, soñolientos, confusos, introvertidos y
deprimidos. Los problemas cardíacos, especialmente los ritmos
cardíacos anómalos, se observan a menudo en los pacientes
de edad avanzada con hipertiroidismo.
El hipertiroidismo también provoca alteraciones
oculares: hinchazón en torno a los ojos, aumento de la lacrimación,
irritación y una inusual sensibilidad a la luz. Además,
la persona parece mirar fijamente. Estos síntomas oculares desaparecen
cuando la secreción de la hormona tiroidea es controlada, excepto
en los pacientes con enfermedad de Graves, la cual causa problemas especiales
en los ojos.
El hipertiroidismo puede adoptar diversas formas
que incluyen la enfermedad de Graves, el bocio tóxico nodular
o el hipertiroidismo secundario
Enfermedad de Graves
Se cree que la causa de la enfermedad de Graves
(bocio tóxico difuso) es un anticuerpo que estimula el tiroides
a producir un exceso de hormonas. Se observan los signos típicos
del hipertiroidismo y tres síntomas distintivos adicionales.
Dado que la glándula completa es estimulada, aumenta mucho de
tamaño y causa una tumefacción en el cuello (bocio). Las
personas que padecen esta enfermedad también pueden tener los
ojos saltones (exoftalmos) y, menos frecuentemente, zonas de piel sobreelevadas
en las espinillas.
Los ojos se tornan saltones debido a una sustancia
que se acumula en la órbita. Este abultamiento ocular se añade
a una intensa fijeza en la mirada y a otras alteraciones oculares características
del hipertiroidismo. Los músculos que mueven los ojos dejan de
funcionar de la forma adecuada, y ésta es la causa de que sea
difícil o imposible mover los ojos o coordinar sus movimientos,
lo que provoca visión doble. Los párpados, al no cerrarse
por completo, exponen los ojos a lesiones debidas a partículas
extrañas y sequedad. Estos cambios pueden empezar años
antes de que se advierta cualquiera de los otros síntomas de
hipertiroidismo, proporcionando una clave inicial de la enfermedad de
Graves, o pueden no presentarse hasta que aparecen el resto de los síntomas.
Los síntomas oculares pueden incluso manifestarse o agravarse
después de que la secreción excesiva de la hormona tiroidea
ha sido tratada y controlada.
Pueden aliviarse los síntomas oculares elevando
la cabecera de la cama, mediante la aplicación de colirios oftálmicos,
durmiendo con los párpados vendados y, algunas veces, con la
administración de diuréticos. La visión doble se
corrige usando lentes especiales. Por último, en algunos casos
son necesarios los corticosteroides orales, la aplicación de
rayos X en las órbitas o una intervención quirúrgica
ocular.
En la enfermedad de Graves, una sustancia similar
a la que se concentra detrás de los ojos se puede acumular en
la piel, por lo general encima de las espinillas. Se puede sentir picor
en la zona engrosada, que enrojece y es dura a la palpación cuando
se presiona con un dedo. Como en el caso de las acumulaciones detrás
de los ojos, este problema puede empezar antes o después de que
lo hagan los otros síntomas de hipertiroidismo. Las cremas con
corticosteroides o los ungüentos calman el picor y atenúan
la dureza. A menudo, el problema desaparece sin tratamiento o sin razón
aparente, meses o años más tarde.
Bocio tóxico nodular
En el bocio tóxico nodular, uno o más
nódulos en el tiroides producen una cantidad excesiva de hormona
tiroidea y no están bajo el control de la hormona estimulante
del tiroides. Los nódulos son verdaderos tumores benignos hiperfuncionantes
del tiroides y se asocian con los ojos saltones y los problemas cutáneos
de la enfermedad de Graves.
Hipertiroidismo secundario
Una causa poco frecuente del hipertiroidismo puede
ser un tumor hipofisario que secrete demasiada hormona estimulante del
tiroides, lo cual a su vez estimula la hiperproducción de hormonas
tiroideas. Otra causa rara de hipertiroidismo es la resistencia hipofisaria
a la hormona tiroidea, que da como resultado una hipófisis que
secreta demasiada hormona estimulante del tiroides.
Las mujeres con una mola hidatidiforme también
pueden desarrollar hipertiroidismo, dado que la glándula tiroides
está hiperestimulada por las elevadas concentraciones en sangre
de gonadotropina coriónica humana. El hipertiroidismo desaparece
después de que lo haya hecho esta mola y una vez que la gonadotropina
coriónica humana no se detecte en la sangre.
Complicaciones
La tormenta tiroidea, una extrema hiperactividad
repentina de la glándula tiroides, produce fiebre, debilidad
extrema y pérdida de la fuerza muscular, desasosiego, oscilaciones
de los estados de ánimo, confusión, alteraciones de la
conciencia (inclusive coma) y un agrandamiento del hígado con
ictericia moderada. La tormenta tiroidea requiere tratamiento inmediato
ya que pone en peligro la vida del paciente. Una grave sobrecarga del
corazón puede provocar latidos cardíacos irregulares (arritmia)
y, como consecuencia, un estado de shock e incluso la muerte.
La tormenta tiroidea es generalmente provocada por
un hipertiroidismo que no recibió tratamiento o que fue tratado
inadecuadamente, y puede desencadenarse a causa de una infección,
un traumatismo, una intervención quirúrgica, una diabetes
mal controlada, el miedo, el embarazo o el parto, la interrupción
de la administración de fármacos para el tiroides u otras
formas de estrés. Es raro que este trastorno aparezca en los
niños.
Tratamiento
El hipertiroidismo se puede tratar farmacológicamente,
pero otras opciones incluyen la extracción quirúrgica
de la glándula tiroides o su tratamiento con yodo radiactivo.
Cada uno de los tratamientos tiene sus ventajas y desventajas.
La glándula tiroides necesita una pequeña
cantidad de yodo para funcionar adecuadamente, pero una gran cantidad
de yodo disminuye la cantidad de hormonas que la glándula produce
e impide la liberación de los excedentes de hormona tiroidea.
Por consiguiente, los médicos utilizan grandes dosis de yodo
para interrumpir la secreción excesiva de hormona tiroidea. Este
tratamiento con yodo es particularmente útil cuando se necesita
controlar el hipertiroidismo con rapidez, como sería el caso
de una tormenta tiroidea o antes de una cirugía de urgencia.
Sin embargo, el yodo no se utiliza en los tratamientos habituales del
hipertiroidismo, o en los de larga duración.
El
propiltiouracilo o el metimazol, los fármacos más utilizados
para tratar el hipertiroidismo, retardan el funcionamiento del tiroides
y disminuyen la producción hormonal. Ambos fármacos se
administran por vía oral; se empieza con dosis elevadas que más
tarde se adaptan según los resultados de los análisis
de sangre de la hormona tiroidea. Por lo general, controlan el funcionamiento
del tiroides entre 6 semanas y 3 meses, salvo que dosis mayores actúen
más rápidamente (con un aumento del riesgo de efectos
adversos). Tales efectos adversos son reacciones alérgicas (erupciones
de la piel), náuseas, pérdida del sentido del gusto y,
en raras ocasiones, disminución de la síntesis de las
células sanguíneas por parte de la médula ósea.
La inhibición de la médula ósea puede mermar la
cantidad de glóbulos blancos, y degenerar, por tanto, en una
situación con riesgo de muerte, en la cual la persona es vulnerable
a las infecciones. Mientras que estos dos fármacos son similares
en la mayor parte de sus efectos, el propiltiouracilo es más
seguro que el metimazol en las mujeres embarazadas, ya que es menor
la cantidad del fármaco que alcanza al feto. El carbimazol, un
fármaco muy utilizado en Europa, se convierte en metimazol en
el interior del organismo.
Los fármacos bloqueadores beta, como el propranolol,
controlan algunos de los síntomas del hipertiroidismo. Estos
fármacos reducen la frecuencia cardíaca, así como
el temblor y la ansiedad. Por esta razón los bloqueadores beta
son útiles en casos de tormenta tiroidea y para tratar a los
pacientes con síntomas molestos o peligrosos, cuyo hipertiroidismo
aún no ha sido controlado con otros tratamientos. Sin embargo,
no controlan el funcionamiento anómalo del tiroides.
El hipertiroidismo también se trata con yodo
radiactivo, que destruye la glándula tiroides; ingerido por vía
oral, introduce muy poca radiactividad en el cuerpo en su conjunto,
pero sí una gran cantidad en la glándula tiroides. Los
médicos tratan de ajustar la dosis de yodo radiactivo de tal
forma que se destruya la mínima parte de la glándula tiroides,
para así lograr que su producción hormonal recobre la
normalidad sin que se reduzcan demasiado sus funciones. Sin embargo,
la mayoría de las veces este tratamiento lleva a la larga a un
hipotiroidismo (una glándula tiroides con una función
disminuida), un cuadro que requiere una terapia sustitutiva con hormona
tiroidea. Los individuos que necesitan esta terapia hormonal sustitutiva
toman un comprimido de hormona tiroidea a diario durante el resto de
su vida, de forma que se reemplace la hormona natural que ya no se produce
en cantidades suficientes. Alrededor de 25 por ciento de los pacientes
sufren de hipotiroidismo un año después del tratamiento
con yodo radiactivo, pero el porcentaje aumenta de forma paulatina en
los siguientes 20 años o más. Respecto a su posible efecto
cancerígeno, jamás se ha confirmado. El yodo radiactivo
no se administra a las mujeres embarazadas, dado que atraviesa la placenta
y puede destruir la glándula tiroides del feto.
En una tiroidectomía, la glándula
tiroides se extirpa quirúrgicamente. La cirugía es una
opción válida sobre todo para los pacientes jóvenes
con hipertiroidismo y también en pacientes que tienen un bocio
muy grande, en aquellos que son alérgicos a los fármacos
o los que acusan efectos colaterales graves producidos por los fármacos
utilizados para tratar el hipertiroidismo. El hipertiroidismo es controlado
en más del 90 por ciento de los que han elegido esta opción.
Cierto grado de hipotiroidismo se produce en algunas personas después
de la cirugía, que luego tendrán que tomar hormona tiroidea
durante el resto de sus vidas. Las complicaciones son infrecuentes y
comprenden la parálisis de las cuerdas vocales y lesiones de
las glándulas paratiroides (minúsculas glándulas
que están detrás de la glándula tiroides y que
controlan la concentración de calcio en sangre).
Hipotiroidismo
El hipotiroidismo es una afección en la que
la glándula tiroides tiene un funcionamiento anómalo y
produce muy poca cantidad de hormona tiroidea. El hipotiroidismo muy
grave se denomina mixedema.
En la tiroiditis de Hashimoto, la causa más
frecuente de hipotiroidismo, la glándula tiroides se agranda
y el hipotiroidismo aparece años más tarde, debido a la
destrucción gradual de las zonas funcionales de la glándula.
La segunda causa más frecuente de hipotiroidismo es el tratamiento
del hipertiroidismo. El hipotiroidismo suele producirse ya sea por el
tratamiento con yodo radiactivo, ya sea por la cirugía.
La causa más frecuente de hipotiroidismo
en muchos países en vías de desarrollo es la carencia
crónica de yodo en la dieta, que producirá un aumento
del tamaño de la glándula, reduciendo su rendimiento (bocio
hipotiroideo). No obstante, esta forma de hipotiroidismo ha desaparecido
en muchos países, desde que los fabricantes de sal comenzaron
a agregar yodo a la sal de mesa y desde que se utilizan desinfectantes
con yodo para esterilizar las ubres de las vacas. Otras causas más
raras de hipotiroidismo incluyen algunas afecciones heredadas, en las
que una anomalía enzimática en las células del
tiroides impiden que la glándula produzca o secrete suficiente
cantidad de hormonas tiroideas. Otros trastornos poco frecuentes son
aquellos en los que el hipotálamo o la hipófisis no producen
la hormona en cantidad suficiente para estimular el funcionamiento normal
del tiroides
Síntomas
La insuficiencia tiroidea provoca un decaimiento
general de las funciones del organismo. En marcado contraste con el
hipertiroidismo, los síntomas del hipotiroidismo son sutiles
y graduales y pueden ser confundidos con una depresión. Las expresiones
faciales son toscas, la voz es ronca y la dicción lenta; los
párpados están caídos, los ojos y la cara se vuelven
hinchados y abultados. Muchos pacientes con hipotiroidismo aumentan
de peso, tienen estreñimiento y son incapaces de tolerar el frío.
El cabello se vuelve ralo, áspero y seco, y la piel se torna
áspera, gruesa, seca y escamosa. En muchos casos, se desarrolla
el síndrome del túnel carpiano, que provoca hormigueo
o dolor en las manos. El pulso se vuelve más lento, las palmas
de las manos y las plantas de los pies aparecen un poco anaranjadas
(carotenemia), y la parte lateral de las cejas se desprende lentamente.
Algunas personas, sobre todo las mayores, son olvidadizas y parecen
confusas o dementes, signos que fácilmente pueden confundirse
con la enfermedad de Alzheimer u otras formas de demencia.
Sin tratamiento, el hipotiroidismo al final puede
causar anemia, un descenso de la temperatura corporal e insuficiencia
cardíaca. Esta situación puede agravarse y aparecer confusión,
estupor o coma (coma mixedematoso), una complicación mortal en
la que la respiración se hace lenta, la persona tiene convulsiones
y el flujo sanguíneo cerebral disminuye. El coma mixedematoso
puede ser desencadenado por la exposición al frío o por
una infección, un traumatismo y fármacos como sedantes
y tranquilizantes, que inhiben el funcionamiento cerebral.
Tratamiento
El hipotiroidismo se trata con la sustitución
de la hormona tiroidea deficiente, mediante una de las diversas preparaciones
orales existentes. La forma preferida es la hormona tiroidea sintética,
T4. Otra forma, la hormona tiroidea desecada, se obtiene de las glándulas
del tiroides de animales. En general, la forma desecada es menos satisfactoria,
porque la dosis es más difícil de adaptar y los comprimidos
tienen cantidades variables de T3.
El tratamiento en personas de edad avanzada se inicia
a dosis bajas de hormona tiroidea porque pueden ser graves los efectos
colaterales si la dosis es demasiado alta. La dosis se aumenta gradualmente
hasta que se restablezca la normalidad de los valores sanguíneos
de la hormona estimulante del tiroides. La medicación, por lo
general, se tomará durante toda la vida. En situaciones urgentes,
como el coma mixedematoso, los médicos pueden administrar hormona
tiroidea por vía intravenosa.
Tiroiditis
La tiroiditis, una inflamación de la glándula
tiroides, produce un hipertiroidismo transitorio a menudo seguido de
un hipotiroidismo transitorio, o bien no produce ningún cambio
en el funcionamiento del tiroides.
Los tres tipos de tiroiditis son la tiroiditis de
Hashimoto, la tiroiditis subaguda granulomatosa y la tiroiditis linfocitaria
silente.
Tiroiditis de Hashimoto
Esta tiroiditis autoinmune es el tipo más
frecuente y la causa más habitual de hipotiroidismo. Por razones
desconocidas, el organismo se vuelve contra sí mismo en una reacción
autoinmune y crea anticuerpos que atacan la glándula tiroides.
(.V.página 846) Este tipo de tiroiditis es más frecuente
en las mujeres ancianas y es habitual en familias con antecedentes de
la enfermedad. La dolencia es ocho veces más frecuente en las
mujeres que en los varones y tiene una incidencia más alta en
personas con ciertas anomalías cromosómicas, como los
síndromes de Turner, Down y Klinefelter.
La tiroiditis de Hashimoto comienza a menudo con
un aumento indoloro del tamaño de la glándula tiroides
o con una sensación de plenitud en el cuello. Cuando se palpa
la glándula, por lo general se encuentra agrandada, con una textura
gomosa (cauchosa), pero no blanda, y a veces tiene una textura grumosa.
La glándula tiroides es hipofuncionante en aproximadamente el
20 por ciento de los pacientes cuando se descubre la tiroiditis; el
resto tiene un funcionamiento normal. Algunos pacientes que padecen
de tiroiditis de Hashimoto presentan otros trastornos endocrinos como
diabetes, insuficiencia de las glándulas suprarrenales, hipoparatiroidismo
u otras enfermedades autoinmunes (anemia perniciosa, artritis reumatoide,
síndrome de Sjögren o lupus eritematoso sistémico).
Los médicos realizan las pruebas del funcionamiento
del tiroides en muestras de sangre para determinar si la glándula
funciona normalmente, pero basan el diagnóstico de tiroiditis
de Hashimoto en los síntomas, el examen físico y la presencia
de anticuerpos que atacan la glándula (anticuerpos antitiroideos),
los cuales pueden ser medidos con facilidad en un análisis de
sangre.
No existe un tratamiento específico para
la tiroiditis de Hashimoto. La mayoría de los pacientes desarrolla
hipotiroidismo y se les debe prescribir un tratamiento de sustitución
hormonal para toda la vida. La hormona tiroidea es también útil
para disminuir la dilatación de la glándula tiroides.
Tiroiditis granulomatosa subaguda
La tiroiditis granulomatosa subaguda (de células
gigantes), que probablemente se debe a un virus, comienza de forma más
brusca que la tiroiditis de Hashimoto. La tiroiditis granulomatosa subaguda
aparece después de una infección vírica y comienza
con lo que muchas personas llaman una inflamación de la garganta,
pero en realidad se trata de un dolor en el cuello, localizado en el
tiroides. La glándula tiroides se vuelve cada vez más
dolorosa y el paciente, por lo general, presenta una fiebre ligera (37
a 38 °C). El dolor puede desplazarse desde un lado del cuello al
otro, extenderse a la mandíbula y a los oídos, y hacerse
más fuerte cuando se gira la cabeza o en el momento de la deglución.
La tiroiditis granulomatosa subaguda se confunde al inicio con un problema
dental o con una infección de la garganta o del oído.
La inflamación hace que la glándula
tiroides libere una cantidad excesiva de hormona tiroidea y, en consecuencia,
aparezca hipertiroidismo, casi siempre seguido de un hipotiroidismo
transitorio. Es frecuente que las personas con tiroiditis granulomatosa
subaguda se sientan muy cansadas.
La mayoría de los pacientes se recupera por
completo de este tipo de tiroiditis. La dolencia remite de forma espontánea
en unos pocos meses, pero a veces produce recaídas o, en raras
ocasiones, provoca una lesión lo bastante importante en la glándula
tiroides como para ser causa de un hipotiroidismo permanente.
El ácido acetilsalicílico (aspirina)
y otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos (como el ibuprofeno)
alivian el dolor y la inflamación. Para los casos muy graves,
el médico puede recomendar corticosteroides como la prednisona,
cuya administración se suprimirá gradualmente en el transcurso
de 6 a 8 semanas. Cuando los corticosteroides se interrumpen bruscamente,
los síntomas con frecuencia reaparecen con más intensidad.
Tiroiditis linfocitaria silente
Incide con mayor frecuencia en las mujeres, habitualmente
justo después del parto, y hace que el tiroides aumente de tamaño
sin provocar dolor. En un periodo que oscila de varias semanas a varios
meses, la mujer afectada sufrirá de hipertiroidismo, seguido
de hipotiroidismo, antes de recuperar finalmente el funcionamiento normal
del tiroides. Esta afección no requiere un tratamiento específico,
aunque el hipertiroidismo o el hipotiroidismo pueden requerir tratamiento
durante algunas semanas. Con frecuencia, un bloqueador beta como el
propranolol es el único fármaco necesario para controlar
los síntomas del hipertiroidismo. Durante el período de
hipotiroidismo, puede ser necesario administrar hormona tiroidea, por
lo general durante unos pocos meses. El hipotiroidismo se vuelve permanente
en alrededor de un 10 por ciento de las personas que padecen tiroiditis
linfocitaria silente.
Cáncer de tiroides
Existen cuatro tipos principales de cáncer
de tiroides, a saber, papilar, folicular, anaplásico y medular.
El cáncer de tiroides es más frecuente
en las personas que han recibido un tratamiento de irradiación
en la cabeza, el cuello o el pecho, muy frecuentemente por trastornos
benignos (si bien el tratamiento por radiación en casos benignos
ya no se lleva a cabo en la actualidad). Más que causar el agrandamiento
de la glándula completa, un cáncer produce pequeños
crecimientos (nódulos) dentro del tiroides. La mayoría
de los nódulos tiroideos no son cancerosos y por lo general existen
tratamientos eficaces para las formas de cáncer de tiroides.
El cáncer del tiroides tiene con frecuencia una capacidad limitada
para el consumo de yodo y la producción hormonal, salvo en raras
ocasiones, que produce suficiente hormona como para causar un hipertiroidismo.
Hay mayor probabilidad de que los nódulos correspondan a un cáncer
si se encuentra un solo nódulo en vez de varios, si no se demuestra
que el nódulo es funcional con una gammagrafía, si el
nódulo es sólido en vez de líquido (cístico),
si es duro o si está creciendo con rapidez.
El primer signo de un cáncer de tiroides
es un bulto indoloro en el cuello. Cuando los médicos encuentran
un nódulo en la glándula tiroides, realizan varias pruebas.
Una exploración del tiroides determina si el nódulo está
funcionando, dado que un nódulo inactivo es más probablemente
canceroso que uno activo. Una exploración con ultrasonidos (ecografía)
es menos útil, pero se efectúa para determinar si el nódulo
es sólido o está lleno de líquido. Se toma una
muestra del nódulo por medio de una aguja de biopsia para su
examen al microscopio, ya que es el mejor modo para determinar si el
nódulo es canceroso.
Cáncer papilar
El cáncer papilar representa del 60 al 70
por ciento del total de las formas de cáncer del tiroides. Las
mujeres contraen el cáncer papilar dos o tres veces más
que los varones; sin embargo, dado que los nódulos son más
comunes en las mujeres, un nódulo en un varón conlleva
siempre más sospechas de cáncer. El cáncer papilar
es más frecuente en las personas jóvenes, pero crece y
se extiende más rápidamente en los ancianos. Los pacientes
que han recibido en el cuello un tratamiento con radioterapia, en general
por una afección benigna en la infancia o en la niñez,
o por algún otro cáncer en la edad adulta, corren un gran
riesgo de desarrollar un cáncer papilar.
La cirugía es el tratamiento que se aplica
al cáncer papilar, que a veces se extiende a los ganglios linfáticos
cercanos. Los nódulos más pequeños de 2 cm de diámetro
se extirpan junto con el tejido tiroideo circundante, aunque algunos
expertos recomiendan extirpar la glándula por completo. La cirugía
es casi siempre eficaz con estas formas de cáncer pequeño.
Dado que la hormona estimulante del tiroides actúa
sobre el cáncer papilar, se administra hormona tiroidea en dosis
lo bastante grandes como para suprimir la secreción de la hormona
estimulante y prevenir una recidiva. Si un nódulo es más
grande, se extirpa la mayor parte o toda la glándula tiroides
y se administra yodo radiactivo con la esperanza de que cualquier tejido
tiroideo o cáncer remanentes que se hubieran difundido fuera
del tiroides lo absorban y sean destruidos. En algunos casos, es necesaria
alguna otra dosis de yodo radiactivo para asegurarse de que el cáncer
ha sido eliminado por completo. El cáncer papilar se cura casi
siempre.
Cáncer folicular
El cáncer folicular es el responsable de
alrededor de un 15 por ciento de todas las formas de cáncer de
tiroides y es más frecuente en los ancianos. El cáncer
folicular es también más frecuente en las mujeres que
en los varones pero, como el cáncer papilar, un nódulo
en un varón tiene mayor probabilidad de ser canceroso. Mucho
más maligno que el cáncer papilar, el folicular tiende
a extenderse a través del flujo sanguíneo difundiendo
células cancerosas a varias partes del cuerpo (metástasis).
El tratamiento del cáncer folicular requiere
la extirpación quirúrgica de prácticamente toda
la glándula tiroides y la destrucción con yodo radiactivo
de cualquier tejido tiroideo remanente, incluyendo las metástasis.
Cáncer anaplásico
El cáncer anaplásico representa menos
del 10 por ciento de las formas de cáncer del tiroides e incide
por lo general en mujeres ancianas. Este cáncer crece muy rápidamente
causando un gran tumor en el cuello. Alrededor del 80 por ciento de
los pacientes con este tipo de cáncer muere durante el primer
año. El tratamiento con yodo radiactivo es inútil porque
el cáncer anaplásico no lo absorbe. Sin embargo, el tratamiento
con fármacos anticancerígenos y radioterapia antes y después
de la cirugía da algunos buenos resultados.
Cáncer medular
En el cáncer medular, la glándula
tiroides produce cantidades excesivas de calcitonina, una hormona secretada
por ciertas células tiroideas. Dado que también puede
producir otras hormonas, puede causar síntomas inusuales. Además,
tiene tendencia a difundirse (metástasis) por el sistema linfático
a los ganglios linfáticos y, a través de la sangre, al
hígado, los pulmones y los huesos. Este cáncer se desarrolla
junto con otros tipos de cáncer endocrino en lo que constituye
el denominado síndrome de neoplasia endocrina múltiple.
El tratamiento requiere la extirpación completa
de la glándula tiroides. Se puede necesitar una cirugía
adicional si el cáncer se ha extendido a los ganglios linfáticos.
Más de dos tercios de los pacientes con un cáncer medular
de tiroides que forma parte del síndrome de neoplasia endocrina
múltiple viven, como mínimo, unos 10 años más
a partir del diagnóstico. Cuando el cáncer medular de
tiroides se manifiesta de forma aislada, las posibilidades de supervivencia
no son tan buenas.
Dado que el cáncer medular de tiroides tiene
en ocasiones una incidencia familiar, se deben examinar los familiares
de un paciente con este tipo de cáncer en busca de una anomalía
genética que es fácilmente detectable en los glóbulos
rojos. Si el resultado de la exploración es negativo, es casi
seguro que el paciente no desarrollará cáncer medular.
Si el resultado de la exploración es positivo,
entonces ya tiene o desarrollará este cáncer y la cirugía
del tiroides debe considerarse incluso antes de que se manifiesten los
síntomas y aumenten los valores de calcitonina en sangre. Un
valor elevado de calcitonina o un aumento excesivo de su concentración
tras una prueba de estimulación, es útil para determinar
o predecir el desarrollo de cáncer medular. Un valor muy elevado
requiere la extirpación de la glándula tiroides, dado
que un tratamiento precoz tiene más posibilidades de ser curativo.