SECCION 13 >
TRASTORNOS HORMONALES
CAPITULO 144
Trastornos de la hipófisis
La hipófisis o glándula pituitaria
tiene forma de pera y está situada en una estructura ósea
denominada silla turca, localizada debajo del cerebro. La silla turca
la protege pero, en contrapartida, deja muy poco espacio para su expansión.
Si la hipófisis aumenta de tamaño tiende a comprimir las
estructuras que se encuentran en su parte superior, a menudo presionando
las zonas del cerebro que llevan las señales desde los ojos,
provocando, posiblemente, dolores de cabeza o problemas vi-suales.
La hipófisis controla, en gran parte, el
funcionamiento de las demás glándulas endocrinas y es
a su vez controlada por el hipotálamo, una región del
cerebro que se encuentra por encima de la hipófisis. La hipófisis
consta de dos lóbulos, el anterior (adenohipófisis) y
el posterior (neurohipófisis). El hipotálamo ejerce el
control de las actividades del lóbulo anterior mediante la emisión
de sustancias semejantes a las hormonas que se abocan en los vasos sanguíneos
que conectan directamente las dos zonas. A su vez, controla el lóbulo
posterior mediante impulsos nerviosos.

El lóbulo anterior produce (secreta) hormonas
que, en última instancia, regulan el funcionamiento de la glándula
tiroides, las glándulas suprarrenales, los órganos reproductores
(ovarios y testículos), la producción de la leche (lactancia)
en las mamas y el crecimiento corporal. También produce las hormonas
que causan la pigmentación oscura de la piel y que inhiben la
sensación de dolor. El lóbulo posterior secreta las hormonas
que regulan el equilibrio del agua, estimulan la bajada de leche en
las mamas de mujeres con niños lactantes y estimulan las contracciones
del útero.
Hipófisis: la glándula
principal
La hipófisis, una glándula
del tamaño de un gui-sante que está debajo del
cerebro, produce una gran cantidad de hormonas, cada una de
las cuales afecta a una parte específica del cuerpo (el
órgano al cual está dirigida la hormona). Debido
a que la hipófisis controla el funcionamiento de la mayoría
de las demás glándulas endocrinas, con frecuencia
recibe el nombre de glándula principal.
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Mediante la detección de los valores hormonales
producidos por las glándulas que están bajo el control
de la pituitaria (glándulas diana), el hipotálamo o la
hipófisis determinan cuánta estimulación o disminución
de la secreción puede necesitar la hipófisis para reajustar
la actividad de las glándulas que controla. Las hormonas producidas
por la hipófisis (y el hipotálamo) no se secretan, todas
ellas, de una forma continua. La mayoría se liberará de
golpe en periodos de una a tres horas, alternando períodos de
actividad e inactividad. Algunas de estas hormonas, como la adrenocorticotropina
(que controla las glándulas suprarrenales), la hormona del crecimiento
(que controla el crecimiento) y la prolactina (que controla la producción
de leche), siguen un ritmo circadiano. Es decir, sus concentraciones
suben y bajan de manera predecible durante el día, alcanzando
su nivel más alto justo antes del momento de despertarse y llegando
a sus valores más bajos justo antes de dormirse. Las concentraciones
de otras hormonas varían según otros factores.
Por ejemplo, en las mujeres, la cantidad de hormona
luteinizante y la de hormona foliculoestimulante, las cuales controlan
las funciones reproductoras, varían durante el ciclo menstrual.
En cualquier caso, la secreción excesiva o insuficiente de una
o más hormonas hipofisarias, provocan una amplia variedad de
síntomas.
Funcionamiento de la hipófisis anterior
El lóbulo anterior de la hipófisis
corresponde al 80 por ciento del peso total de la glándula; libera
hormonas que regulan un crecimiento y desarrollo físico normales
o estimulan la actividad de las glándulas suprarrenales, la glándula
tiroides y los ovarios o los testículos. Cuando el lóbulo
anterior secreta hormonas en cantidades excesivas o insuficientes, las
otras glándulas endocrinas también aumentan o disminuyen
su producción de hormonas.
Una de las hormonas secretadas por el lóbulo
anterior es la adrenocorticotropina (la hormona adrenocorticotropa o
ACTH), cuya función es estimular las glándulas suprarrenales
a secretar cortisol, una hormona fisiológica semejante a la cortisona,
y varios esteroides androgénicos, semejantes a la testosterona.
Sin la adrenocorticotropina, las glándulas suprarrenales disminuyen
de tamaño (se atrofian) y dejan de secretar cortisol, es decir,
aparece una insuficiencia de la función de las glándulas
suprarrenales. Aparte de la adrenocorticotropina, también se
producen simultáneamente otras hormonas, como la hormona estimulante
de los melanocitos beta, que regula la pigmentación de la piel,
las encefalinas y las endorfinas, que controlan la percepción
del dolor, el estado de ánimo y la atención.
La
hormona estimulante del tiroides, también producida por el lóbulo
anterior, estimula la producción de las hormonas tiroideas. Muy
raramente, un exceso de esta hormona provoca una secreción hormonal
excesiva por parte del tiroides y, en consecuencia, hipertiroidismo;
la estimulación deficiente, en cambio, hace que la glándula
tiroidea no produzca la cantidad suficiente, dando como resultado un
hipotiroidismo.
Las otras dos hormonas que produce el lóbulo
anterior (la hormona luteinizante y la foliculoestimulante (ambas gonadotropinas),
actúan sobre los ovarios y los testículos (gónadas).
En las mujeres, estimulan la producción de estrógenos
y de progesterona y la liberación mensual de un óvulo
desde los ovarios (ovulación). En los varones, la hormona luteinizante
estimula la producción de la testosterona en los testículos,
y la hormona foliculoestimulante, por su parte, los estimula para que
produzcan esperma.
Una de las hormonas más importantes secretadas
por el lóbulo anterior es la hormona del crecimiento, que favorece
el crecimiento de los músculos y los huesos y contribuye a regular
el metabolismo. Esta hormona puede aumentar bruscamente la entrada de
azúcar a los músculos y al tejido graso, estimular la
producción de proteínas por el hígado y los músculos,
y retardar la producción de tejido adiposo (grasa). Los efectos
más prolongados de la hormona del crecimiento, bloqueando la
captación y el uso de azúcares (lo que aumenta su concentración
en la sangre) e incrementando la producción de grasas (y por
lo tanto, aumentando la concentración de lípidos en la
sangre), parecen contrarrestar sus efectos inmediatos. Estas dos acciones
de la hormona del crecimiento son importantes porque el cuerpo debe
adaptarse a la falta de alimentos durante el periodo de ayuno. Junto
con el cortisol, la hormona del crecimiento contribuye al mantenimiento
de las concentraciones de azúcar en la sangre destinado al cerebro
y moviliza las grasas de forma que estén disponibles para otras
células del organismo, conformando así una fuente alternativa
de energía. En muchos casos, actúa por medio de la activación
de un determinado número de factores de crecimiento, de los cuales
el más importante es el factor I, similar a la insulina (IGF-I).
Funcionamiento de la hipófisis posterior
El lóbulo posterior de la hipófisis
sólo secreta dos hormonas: la hormona antidiurética y
la oxitocina. En realidad, son producidas por células nerviosas
del hipotálamo, que presentan proyecciones (axones) que se extienden
hacia la hipófisis posterior, donde son liberadas las hormonas.
A diferencia de la mayoría de las hormonas hipofisarias, la hormona
antidiurética y la oxitocina no estimulan otras glándulas
endocrinas. Sus variaciones de concentración afectan directamente
a los órganos que regulan.
Hipófisis
Secreción hormonal de la glándula
y su relación con otros órganos.
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La hormona antidiurética o vasopresina promueve
la acumulación de líquidos por parte de los riñones
y contribuye a retener la cantidad adecuada de agua. Cuando un paciente
está deshidratado, existen unos receptores especiales en el corazón,
los pulmones, el cerebro y la aorta que indican a la hipófisis
la necesidad de producir más cantidad de hormona antidiurética.
Las concentraciones en la sangre de los electrólitos, tales como
el sodio, el cloro y el potasio, deben ser mantenidas dentro de un margen
estrecho para que las células puedan funcionar normalmente. Las
concentraciones elevadas de estos elementos, los cuales son percibidos
por el cerebro, estimulan la liberación de esta hormona. El dolor,
el nerviosismo, el ejercicio físico, las concentraciones bajas
de azúcar en la sangre, la angiotensina, las prostaglandinas
y ciertos fármacos, como la clorpropamida, los fármacos
colinérgicos y otros que se emplean para tratar el asma y el
enfisema, también estimulan la liberación de la hormona
antidiurética.
El alcohol, ciertos esteroides y unas pocas sustancias
más, disminuyen la producción de la hormona antidiurética.
La carencia de esta hormona causa la diabetes insípida, un trastorno
en el que los riñones excretan demasiada agua. Por otra parte,
en ocasiones se produce una cantidad excesiva de la hormona antidiurética.
Es lo que se denomina síndrome de secreción inadecuada
de la hormona antidiurética, en el que la concentración
de esta hormona es demasiado alta, y en consecuencia se retiene agua
y desciende la concentración en sangre de algunos electrólitos,
como puede ser el sodio. Este síndrome se manifiesta en personas
con insuficiencia cardíaca y, en casos excepcionales, en las
que padecen determinadas enfermedades del hipotálamo. La hormona
antidiurética se puede producir fuera de la hipófisis,
sobre todo en algunas formas de cáncer pulmonar. Por ello, cuando
se descubren concentraciones elevadas de hormona antidiurética,
no sólo se estudia el funcionamiento de la hipófisis sino
que también se investiga la posibilidad de que exista un cáncer.
La oxitocina contrae el útero durante el
parto e inmediatamente después del mismo para prevenir la hemorragia
excesiva. Así mismo, estimula la contracción de ciertas
células de las mamas que rodean las glándulas mamarias.
El proceso se inicia con la succión del pezón, que estimula
la hipófisis para que libere oxitocina. Las células de
las mamas se contraen y conducen la leche desde su lugar de producción
hacia el pezón.
Síndrome de la silla turca vacía
En el síndrome de la silla turca vacía,
la silla turca (una estructura ósea debajo del cerebro), característicamente
dilatada, aloja la hipófisis, de tamaño normal o más
pequeña.
El síndrome de la silla turca vacía
tiene más incidencia en las mujeres con sobrepeso o con una presión
arterial elevada. Alrededor del 10 por ciento de los pacientes que padecen
este síndrome tienen un aumento de presión del líquido
del interior del cráneo, y aproximadamente el 10 por ciento presenta,
de manera crónica, una salida de líquido por la nariz.
En algunos casos, el paciente tiene un tumor hipofisario pequeño,
casi siempre benigno, que secreta hormona del crecimiento, prolactina
o adrenocorticotropina. Una radiografía simple del cráneo,
una tomografía computadorizada (TC) o las imágenes generadas
por resonancia magnética (RM) pueden revelar la dilatación
de la silla turca.
Por lo general, no es necesario un tratamiento para
este síndrome. Sin embargo, una silla turca dilatada también
puede indicar un ensanchamiento de la hipófisis. Una TC o una
RM pueden ser útiles para distinguir el síndrome de la
silla turca vacía de otras causas de dilatación de la
misma. Por ejemplo, un tumor maligno o benigno (adenoma) puede agrandar
la hipófisis, afectando a dicha glándula o el hipotálamo.
El aumento de tamaño de la hipófisis puede producir síntomas,
como dolores de cabeza, y en vista de que la glándula presiona
sobre el nervio óptico se puede producir también una pérdida
de la visión. Inicialmente sólo se afecta la parte externa
de los campos visuales de ambos ojos.
Hipofunción hipofisaria
La hipofunción hipofisaria (una hipófisis
menos eficaz) se define como una pérdida parcial o completa de
las funciones del lóbulo anterior.
Dado que la hipofunción hipofisaria afecta
al funcionamiento de las glándulas endocrinas estimuladas por
las hormonas de la hipófisis anterior, los síntomas varían
según cuáles sean las hormonas deficientes. Aunque en
casos excepcionales los síntomas comienzan de forma repentina
y de modo dramático, por lo general se inician gradualmente y
pasan inadvertidos durante un largo período de tiempo.
La
deficiencia incluye a una, a varias o a todas las hormonas producidas
por la hipófisis anterior. Las concentraciones de gonadotropinas
(hormona luteinizante y hormona foliculoestimulante) inferiores a las
normales en las mujeres premenopáusicas, causan la interrupción
de los períodos menstruales (amenorrea), infertilidad, sequedad
vaginal y pérdida de algunas características sexuales
femeninas. En los varones, las deficiencias de gonadotropinas provocan
impotencia, disminución de tamaño (atrofia) de los testículos,
disminución de la producción de esperma, con la consecuente
infertilidad y la pérdida de algunas características sexuales
masculinas, como el crecimiento del vello facial y corporal. Las deficiencias
de gonadotropinas también se presentan en los pacientes con el
síndrome de Kallmann, en los que se observan también labio
leporino o fisura del paladar, daltonismo e incapacidad de discernir
olores.
La deficiencia de hormona del crecimiento generalmente
produce pocos o ningún síntoma en los adultos. En los
niños, reduce la velocidad del crecimiento y algunas veces causa
enanismo. La deficiencia de la hormona estimulante del tiroides produce
hipotiroidismo o una disminución de la actividad de la glándula
tiroides, lo cual se manifiesta en síntomas como confusión,
intolerancia al frío, aumento de peso, estreñimiento y
sequedad de la piel. La deficiencia aislada de adrenocorticotropina
es poco frecuente, y provoca una menor actividad de las glándulas
suprarrenales. El resultado es agotamiento, presión arterial
baja, concentración de azúcar en la sangre disminuida
y escasa tolerancia al estrés (por ejemplo a un traumatismo grave,
cirugía o infección).
Una deficiencia aislada de prolactina es una situación
rara, pero explica por qué algunas mujeres no son capaces de
producir leche después de un parto. El síndrome de Sheehan,
también infrecuente, es el resultado de una pérdida excesiva
de sangre y del shock durante el parto, que puede destruir parcialmente
la hipófisis. Se caracteriza por agotamiento, pérdida
del vello púbico y de las axilas e incapacidad para producir
leche.
Diagnóstico
Dado que la hipófisis estimula otras glándulas,
una deficiencia de las hormonas hipofisarias reduce la cantidad de hormonas
producidas por estas otras glándulas. Por esta razón,
se debe considerar la posibilidad de una alteración fisiológica
hipofisaria cuando se investiga una deficiencia en otra glándula,
como el tiroides o las glándulas suprarrenales. Cuando los síntomas
sugieren un funcionamiento incorrecto de varias glándulas, el
médico sospecha que se trata de un caso de hipofunción
hipofisaria o de un síndrome de deficiencia poliglandular.
La hipófisis se examina mediante una tomografía
computadorizada (TC) o con las imágenes generadas por resonancia
magnética (RM), que servirán para identificar anomalías
estructurales; los análisis de sangre se utilizan para medir
las concentraciones hormonales en sangre. Los registros de alta resolución
de TC o RM ponen de manifiesto determinadas zonas (localizadas) de crecimiento
de tejido anómalo, así como la dilatación o la
disminución de la hipófisis. Los vasos sanguíneos
que alimentan la hipófisis se examinan mediante una angiografía.
En el futuro, la tomografía por emisión de positrones
suministrará una información aún más completa
sobre el funcionamiento de la hipófisis.
| Tumor en la hipófisis anterior |
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La producción de la hormona del crecimiento
es difícil de evaluar. Las pruebas no aportan mediciones fiables
porque el organismo secreta la hormona del crecimiento de forma intermitente
durante el día y, sobre todo, durante el sueño. Por lo
tanto, el valor sanguíneo en un momento dado no indica si la
producción es normal o no. A menudo es útil medir en la
sangre los valores del factor de crecimiento I similar a la insulina
(IGF-I), porque cambian lentamente en proporción a la cantidad
total de hormona de crecimiento que secreta la hipófisis. De
todas maneras, la deficiencia parcial de la hormona del crecimiento
es particularmente difícil de evaluar. Además, los valores
de esta hormona son bajos cuando disminuyen las funciones del tiroides
o de las glándulas suprarrenales.
Dado que los valores de la hormona luteinizante
y de la foliculoestimulante fluctúan con el ciclo menstrual,
su medición en las mujeres es difícil de interpretar.
Sin embargo, en las mujeres que están en
el periodo posterior a la menopausia y que no siguen un tratamiento
con estrógenos, los valores de la concentración de estas
hormonas son normalmente altos. En los varones, dichos valores no acusan
demasiadas fluctuaciones.
Algunos trastornos pueden inhibir temporalmente
la hipófisis y por lo tanto semejar una hipofunción hipofisaria.
La inanición prolongada, por ejemplo, como ocurre en la anorexia
nerviosa, es una de las causas del funcionamiento deficiente de la hipófisis.
Los pacientes que muestran síntomas de cirrosis hepática
después de haber abusado del alcohol durante años, desarrollan
síntomas semejantes a los de la hipofunción hipofisaria,
como aumento del tamaño de las mamas, atrofia de los testículos,
alteraciones de la piel y aumento de peso. Un tumor hipofisario que
secreta prolactina es una causa frecuente de reducción de la
secreción de las hormonas luteinizante y foliculoestimulante.
A medida que el tumor crece, puede destruir la hipófisis por
la presión que ejerce y, en consecuencia, disminuir la producción
de la hormona del crecimiento, la hormona estimulante del tiroides y
la adrenocorticotropina.
Tratamiento
El objetivo del tratamiento es la sustitución
de las hormonas diana deficientes (que dependen de la hipófisis),
más que la sustitución de la hormona hipofisaria deficiente.
Por ejemplo, a los pacientes con deficiencia de la hormona estimulante
del tiroides se les proporciona hormona tiroidea, a los afectados de
deficiencia de adrenocorticotropina se les administran hormonas adrenocorticales
y a los que padecen deficiencia en las hormonas luteinizante y foliculoestimulante
se les suministran estrógenos, progesterona o testosterona. La
hormona del crecimiento puede administrarse a los niños, pero
los adultos, en general, no necesitan suplir su carencia.
Cualquier tumor hipofisario que sea responsable
de la hipofunción hipofisaria debe recibir un tratamiento adecuado.
Si el tumor es pequeño y no secreta prolactina, la extirpación
quirúrgica a través de la nariz es el tratamiento de elección
en la mayoría de los casos. Los tumores que producen prolactina
se tratan administrando bromocriptina. Para destruirlos también
se utiliza la irradiación de la hipófisis con supervoltaje
o con haces de protones. Algunos tumores grandes y los que se extienden
más allá de la silla turca son imposibles de eliminar
con la cirugía solamente; por ello, los médicos usan irradiación
con supervoltaje después de la cirugía para eliminar las
células restantes del tumor. La irradiación de la hipófisis
suele reducir lentamente su funcionamiento, ya sea de forma parcial
o completa. Por lo tanto, en general, se efectuará una evaluación
de las glándulas controladas por la hipófisis cada 3 a
6 meses durante el primer año y después, anualmente.
Acromegalia
La acromegalia se define como un crecimiento desmesurado
causado por un exceso de secreción de la hormona del crecimiento.
La hipersecreción de la hormona del crecimiento,
casi siempre causada por un tumor benigno hipofisario (adenoma), produce
alteraciones en muchos tejidos y órganos. Por ejemplo, muchos
órganos internos se ensanchan, incluyendo el corazón,
el hígado, los riñones, el bazo, el tiroides, las paratiroides
y el páncreas. Ciertos tumores poco frecuentes del páncreas
y de los pulmones también causan una producción excesiva
de sustancias similares a la hormona del crecimiento, con consecuencias
semejantes.
Facies de una paciente con acromegalia
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Síntomas
En la mayoría de los casos, la secreción
excesiva de la hormona del crecimiento comienza a una edad que oscila
entre los 30 y los 50 años, es decir, cuando las superficies
de crecimiento (cartílagos de crecimiento) de los huesos ya se
han cerrado hace mucho tiempo. Por lo tanto, los huesos se deforman
en vez de alargarse. Los rasgos faciales de la persona se vuelven toscos
y las manos y los pies se hinchan y, por consiguiente, necesitarán
anillos, guantes, zapatos y sombreros más grandes. Dado que estas
alteraciones aparecen lentamente, pasan inadvertidas durante años.
El vello corporal de tipo áspero aumenta, la piel se hace más
gruesa y con frecuencia se oscurece. Las glándulas sebáceas
y sudoríparas de la piel se agrandan, produciendo una transpiración
excesiva y a menudo el olor corporal se torna desagradable.
Por otra parte, el crecimiento del hueso maxilar
provoca que la mandíbula se vuelva protuberante (prognatismo).
El cartílago del aparato fónico (laringe) aumenta de tamaño
y en consecuencia, la voz será más profunda y ronca. La
lengua puede también agrandarse y volverse muy arrugada. Las
costillas se vuelven más gruesas y dan al pecho una apariencia
de barril.
El dolor articular es un síntoma frecuente;
al cabo de muchos años puede producir una artrosis invalidante.
El corazón se dilata y su función puede verse afectada
e incluso manifestarse una insuficiencia cardíaca. Algunas veces
el paciente se siente extraño y con debilidad en los brazos y
las piernas, dado que los tejidos engrosados comprimen los nervios.
Los nervios portadores de mensajes desde los ojos al cerebro también
se comprimen, lo que causará pérdida de la visión,
sobre todo en los campos visuales externos. Por último, el tumor
hipofisario puede causar también dolores de cabeza agudos
Casi todas las mujeres que padecen de acromegalia
tienen ciclos menstruales irregulares; algunas mujeres producen leche
aun cuando no están amamantando (galactorrea), debido a la excesiva
cantidad de hormona del crecimiento o a un aumento simultáneo
de la prolactina. Es de resaltar que alrededor de un tercio de los varones
que padecen de acromegalia sufren de impotencia.
En casos muy raros, la hipersecreción de
la hormona del crecimiento comienza en la infancia, antes de que los
cartílagos de crecimiento de los huesos largos se hayan cerrado.
Dado que los huesos continúan su crecimiento hasta que sus cartílagos
de crecimiento (que se encuentran en los extremos de los huesos largos)
se cierran, esta situación conduce a un crecimiento óseo
exagerado y a una altura anormal (gigantismo hipofisario). Si bien estos
niños tienen un crecimiento acelerado, sus huesos no se deforman.
Sin embargo, los tejidos blandos alrededor del hueso se hinchan y algunos
nervios se dilatan. Puede existir también un retraso en la aparición
de la pubertad y un desarrollo incompleto de los genitales.
Diagnóstico
Como las alteraciones inducidas por los valores
elevados de la hormona del crecimiento se producen lentamente, es habitual
que la acromegalia se diagnostique muchos años después
de la manifestación de los primeros síntomas. Las fotografías
en serie (tomadas durante un largo periodo de tiempo) facilitan el diagnóstico.
Una radiografía del cráneo puede mostrar el engrosamiento
de los huesos, la dilatación de los senos nasales y el ensanchamiento
o la erosión de la silla turca (estructura ósea que circunda
la hipófisis). Así mismo, las radiografías de las
manos revelan el engrosamiento de los huesos debajo de las yemas y la
hinchazón de los tejidos alrededor de estos huesos. Los análisis
de sangre también pueden ser útiles, dado que en muchas
personas que padecen acromegalia se observan concentraciones elevadas
de azúcar en la sangre.
La presencia de estos síntomas sugiere el
diagnóstico de acromegalia, y un valor elevado de la hormona
del crecimiento o del factor de crecimiento I similar a la insulina
(GH-I) en un análisis de sangre confirmará el diagnóstico
preliminar. Si el resultado del análisis de sangre no es concluyente,
se administrará al individuo afectado una gran cantidad de azúcar
para comprobar si se reduce la concentración de hormona del crecimiento,
lo que debería suceder si el paciente no padece de acromegalia.
Ambos valores, el del azúcar y el de la hormona del crecimiento,
permanecen altos en los pacientes con acromegalia.
Tratamiento
Para interrumpir o reducir la secreción excesiva
de hormona del crecimiento, se extirpa o se destruye el tumor mediante
cirugía o radioterapia. Esta última implica el uso de
irradiación con supervoltaje, que es mucho menos traumática
que la cirugía y generalmente no afecta a la producción
de otras hormonas de la hipófisis. Sin embargo, este tratamiento
puede retrasar durante varios años el retorno de los valores
de la hormona del crecimiento a niveles normales. Se están experimentando
otras formas de radioterapia en un intento de acelerar los resultados.
La reducción de los valores de la hormona
del crecimiento no es fácil, incluso con el uso combinado de
ambos métodos, es decir, cirugía y radioterapia. El tratamiento
farmacológico mediante la administración de octreótido
o bromocriptina puede también resultar de utilidad.
Galactorrea
La galactorrea se define como la producción
de leche por las mamas en las mujeres que no están en periodo
de lactancia, o en los hombres.
En ambos sexos, la causa más frecuente de
galactorrea es un tumor en la hipófisis que produce prolactina
(prolactinoma). Por lo general, los prolactinomas son muy pequeños
cuando se diagnostican por primera vez. Por otra parte, tienden a aumentar
de tamaño más en los varones que en las mujeres. Los fármacos,
tales como las fenotiacinas, algunos de los suministrados para tratar
la hipertensión (sobre todo la metildopa) y los narcóticos,
incrementan la producción de prolactina y, en consecuencia, causan
galactorrea. El hipotiroidismo (disminución de la función
del tiroides) también puede provocar este trastorno.
Síntomas
Si bien la producción de leche por las glándulas
mamarias puede ser el único síntoma de un prolactinoma,
muchas mujeres dejan de menstruar o empiezan a tener períodos
menstruales anómalos. Las mujeres con prolactinomas empiezan
a sufrir oleadas de calor y sequedad vaginal, lo cual causa molestias
durante una relación sexual. Los varones típicamente padecen
dolores de cabeza o pierden la visión periférica. Alrededor
de dos tercios de los varones pierden el interés por el sexo
y se vuelven impotentes.
Diagnóstico
Para determinar la causa de una producción
anómala de leche, se utiliza una combinación de análisis
de sangre y tomografía computadorizada (TC) o resonancia magnética
(RM). Los signos de la deficiencia de estrógenos son obvios en
un examen físico, mientras que los valores de la prolactina y
otras hormonas, como la luteinizante y la foliculoestimulante, requieren
un análisis de sangre. Las exploraciones con TC o RM pueden revelar
pequeños prolactinomas y, si el tumor es grande, el oftalmólogo
efectúa exploraciones de los campos visuales para detectar defectos
de la visión.
Tratamiento
Los prolactinomas son tratados mediante técnicas
diversas. Cuando la concentración de prolactina en la sangre
de un paciente es muy alta y la exploración con TC o RM detectan
únicamente un pequeño tumor hipofisario o nada en absoluto,
el médico puede prescribir la administración de bromocriptina
o incluso no recomendar ningún tratamiento. En las mujeres, la
bromocriptina tiene la ventaja de que incrementa los valores de estrógenos
(a menudo bajos en las que presentan valores elevados de prolactina),
lo que las protege de desarrollar una posible osteoporosis. La bromocriptina
debe recomendarse a las pacientes con prolactinomas que deseen quedar
embarazadas, además de que también contribuye a interrumpir
el flujo de leche. Se prescribirán estrógenos o anticonceptivos
orales que contengan estrógenos a las mujeres con pequeños
prolactinomas, ya que no existen evidencias de que los estrógenos
provoquen una aceleración anormal del crecimiento de los tumores
pequeños. La mayoría de los expertos recomienda una exploración
anual con TC o RM, como mínimo durante 2 años, para asegurarse
de que el tumor no crezca demasiado.
Los médicos tratan generalmente a los pacientes
que presentan tumores grandes (macroadenomas) con bromocriptina o cirugía,
después de haber efectuado un estudio del sistema endocrino.
El tratamiento se coordina con un endocrinólogo, un neurocirujano
y un radioterapeuta. Si la bromocriptina disminuye la concentración
de prolactina y los síntomas desaparecen, la cirugía es,
con frecuencia, innecesaria. No obstante, cuando se requiere la cirugía,
la administración de bromocriptina puede reducir el tumor antes
de la operación. A pesar de que la intervención quirúrgica
inicialmente normaliza la concentración en sangre de prolactina,
la mayoría de los prolactinomas reaparece. La radioterapia sólo
se utiliza cuando los síntomas se agravan y el tumor crece a
pesar del tratamiento con bromocriptina. Las concentraciones de otras
hormonas de la hipófisis pueden disminuir durante varios años
después de aplicar la radioterapia.
Diabetes insípida
La diabetes insípida es un trastorno en el
que los valores insuficientes de hormona antidiurética causan
una sed excesiva (polidipsia) y una producción exagerada de orina
muy diluida (poliuria).
La diabetes insípida es el resultado de un
déficit de la hormona antidiurética (vasopresina), que
es la encargada de limitar la producción excesiva de orina. Lo
singular de esta hormona es que el hipotálamo la produce y luego
es almacenada hasta ser liberada en el flujo sanguíneo por la
hipófisis posterior. El trastorno puede también aparecer
cuando una concentración de hormona antidiurética normal
está combinada con una respuesta anormal de los riñones
a la hormona, una afección denominada diabetes insípida
nefrógena.
Causas
La diabetes insípida puede ser consecuencia
de un mal funcionamiento del hipotálamo que da como resultado
una escasa producción de hormona antidiurética. Otras
posibilidades son que la hipófisis sea incapaz de liberar la
hormona en el flujo sanguíneo, lesiones producidas durante una
intervención quirúrgica del hipotálamo o de la
hipófisis, una lesión cerebral (particularmente una fractura
de la base del cráneo), un tumor, la sarcoidosis o la tuberculosis,
un aneurisma o una obstrucción de las arterias que van al cerebro,
ciertas formas de encefalitis o meningitis, y una rara enfermedad denominada
histiocitosis X (enfermedad de Hand-Schüller-Christian).
En algunos casos excepcionales, un paciente tiene
síntomas psicológicos de sed exagerada, con lo que consume
un gran volumen de líquidos y presenta una emisión excesiva
de orina. Estos síntomas se asemejan a los de la diabetes insípida,
con la excepción de que el sujeto, por lo general, no se despierta
durante la noche para orinar. A medida que pasa el tiempo, el consumo
exagerado de líquidos disminuye la sensibilidad a la hormona
antidiurética.
Síntomas
La diabetes insípida puede comenzar de forma
gradual o brusca a cualquier edad. Habitualmente, los únicos
síntomas son la sed exagerada y la excesiva producción
de orina. Un paciente puede beber enormes cantidades de líquido
(de 4 a 40 litros al día) para compensar las pérdidas
que se producen en la orina. Cuando esta compensación no es posible,
puede producirse rápidamente deshidratación y, en consecuencia,
disminución de la presión arterial y shock. La persona
afectada continúa orinando en grandes cantidades y con frecuencia
durante la noche.
Diagnóstico
Los médicos sospechan la existencia de diabetes
insípida en los pacientes que producen grandes cantidades de
orina. En primer lugar, controlan la cantidad de azúcar en la
orina para descartar que se trate de un caso de diabetes mellitus. Un
análisis de sangre mostrará concentraciones anómalas
de muchos electrólitos.
La prueba de restricción de agua es la más
simple y la más fiable para determinar la existencia de diabetes
insípida. Dado que no le está permitido al paciente beber
líquidos durante la prueba y que podría producirse una
deshidratación grave, la prueba debe efectuarse bajo vigilancia
médica. La producción de orina, las concentraciones electrolíticas
(sodio) en la sangre y el peso se miden regularmente durante varias
horas. Tan pronto como la presión arterial se reduce, o la frecuencia
cardíaca aumenta, o se pierde más del 5 por ciento del
peso corporal, se interrumpe la prueba y se suministra una inyección
de hormona antidiurética. El diagnóstico de diabetes insípida
se confirma si, en respuesta a la hormona antidiurética, la micción
se detiene, la presión arterial aumenta y el corazón late
de forma más normal.
Tratamiento
Siempre que sea posible, debe ser tratada la causa
subyacente de la diabetes insípida. Se suministrará vasopresina
o acetato desmopresina, formas modificadas de la hormona antidiurética,
con un vaporizador nasal varias veces al día, para mantener una
producción normal de orina. Sin embargo, la administración
excesiva de estos fármacos provoca retención de líquidos,
hinchazón y otros trastornos. A los pacientes con diabetes insípida
que estén siendo sometidos a una intervención quirúrgica
o que estén inconscientes, generalmente se les inyecta hormona
antidiurética.
A veces, la diabetes insípida se puede controlar
con fármacos que estimulen la producción de hormona antidiurética,
tales como la clorpropamida, la carbamazepina, el clofibrato y varios
diuréticos (tiacidas). Estos fármacos no son adecuados
para aliviar completamente los síntomas en pacientes con diabetes
insípida grave.