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TRASTORNOS DEL RIÑON Y DE LAS VIAS URINARIAS
CAPITULO 131
Lesiones de las vías urinarias
Las vías urinarias (riñones,
uréteres, vejiga y uretra) se pueden lesionar por heridas penetrantes,
golpes, radioterapia o cirugía. Los síntomas más
frecuentes son sangre en la orina, disminución de la micción
y dolor. Dichas lesiones pueden causar dolor, tumefacción, hematomas
y, si son lo suficientemente graves, una presión arterial peligrosamente
baja (shock). Debido a que los desechos metabólicos deben ser
constantemente retirados de la sangre por los riñones y eliminados
del cuerpo a través del resto de las vías urinarias, cualquier
lesión que interfiere con este proceso puede ser mortal. La prevención
de las lesiones permanentes de las vías urinarias e, incluso
de la muerte, puede depender de un diagnóstico precoz y un tratamiento
inmediato.
Lesiones del riñón
Un golpe externo es la causa más habitual
de las lesiones de los riñones, producidas por los accidentes
de tráfico, caídas o lesiones deportivas. Las lesiones
penetrantes del riñón pueden ser el resultado de disparos
o heridas punzantes. Los daños son muy variados. Las lesiones
menores pueden dar como resultado pequeñas cantidades de sangre
en la orina detectables sólo con un examen microscópico,
mientras que las lesiones mayores tienen más probabilidad de
producir sangre visible en la orina. Cuando el riñón se
lesiona gravemente (una situación denominada estallido renal),
la hemorragia puede ser grave y filtrarse orina en los tejidos circundantes.
Cuando el riñón se desgarra de su base (pedículo
renal), que contiene la arteria y la vena renal, se puede producir una
hemorragia en gran escala, shock y la muerte. La lesión provocada
por una litotripsia extracorpórea con ondas de shock (un procedimiento
frecuentemente utilizado para deshacer los cálculos renales)
puede hacer que aparezca un poco de sangre en la orina de forma transitoria;
en general es de escasa importancia y la lesión se cura sin necesidad
de tratamiento.
Lesiones del riñón
La gravedad de las lesiones del riñón
varía ampliamente. Una lesión puede ser leve,
dando como resultado sólo la contusión del riñón.
Con una lesión más grave el mismo puede ser lacerado,
y la orina puede derramarse en el tejido circundante.
Si el riñón está desgarrado de su tallo
(pedículo renal), la hemorragia puede ser abundante,
dando como resultado un shock o la muerte. La sangre en la orina
podría acompañar a alguna de estas lesiones.
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| Contusión |
Laceración |
Lesión del pedículo |
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Los exámenes con rayos X de los riñones
y del resto de vías urinarias, como la urografía endovenosa
con tomografía computadorizada (TC), pueden determinar con precisión
la ubicación y la extensión de la lesión. En algunos
casos, se pueden necesitar estudios de imagen más extensos.
El tratamiento comienza con medidas para controlar
la pérdida de sangre e impedir el shock. Se administran líquidos
por vía endovenosa para normalizar la presión arterial
y estimular la producción de orina. Cuando es necesario, se pueden
realizar estudios apropiados con rayos X para caracterizar la lesión.
Para las lesiones del riñón menores, como las causadas
por la litotripsia extracorpórea con ondas de choque, el control
minucioso del consumo de líquidos y el reposo total son, con
frecuencia, el único tratamiento necesario. Las lesiones mayores
que provocan una hemorragia incontrolable o el derrame de grandes cantidades
de orina hacia los tejidos circundantes suelen requerir reparación
quirúrgica.
Si el suministro de sangre al riñón
es insuficiente, el tejido renal normal, que debe ser alimentado con
sangre para sobrevivir, puede morir y ser reemplazado por tejido cicatricial.
Dichas lesiones pueden conducir a una hipertensión arterial que
se manifiesta semanas o meses después de una lesión renal.
En general, la mayoría de las lesiones del riñón
tienen un buen pronóstico si se diagnostican y tratan inmediatamente.
Lesiones ureterales
La mayor parte de las lesiones de los uréteres
(los tubos que van desde los riñones a la vejiga) se origina
durante las operaciones pélvicas o abdominales, como una histerectomía,
una resección del colon o una ureteroscopia (examen de los uréteres
con un tubo de fibra óptica). Frecuentemente, dichas lesiones
no se descubren hasta que disminuye la micción o se escapa orina
por la herida. Los síntomas, por lo general, no son específicos
y pueden incluir dolor o fiebre.
Las otras causas de lesión ureteral comprenden
las lesiones penetrantes, por lo general, heridas por disparos. Una
lesión ureteral provocada por un golpe no es frecuente. En situaciones
especiales, lesiones contundentes, en particular las que hacen que el
tronco se curve hacia atrás, pueden separar la parte superior
del uréter del riñón. Las pruebas de diagnóstico
más útiles son la urografía endovenosa, la tomografía
computadorizada y, cuando es necesario, la urografía retrógrada.
En la urografía retrógrada, se hacen radiografías
después de inyectar directamente en el uréter una sustancia
radiopaca, visible a los rayos X, que dibuja toda su trayectoria.
Si un uréter se lesiona accidentalmente durante
la cirugía, se puede necesitar otra operación para repararlo.
Un cirujano urólogo puede reconectar el uréter ya sea
a sí mismo o bien a otra parte de la vejiga. Para las lesiones
menos importantes, la introducción de una sonda en el interior
del uréter, que se deja allí durante 2 a 6 semanas, puede
solucionar el problema y así evitar un nuevo acto quirúrgico.
Las lesiones ureterales penetrantes, causadas por armas de fuego o armas
blancas, se tratan mejor quirúrgicamente.
Lesiones de la vejiga
Golpes fuertes contra la pelvis que comportan fracturas,
frecuentes en los accidentes de tráfico, pueden hacer que la
vejiga se rompa. Las heridas penetrantes, generalmente causadas por
armas de fuego, pueden también lesionarla. Los principales síntomas
son la presencia de sangre en la orina o la dificultad para orinar.
El diagnóstico puede establecerse mejor mediante una cistografía,
un examen en el cual una sustancia radiopaca, visible a los rayos X,
se inyecta dentro de la vejiga para luego hacer radiografías
en busca de fugas de orina.
Los pequeños goteos (por laceraciones) pueden
tratarse introduciendo una sonda en la uretra durante 7 a 10 días,
con el fin de drenar la orina, mientras la vejiga se cura por sí
misma. Para lesiones más graves, se suele realizar un acto quirúrgico
para determinar el grado de la lesión y reparar los posibles
desgarros. La orina es entonces retirada de la vejiga más eficazmente
utilizando dos sondas, una insertada a través de la uretra (sonda
transuretral) y otra introducida directamente en la vejiga a través
del abdomen inferior (catéter suprapúbico). Ambos se retiran
al cabo de 7 a 10 días o una vez que la vejiga haya curado satisfactoriamente.
Lesiones de la uretra
Las causas más frecuentes de lesiones importantes
en la uretra son las fracturas pélvicas y las lesiones a
horcajada (entre las piernas) en los varones. Las intervenciones
quirúrgicas directas en la uretra o las maniobras durante las
cuales se pasan instrumentos por su interior, pueden también
dañarla, aunque estas lesiones tienden a ser relativamente menores.
Los síntomas comprenden: sangre en la punta del pene, orina con
sangre e incapacidad de orinar. En algunos casos, la orina se filtra
hacia los tejidos de la pared abdominal, del escroto o del perineo (área
entre el ano y la vulva, o entre el ano y el escroto). El estrechamiento
(estenosis) de la uretra en la zona herida es una complicación
frecuente que puede desarrollarse con posterioridad. Estas lesiones
pueden provocar impotencia debido a la lesión ocasionada a las
arterias y los nervios del pene. El diagnóstico de una lesión
se basa en una uretrografía retrógrada (radiografía
realizada después de que una sustancia radiopaca se introduce
directamente por la uretra).
Para el tratamiento de contusiones leves en la uretra,
se introduce una sonda a través de la misma hasta la vejiga y
se deja durante varios días para que la orina pueda salir mientras
la uretra se recompone. Para todas las demás lesiones, debe evitarse
el paso de la orina por la uretra utilizando una sonda situada directamente
dentro de la vejiga. Si se desarrolla una estenosis uretral, puede ser
tratada quirúrgicamente.