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TRASTORNOS DEL RIÑON Y DE LAS VIAS URINARIAS
CAPITULO 122
Funcionamiento de los riñones y de las
vías urinarias
Normalmente, se poseen dos riñones.
Cada riñón tiene un uréter que conduce la orina
desde la zona de recolección central de los riñones (pelvis
renal) hacia la vejiga. Desde allí, la orina sale por la uretra
hacia el exterior del cuerpo, a través del pene en los varones
y de la vulva en las mujeres.
La función principal de los riñones
es filtrar los productos metabólicos de desecho y el exceso de
sodio y de agua de la sangre, así como facilitar su eliminación
del organismo; también ayudan a regular la presión arterial
y la producción de glóbulos rojos.
Cada riñón contiene alrededor de un
millón de unidades encargadas de la filtración (nefronas).
Una nefrona está constituida por una estructura redonda y hueca
(cápsula de Bowman), que contiene una red de vasos sanguíneos
(el glomérulo). Estas dos estructuras conforman lo que se denomina
un corpúsculo renal.
La sangre penetra en el glomérulo a presión
elevada. Gran parte de la fracción líquida de la sangre
se filtra a través de pequeños poros situados en las paredes
de los vasos sanguíneos del glomérulo y también
por la capa interna de la cápsula de Bowman; las células
sanguíneas y las moléculas más grandes, como las
proteínas, no se filtran. El líquido filtrado, depurado,
penetra en el espacio de Bowman (la zona que se encuentra entre las
capas interna y externa de la cápsula de Bowman) y pasa por el
tubo que sale de la misma. En la primera parte del tubo (túbulo
contorneado proximal), se resorben la mayor parte del sodio, agua, glucosa
y otras sustancias filtradas, las cuales, posteriormente, se reincorporan
a la sangre. El riñón también utiliza energía
para transportar selectivamente unas cuantas moléculas de gran
tamaño (incluyendo fármacos como la penicilina, pero no
las proteínas) y llevarlas hacia el interior del túbulo.
Estas moléculas se excretan en la orina aunque sean demasiado
grandes para pasar a través de los poros del filtro glomerular.
La parte siguiente de la nefrona es el asa de Henle. A medida que el
líquido pasa a través del asa, el sodio y varios otros
electrólitos son bombeados hacia el interior del riñón
y el restante queda cada vez más diluido. Este líquido
diluido pasa a la siguiente parte de la nefrona (el túbulo contorneado
distal), donde se bombea más sodio hacia dentro, a cambio del
potasio, que pasa al interior del túbulo.
El líquido proveniente de varios nefronas
pasa al interior del llamado tubo colector. En los tubos colectores,
el líquido puede seguir a través del riñón
en forma de orina diluida, o el agua de ésta puede ser absorbida
y devuelta a la sangre, haciendo que la orina sea más concentrada.
Mediante las hormonas que influyen la función renal, el organismo
controla la concentración de orina según sus necesidades
de agua.
| Vista del
tracto urinario |
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La orina formada en los riñones fluye por
los uréteres hacia el interior de la vejiga, pero no lo hace
pasivamente como el agua a través de una tubería. Los
uréteres son tubos musculares que conducen cada pequeña
cantidad de orina mediante ondas de contracción. En la vejiga,
cada uréter pasa a través de un esfínter, una estructura
muscular de forma circular que se abre para dejar paso a la orina y
luego se va estrechando hasta cerrarse herméticamente, como el
diafragma de una cámara fotográfica.
La orina se va acumulando en la vejiga a medida
que llega con regularidad por cada uréter. La vejiga, que se
puede dilatar, aumenta gradualmente su tamaño para adaptarse
al incremento del volumen de orina y cuando finalmente se llena, envía
señales nerviosas al cerebro que transmiten la necesidad de orinar.
Durante la micción, otro esfínter,
ubicado entre la vejiga y la uretra (a la salida de la vejiga), se abre,
dejando fluir la orina. Simultáneamente, la pared de la vejiga
se contrae, creando una presión que fuerza la orina a salir por
la uretra. La contracción de los músculos de la pared
abdominal añade una presión adicional. Los esfínteres,
a través de los cuales los uréteres entran en la vejiga,
permanecen herméticamente cerrados para impedir que la orina
refluya hacia los uréteres.
Síntomas de los trastornos del riñón
y de las vías urinarias
Los síntomas causados por los trastornos
del riñón y de las vías urinarias varían
de acuerdo con cada tipo de trastorno y con la parte del sistema afectado.
La fiebre y la sensación de malestar generalizado
son síntomas frecuentes, aunque la infección de la vejiga
(cistitis) casi nunca cause fiebre. La infección bacteriana del
riñón (pielonefritis) generalmente provoca fiebre elevada.
Ocasionalmente, el cáncer de riñón causa fiebre.
La mayoría de las personas orina aproximadamente
cuatro a seis veces diarias, principalmente durante el día. La
micción frecuente sin incremento del volumen diario de orina,
es un síntoma de infección vesical o de algo que causa
su irritación, como un cuerpo extraño, un cálculo
o un tumor. Este último u otra masa que presione la vejiga también
puede provocar una micción frecuente. La irritación de
la vejiga puede provocar dolor al orinar (disuria) y una necesidad compulsiva
de miccionar (urgencia), que puede sentirse como una tensión
dolorosa casi constante (tenesmo). Por lo general, la cantidad de orina
que se elimina es poca, pero si una persona no orina de inmediato puede
perder el control de la vejiga.
La micción nocturna frecuente (nicturia) puede
manifestarse en las etapas iniciales de una enfermedad renal, aunque
la causa puede ser simplemente que se beba un gran volumen de líquidos
antes de acostarse, especialmente alcohol, café o té.
Durante la noche se puede sentir la necesidad de orinar con frecuencia,
debido a que los riñones no concentran bien la orina. También
es habitual la micción frecuente por la noche en las personas
que sufren de insuficiencia cardíaca, insuficiencia hepática
o diabetes, aunque no padezcan una enfermedad de las vías urinarias.
Orinar pequeñas cantidades repetidas veces durante la noche puede
producirse cuando la orina se devuelve a la vejiga porque su salida
se encuentra obstruida. En los varones mayores, la causa más
frecuente es el aumento del tamaño de la próstata.
Orinarse en la cama (enuresis) es normal durante
los 2 o 3 primeros años de vida. A partir de esta edad, puede
ser indicativo de un problema tal como una maduración retardada
de los músculos y de los nervios de las vías urinarias
inferiores, una infección, un estrechamiento de la uretra o un
control inadecuado de los nervios de la vejiga urinaria (vejiga neurogénica).
Con frecuencia el problema es de tipo genético y algunas veces
psicológico.
Los síntomas más frecuentes de una
obstrucción de la uretra son: la dificultad para iniciar la micción,
la necesidad de esforzarse, un chorro débil e irregular de orina
y el goteo al final de la micción. En los varones es muy frecuente
que estos síntomas sean provocados por una próstata aumentada
de tamaño y, con menos frecuencia, por un estrechamiento (estenosis)
de la uretra. En un niño, síntomas similares pueden significar
que nació con una uretra estrecha o que la estrechez esté
localizada en el orificio externo. Este orificio puede también
ser anormalmente estrecho en las mujeres.
Una gran variedad de afecciones pueden causar una
pérdida incontrolada de orina (incontinencia). La orina se puede
escapar cuando una mujer con un cistocele (una herniación de
la vejiga en la vagina) tose, se ríe, corre o se levanta . En
general, la causa de un cistocele se debe al estiramiento y al debilitamiento
de los músculos pélvicos durante el parto. También
puede ser el resultado de las alteraciones que se producen cuando el
nivel de estrógenos disminuye tras la menopausia. La obstrucción
de la salida de la orina de la vejiga puede causar incontinencia cuando
la presión interior de la vejiga excede la fuerza de la obstrucción;
sin embargo, en estas condiciones la vejiga no se vacía completamente.
La presencia de aire en la orina, un síntoma
poco frecuente, indica por lo general una conexión anómala
(fístula) entre las vías urinarias y el intestino. Una
fístula puede ser una complicación de una diverticulitis,
de otros tipos de inflamación intestinal, de un absceso o de
un cáncer. Una fístula entre la vejiga y la vagina también
puede hacer que el gas (aire) vaya hacia la orina. En raras ocasiones,
las bacterias presentes en la orina pueden producir gas.
Generalmente, los adultos producen alrededor de
3 tazas a 2 litros de orina al día. Numerosas formas de enfermedades
de los riñones dañan su capacidad para concentrar la orina,
en cuyo caso la producción diaria de orina puede exceder los
2 litros y medio. La emisión de grandes cantidades de orina por
lo general es la consecuencia de una concentración elevada de
glucosa (azúcar) en la sangre, de una baja concentración
de hormona antidiurética producida por la hipófisis (diabetes
insípida) o de una falta de respuesta por parte de los riñones
a la hormona antidiurética (diabetes insípida nefrogénica).
La producción diaria de orina se puede reducir
a menos de dos tazas a causa de una enfermedad renal, por la obstrucción
de un uréter, de la vejiga o de la uretra. La producción
persistente de menos de una taza de orina diaria conduce a la formación
de desechos metabólicos en la sangre (azoemia). Este volumen
escaso de producción puede indicar que los riñones se
han afectado de forma repentina o que un problema renal crónico
se ha agravado.
La orina diluida puede ser casi incolora, mientras
que la concentrada es de color amarillo oscuro. Los pigmentos de los
alimentos pueden producir una orina coloreada de rojo y los fármacos
pueden producir una variedad de colores: marrón, negro, azul,
verde o rojo. Los colores distintos del amarillo son anormales, a menos
que sean causados por alimentos o fármacos. La orina marrón
puede contener hemoglobina degradada (la hemoglobina es la proteína
que transporta el oxígeno en los glóbulos rojos) o proteínas
musculares. La orina puede contener pigmentos, de color rojo causados
por la porfiria, o de color negro por un melanoma. La orina turbia sugiere
la presencia de pus proveniente de una infección de las vías
urinarias, o bien de cristales de ácido úrico o de ácido
fosfórico. En general, se puede identificar la causa de esta
coloración anormal mediante un examen microscópico del
sedimento de la orina y el análisis químico de la misma.
La sangre en la orina (hematuria) puede darle una
coloración entre roja y marrón, dependiendo de la cantidad
de sangre presente, el tiempo que haya estado en la orina y el grado
de acidez de ésta. Es posible detectar mediante un análisis
químico o un examen microscópico una cantidad muy reducida
de sangre en la orina, aunque ésta no tenga una coloración
roja. La sangre en la orina que no causa dolor puede deberse a un cáncer
de la vejiga o del riñón. Dichas formas de cáncer
suelen sangrar de forma intermitente. Sin embargo, el sangrado se puede
detener espontáneamente, aunque el cáncer persista y siga
estando ahí. Otras causas de sangre en la orina son la glomerulonefritis,
los cálculos y quistes del riñón, la drepanocitosis
y la hidronefrosis.
El dolor causado por una enfermedad renal generalmente
se siente en el costado o en la región lumbar. Algunas veces,
el dolor se irradia hacia el centro del abdomen. La causa probable del
dolor es el estiramiento de la envoltura externa del riñón
(cápsula renal), que es sensible al dolor. Éste puede
manifestarse en cualquier afección que provoque hinchazón
del tejido renal. Si los riñones son presionados por cualquier
razón, normalmente se produce dolor.
Un cálculo renal causa un dolor muy agudo
cuando penetra en el uréter, que se contrae en respuesta al cálculo,
provocando un dolor agudo en la zona lumbar, que a menudo se irradia
hacia la ingle. El dolor cesa cuando el cálculo entra en la vejiga.
Un dolor referido a la zona de la vejiga generalmente
se debe a una infección bacteriana. El malestar se siente generalmente
por encima del hueso púbico (pubis) y en el extremo final de
la uretra durante la micción. La obstrucción del flujo
de orina de la uretra causa dolor por encima del pubis. Sin embargo,
una obstrucción que se desarrolle lentamente puede dilatar la
vejiga sin causar dolor.
El cáncer de la próstata y el aumento
de tamaño de ésta son generalmente indoloros, pero una
inflamación de la próstata (prostatitis) puede causar
un malestar impreciso o una sensación de llenura en la zona que
se encuentra entre el ano y los genitales. Por otra parte, los trastornos
de los testículos generalmente provocan un dolor agudo que se
siente directamente en el lugar del proceso.
Algunas veces, el semen que se eyacula puede ser
sanguinolento. Por lo general no se puede encontrar la causa. El semen
puede ser sanguinolento después de una abstinencia sexual prolongada
o tras una actividad sexual frecuente o interrumpida. Los varones que
sufren trastornos de la coagulación que provocan sangrados excesivos
pueden eyacular semen mezclado con sangre. Algunos tendrán episodios
repetidos mientras que otros tienen sólo uno. Aunque la sangre
en el semen produce inquietud, el trastorno generalmente no es grave.
Algunos urólogos recomiendan tomar tetraciclinas acompañadas
de masajes suaves de la próstata, pero el efecto beneficioso
no está probado, sea cual sea el tratamiento.
Procedimientos diagnósticos
Ante la posibilidad de que pueda existir un trastorno
renal o de las vías urinarias, el médico trata de examinar
los riñones durante la exploración física. Los
riñones normales no suelen palparse, pero sí se pueden
detectar si están hinchados o existe un tumor renal. Así
mismo, se puede palpar la vejiga cuando está dilatada. En el
varón, el médico hace un tacto rectal para ver si existe
una dilatación de la próstata. Un tacto vaginal en la
mujer puede proporcionar información acerca de la vejiga y de
la uretra.
Los procedimientos adicionales para el diagnóstico
de las afecciones de los riñones y de las vías urinarias
comprenden análisis de orina y de sangre que reflejan la función
renal, pruebas de imagen y muestras del tejido renal.
Análisis de orina
Los análisis de orina de rutina incluyen
los análisis químicos para la detección de proteínas,
azúcar y cetonas y el examen microscópico para detectar
glóbulos rojos y blancos. Las pruebas que se realizan en un laboratorio
de manera simple y económica pueden detectar y medir la cantidad
de diversas sustancias en la orina. En estas pruebas se utiliza una
tira de plástico delgada (tira reactiva), impregnada con sustancias
químicas que reaccionan cambiando de color ante las sustancias
presentes en la orina. Este tipo de tira se utiliza sistemáticamente
en los análisis de orina.
En general, la presencia de proteínas en
la orina (proteinuria) se puede detectar rápidamente por medio
de tiras reactivas, pero a veces se necesitan métodos más
sofisticados. Las proteínas pueden estar presentes en la orina
de manera constante o sólo de un modo intermitente, dependiendo
de la causa. La proteinuria es generalmente una señal de enfermedad
renal, pero puede también producirse de forma natural tras ejercicios
extenuantes como un maratón. Puede también ser consecuencia
de una anomalía genética inocua y poco frecuente denominada
proteinuria ortostática. En este caso la proteína no se
encuentra presente en la orina si el sujeto ha estado acostado (como
cuando está dormido), pero aparece un rato después de
levantarse.
La presencia de glucosa (azúcar) en la orina
(glucosuria) se puede detectar con las tiras reactivas, antes mencionadas,
de manera muy precisa. La diabetes es la causa más frecuente.
Si sigue apareciendo glucosa en la orina después de normalizarse
las concentraciones de azúcar en la sangre, probablemente se
trate de una alteración renal.
La presencia de cetonas en la orina (cetonuria)
se puede detectar con las mismas tiras. Las cetonas se forman cuando
el organismo descompone las grasas. Otras veces éstas se pueden
producir a causa de la inanición, la diabetes incontrolada y,
ocasionalmente, por la intoxicación por alcohol.
La presencia de sangre en la orina (hematuria) se
detecta con una tira reactiva o mediante un examen al microscopio. A
veces la orina contiene sangre suficiente como para que sea visible,
volviéndola de color rojo o marrón.
Los nitritos en la orina (nitrituria) también
pueden detectarse por medio de las tiras de celulosa. Debido a que los
valores de los nitritos aumentan cuando existen bacterias en la orina,
esta prueba se utiliza para un rápido diagnóstico de la
infección.
La presencia en la orina de esterasa leucocitaria
(una enzima que se encuentra en ciertos glóbulos blancos) se
puede detectar mediante tiras reactivas. La esterasa leucocitaria indica
una inflamación, causada habitualmente por una infección
bacteriana. La prueba puede dar un falso negativo cuando la orina está
muy concentrada o contiene glucosa, sales biliares, fármacos
(como el antibiótico rifampicina) o una gran cantidad de vitamina
C.
La acidez de la orina también se determina
mediante tiras reactivas. Ciertos alimentos pueden aumentarla.
La
concentración de orina (osmolalidad) puede ser importante para
el diagnóstico de un funcionamiento anormal de los riñones.
Se puede analizar una muestra de orina seleccionada al azar o bien se
pueden realizar pruebas que estudien la capacidad de los riñones
para concentrar la orina. En una de dichas pruebas no se bebe agua ni
otros líquidos durante 12 a 14 horas; en otra, se aplica una
inyección de la hormona vasopresina. Después, se mide
la concentración de la orina. Normalmente, cada una de estas
pruebas debe dar como resultado un gran aumento de la concentración
de la orina. Sin embargo, en ciertos trastornos renales, la orina está
anormalmente diluida.
En una situación normal, la orina contiene
un número reducido de células y otros desechos provenientes
del interior de las vías urinarias. En caso de una enfermedad
de las vías urinarias, se desprende un mayor número de
células que van a formar un sedimento, si la orina se centrifuga
o se deja asentar. Se puede hacer un examen microscópico del
sedimento para obtener información sobre la enfermedad.
Para diagnosticar una infección de las vías
urinarias se realizan cultivos de orina, que son técnicas que
permiten el crecimiento de las bacterias en el laboratorio. Para ello
se requiere una muestra de orina no contaminada proveniente de la vejiga,
que puede obtenerse orinando en un recipiente estéril. Otros
métodos incluyen la introducción de un catéter
por la uretra hasta el interior de la vejiga o la inserción de
una aguja en el interior de la vejiga a través de la pared abdominal
(aspiración suprapúbica por aguja).
Pruebas de funcionamiento renal
La función renal se puede evaluar analizando
tanto una muestra de sangre como una de orina. La velocidad de filtración
renal se puede estimar mediante la medición de la creatinina
en el suero (un producto de desecho). La concentración de nitrógeno
ureico sanguíneo (BUN) puede también indicar la eficacia
del funcionamiento de los riñones, aunque muchos otros factores
pueden alterar su valor. Con una muestra de sangre también se
puede realizar una prueba más precisa, como el aclaramiento de
creatinina, utilizando una fórmula que relaciona el valor de
creatinina en el suero con la edad, el peso y el sexo; su determinación
exacta exige una recolección de la orina producida durante 24
horas.
Estudios de imagen
Una radiografía del abdomen puede mostrar
el tamaño y la posición de los riñones, aunque
una ecografía es en general mejor para este propósito.
Una urografía endovenosa es una técnica
radiológica que se utiliza para visualizar los riñones
y las vías urinarias inferiores. Se inyecta por vía endovenosa
una sustancia radiopaca (conocida como radiocontraste), que se puede
observar en la radiografía. La sustancia se concentra en los
riñones, generalmente en menos de 5 minutos. Luego se realiza
una radiografía que proporciona una imagen de los riñones
y del paso de la sustancia radiopaca a través de los uréteres
hacia el interior de la vejiga. La urografía endovenosa no es
útil cuando los riñones funcionan mal y no pueden concentrar
la sustancia radiopaca.
Cistograma retrógrado
Para realizar este examen se inyecta un medio
de contraste radiológico a través de una sonda
uretral.
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La inyección de una sustancia radiopaca puede
producir una insuficiencia renal aguda (efecto adverso) en menos de
uno de cada 200 casos. Se desconoce el motivo de ello, pero el riesgo
es más elevado en las personas de edad avanzada o en las que
ya tenían anteriormente una insuficiencia renal, diabetes mellitus,
deshidratación o mieloma múltiple.
El médico debe tener la precaución
de administrar líquidos por vía endovenosa a un paciente
con riesgo elevado, antes de inyectar una sustancia radiopaca. También
se utiliza una dosis baja de la sustancia radiopaca para reducir el
riesgo al máximo. Otras veces se utiliza una prueba alternativa,
como la tomografía computadorizada.
El cistograma, que consiste en la visualización
de la vejiga por rayos X, se obtiene como parte de la urografía
endovenosa. Sin embargo, el cistograma retrógrado (cistografía),
que se obtiene cuando la sustancia radiopaca se introduce a través
de la uretra, a menudo proporciona mayor información sobre la
vejiga y los uréteres. Las radiografías se realizan antes,
durante y después de la micción.
En la urografía retrógrada, sustancias
radiopacas similares a las que se utilizan en la urografía endovenosa
se introducen directamente en el interior del uréter a través
de un endoscopio o de un catéter. Este método proporciona
buenas imágenes de la vejiga, los uréteres y la parte
inferior de los riñones y es muy útil cuando los resultados
de la urografía endovenosa no son satisfactorios. Así
mismo, es útil en el estudio de la obstrucción de un uréter
o cuando debe evaluarse una persona alérgica a las sustancias
endovenosas radiopacas. Entre sus desventajas se encuentran el riesgo
de infección y la necesidad de utilizar anestesia.
La ecografía utiliza ondas de sonido para
producir una imagen de las estructuras anatómicas. La técnica
es simple, indolora y segura. Puede utilizarse para estudiar los riñones,
los uréteres y la vejiga, con la ventaja adicional de que se
pueden obtener buenas imágenes incluso cuando la función
renal está disminuida. Las ecografías proporcionan información
indirecta sobre la función renal. La ecografía también
se utiliza para medir la velocidad de producción de la orina
en un feto mayor de 20 semanas, midiendo los cambios de volumen de la
vejiga. Esta información ayuda a determinar la eficiencia de
la función renal del feto. En los recién nacidos, la ecografía
es el mejor método para investigar masas abdominales, infecciones
de las vías urinarias y los posibles defectos congénitos
del sistema urinario, teniendo en cuenta su fácil ejecución
y la precisión de sus resultados.
La ecografía es uno de los mejores medios
para calcular el tamaño de los riñones y para diagnosticar
diversas anomalías renales, incluyendo los sangrados renales.
La ecografía se utiliza para localizar el sitio adecuado para
una biopsia. Así mismo es el método elegido para los pacientes
con insuficiencia renal avanzada, pues en estos casos los riñones
no captan las sustancias radiopacas; o bien para las personas que no
toleran estas sustancias.
En una ecografía se puede ver con nitidez
una vejiga llena de orina. Aunque los tumores de la vejiga pueden identificarse
mediante la ecografía, es más fiable la tomografía
computadorizada.
La tomografía computadorizada (TC) es más
costosa que la ecografía y que la urografía endovenosa
pero tiene algunas ventajas sobre éstas. La TC puede distinguir
las estructuras sólidas de aquellas que contienen líquidos,
por esta razón es más útil en la evaluación
del tipo y de la extensión de los tumores del riñón
o de otras masas que distorsionen las vías urinarias normales.
Se puede inyectar por vía endovenosa una sustancia radiopaca
para obtener mayor información. La TC puede ayudar a determinar
si un tumor se ha extendido mas allá del riñón.
Si durante una TC se inyecta una mezcla de aire y de sustancia radiopaca
al interior de la vejiga, se puede observar claramente el contorno de
un tumor de la vejiga.
La angiografía, que implica la inyección
de una sustancia radiopaca en una arteria, es el más invasivo
de todos los procedimientos para obtener imágenes del riñón.
Se reserva para situaciones especiales, como cuando el médico
requiere evaluar el aporte sanguíneo a los riñones. En
muchos hospitales, se está reemplazando la angiografía
convencional por la TC en espiral. Esta técnica utiliza computadoras
para intensificar la imagen obtenida con cantidades reducidas de sustancia
radiopaca. Entre las complicaciones de la angiografía se encuentran
lesiones a las arterias puncionadas y a los órganos vecinos,
reacciones a la sustancia radiopaca y hemorragia.
La venografía es una imagen radiográfica
de las venas que se obtiene empleando sustancias radiopacas. Las complicaciones
son raras y están generalmente limitadas a la extravasación
de sangre y de sustancia radiopaca alrededor del punto de la inyección.
Pueden presentarse reacciones alérgicas a la sustancia radiopaca.
Las imágenes por resonancia magnética
(RM) pueden proporcionar la información sobre masas renales que
no se pueden obtener por medio de otras técnicas. Por ejemplo,
se puede determinar el tamaño de un tumor a partir de imágenes
tridimensionales producidas por el registro RM. Las masas renales sólidas
se ven distintas de las huecas (quísticas) y la imagen del líquido
en un quiste ayuda al médico a distinguir una hemorragia de una
infección. Además, la RM produce excelentes imágenes
de los vasos sanguíneos y de las estructuras alrededor de los
riñones, lo que permite realizar varios diagnósticos.
Sin embargo, los depósitos de calcio y los cálculos en
el riñón no se observan bien y se ven mejor con una TC.
| Biopsia renal |
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Obtención de muestras de células y
tejido
Se puede realizar una biopsia de riñón
(extracción de una muestra de tejido para su examen al microscopio)
con el fin de que el médico pueda establecer un diagnóstico
y observar la evolución del tratamiento. Para evaluar una insuficiencia
renal, con frecuencia se introduce una aguja de biopsia a través
de la piel. A menudo se llevan a cabo biopsias de un riñón
trasplantado para detectar señales de rechazo. Para realizar
una biopsia del propio riñón (nativo) de alguien, la persona
se acuesta boca abajo y se le inyecta un anestésico local en
la piel y en los músculos de la espalda que están por
encima del riñón. A continuación se introduce la
aguja de biopsia y se extrae una muestra de tejido para su examen al
microscopio. Para efectuar una biopsia de un riñón trasplantado,
se introduce la aguja directamente a través de la pared abdominal.
Para guiar la dirección de la aguja hacia la parte afectada se
utiliza la ecografía.
El examen microscópico de las células
en la orina (citología de orina) es útil en el diagnóstico
del cáncer de las vías urinarias. En los sujetos con riesgo
elevado (por ejemplo los fumadores, los operarios de las industrias
petroquímicas y las personas con hemorragias indoloras), la citología
de orina permite detectar la presencia de cáncer. Este método
también se usa en el control posterior de las personas a quienes
se les ha extirpado un tumor de la vejiga o del riñón.
Los resultados pueden dar falsos positivos (indicando cáncer
cuando no lo hay), si existen otras afecciones como una inflamación,
o bien, pueden dar falsos negativos (no indicando un cáncer que
sí está presente), como puede ser en el caso de un cáncer
de bajo grado, en el que las células parecen normales.