SECCION 9 >
TRASTORNOS GASTROINTESTINALES
CAPITULO 112
Urgencias gastrointestinales
Ciertos trastornos gastrointestinales pueden
amenazar la vida y requieren en algunos casos tratamiento quirúrgico
de urgencia. Estos trastornos incluyen la hemorragia gastrointestinal,
la obstrucción mecánica del tracto gastrointestinal, el
íleo (cese temporal de los movimientos contráctiles normales
del intestino), la apendicitis (inflamación del apéndice)
y la peritonitis (inflamación del revestimiento de la cavidad
abdominal). 
Hemorragia gastrointestinal
La hemorragia puede ocurrir en cualquier sitio a
lo largo del tubo digestivo (gastrointestinal) desde la boca hasta el
ano. Se manifiesta como sangre en las heces o en los vómitos,
o puede no evidenciarse (sangre oculta) y detectarse solamente mediante
pruebas diagnósticas. La hemorragia en cualquier punto del tracto
gastrointestinal puede ser de mayor gravedad si existe además
un trastorno de la coagulación.
Síntomas
Los síntomas posibles incluyen vómitos
de sangre (hematemesis), evacuación de heces de coloración
negra alquitranada (melena) y pérdida evidente de sangre por
el recto (hematoquecia). Las heces de color negro alquitranado son el
resultado de una hemorragia en la parte alta del tubo digestivo (por
ejemplo, en el estómago o en el duodeno; el color negro se debe
a la exposición de la sangre al ácido gástrico
y a su digestión por las bacterias durante varias horas antes
de abandonar el cuerpo). Alrededor de 60 mililitros de sangre pueden
producir heces alquitranadas. Un episodio de hemorragia intensa y única
puede producir heces alquitranadas durante una semana, por lo que la
evacuación continuada de heces con estas características
no indica necesariamente una hemorragia persistente.
Las personas con hemorragias de larga evolución
pueden tener síntomas de anemia, como cansarse con facilidad,
palidez anormal, dolor en el pecho y mareo. En personas que no presentan
estos síntomas, se puede detectar una disminución importante
de la presión arterial cuando se incorporan.
Los síntomas que indican una pérdida
de sangre importante son un pulso acelerado, una presión arterial
baja y una disminución de la cantidad de orina. El paciente puede
tener las manos y los pies fríos y húmedos. La reducción
del aporte de sangre al cerebro causada por la pérdida de ésta
puede ocasionar confusión, desorientación, somnolencia
e incluso shock.
Los síntomas de una hemorragia importante
pueden ser muy variables, en función de alguna otra enfermedad
que pueda padecer la persona. Por ejemplo, una persona con enfermedad
de las arterias coronarias puede desarrollar repentinamente angina (dolor
en el pecho) o síntomas de un ataque cardíaco. En un individuo
con una hemorragia gastrointestinal abundante, pueden empeorar los síntomas
de otras enfermedades (como la insuficiencia cardíaca, la hipertensión
arterial, la enfermedad pulmonar y la insuficiencia renal). En los que
padecen una enfermedad del hígado, la hemorragia en el intestino
puede provocar una acumulación de toxinas que, a su vez, causan
síntomas como cambios en la personalidad, en la consciencia y
en la capacidad mental (encefalopatía hepática).
Diagnóstico
Después de una hemorragia importante, la
medición del hematócrito (un tipo de análisis de
sangre) generalmente muestra una baja concentración de glóbulos
rojos. El conocimiento de los síntomas responsables de un episodio
de hemorragia puede ayudar al médico a determinar la causa del
mismo. El dolor abdominal que se alivia con la comida o con antiácidos
sugiere una úlcera péptica; sin embargo, las hemorragias
de las úlceras a menudo no se acompañan de dolor. Los
fármacos que pueden dañar el revestimiento gástrico,
como la aspirina, pueden causar hemorragias en el estómago, con
aparición de sangre en las heces.
Una persona con una hemorragia gastrointestinal,
que haya perdido el apetito y que pierda peso sin razones aparentes,
es examinada con el fin de detectar la presencia de un cáncer.
Así mismo, si alguien presenta dificultades para tragar, debe
ser examinado en busca de un cáncer de esófago o un estrechamiento
del mismo. Los vómitos y las arcadas intensas antes de una hemorragia
sugieren un desgarro en el esófago, pero cerca de la mitad de
las personas con esta lesión no vomita con antelación.
El estreñimiento o la diarrea junto con la hemorragia o la presencia
de sangre oculta en las heces pueden ser consecuencia de un cáncer
o de un pólipo en la parte baja del intestino, particularmente
en los mayores de 45 años. La sangre fresca por encima de las
heces puede ser causada por hemorroides o por un problema en el recto,
como un cáncer.
El médico examina al paciente en busca de
indicios que lo conduzcan al origen de la hemorragia. Por ejemplo, durante
una exploración del recto se buscan hemorroides, grietas en el
recto (fisuras) y tumores. Posteriormente se eligen las pruebas si se
sospecha que la hemorragia procede de la parte alta del tubo digestivo
(esófago, estómago y duodeno) o de la parte baja (porción
inferior del intestino delgado, intestino grueso, recto y ano).
La sospecha de problemas en la parte alta del tracto
gastrointestinal se investiga generalmente primero introduciendo una
sonda por la nariz hasta el estómago y extrayendo líquido.
El líquido gástrico que se asemeja al poso de café
es ocasionado por la digestión parcial de la sangre, lo que indica
que la hemorragia es escasa o que se ha detenido. La sangre roja y brillante
indica una hemorragia activa y vigorosa. A continuación, el médico
utiliza un endoscopio flexible (un tubo de visualización) para
examinar el esófago, el estómago y el duodeno en busca
de la causa de la hemorragia. Si no se encuentra una gastritis o una
úlcera en el estómago o en el duodeno, se puede realizar
una biopsia (obtención de una muestra de tejido para su examen
al microscopio). Ésta puede determinar si la hemorragia es consecuencia
de una infección por Helicobacter pylori. Si es así, se
instaura un tratamiento con antibióticos y habitualmente la infección
se cura.
En la parte baja del tracto gastrointestinal se
buscan pólipos y cánceres mediante radiografías,
tras la administración de una enema de bario, o bien utilizando
un endoscopio. El médico puede observar directamente la porción
inferior del intestino con un anoscopio, un sigmoidoscopio flexible
o un colonoscopio.
Si estas investigaciones no aclaran el origen de
la hemorragia, se puede realizar una angiografía (radiografías
tras la inyección de una sustancia radiopaca) o una gammagrafía
tras la inyección de glóbulos rojos marcados con una sustancia
radiactiva. Estas técnicas son especialmente útiles para
desvelar si el origen de la hemorragia es consecuencia de una malformación
de los vasos sanguíneos.
Tratamiento
En más del 80 por ciento de las personas
con hemorragia gastrointestinal, las propias defensas del cuerpo la
detienen. Las personas que continúan sangrando o que tienen síntomas
de una pérdida significativa de sangre a menudo son hospitalizadas
y, generalmente en una unidad de cuidados intensivos.
En caso de gran perdida de sangre puede ser necesaria
una transfusión. Se pueden utilizar concentrados de hematíes
en lugar de sangre entera, evitando sobrecargar la circulación
sanguínea con exceso de líquidos. Una vez restaurado el
volumen de sangre, el paciente es estrechamente vigilado por si aparecen
signos de nuevas hemorragias, como un aumento de la frecuencia cardíaca,
una disminución de la presión arterial, o una pérdida
de sangre por la boca o el ano.
La hemorragia a partir de las venas varicosas de
la porción inferior del esófago (venas esofágicas)
se puede tratar de varias maneras. Se puede colocar un catéter
con un globo hinchable por la boca hasta el esófago e inflarlo
para ejercer presión sobre el área sangrante. Otro método
consiste en inyectar en el vaso sangrante un irritante químico
que causa inflamación y cicatrización de las venas.
La hemorragia gástrica puede a menudo ser
detenida mediante maniobras realizadas con un endoscopio; tales maniobras
consisten en la cauterización del vaso sangrante con corriente
eléctrica o la inyección de un material que provoca la
coagulación en el interior de los vasos sanguíneos. Si
fallan estos procedimientos, puede ser necesaria una intervención
quirúrgica.
La hemorragia procedente de la parte baja del intestino
no suele requerir tratamiento de urgencia. Sin embargo, en caso necesario
se realiza una endoscopia o una cirugía abdominal. A veces, en
este último caso, el punto de la hemorragia no se puede localizar
con precisión, y debe extirparse un segmento del intestino.
Hemorragia por malformaciones arteriovenosas
Las hemorragias por malformaciones arteriovenosas
son causadas por la rotura de vasos sanguíneos anormales que
comunican arterias con venas.
Se desconoce por qué ocurren malformaciones
arteriovenosas en el revestimiento gástrico e intestinal. Sin
embargo, son más frecuentes en personas con trastornos de las
válvulas cardíacas, de los riñones o del hígado,
en personas con enfermedades del tejido conectivo y en las que han sido
sometidas a radioterapia intestinal. El diámetro de estos vasos
sanguíneos anormales varía desde el tamaño de un
hilo grueso de pescar hasta el de un dedo meñique. Son frágiles
y propensos a la hemorragia, a veces intensa, especialmente en las personas
de edad avanzada.
Síntomas y diagnóstico
Las hemorragias procedente de malformaciones arteriovenosas
del estómago y del intestino generalmente causan vómitos
de sangre o evacuación de heces de color negro alquitranado.
Si la hemorragia es masiva o prolongada, el paciente puede desarrollar
anemia y otros síntomas de pérdida de sangre. Los episodios
hemorrágicos generalmente comienzan de forma súbita y
tienden a recurrir.
El diagnóstico generalmente se establece
mediante un endoscopio. Sin embargo, las malformaciones arteriovenosas
pueden ser difíciles de detectar, especialmente cuando el reducido
volumen de sangre o el bajo rendimiento del corazón ocasionan
el colapso parcial de los vasos sanguíneos.
Tratamiento
El tratamiento de un trastorno subyacente (por ejemplo,
la cirugía valvular cardíaca o un trasplate renal) puede
eliminar las hemorragias gastrointestinales. El médico puede
detener la hemorragia cauterizando los vasos sanguíneos mediante
un endoscopio, pero pueden desarrollarse nuevas malformaciones. La anemia
causada por la pérdida de sangre puede ser corregida con suplementos
de hierro.

Dolor abdominal
El dolor abdominal puede ser consecuencia de problemas
a lo largo del tracto gastrointestinal o en cualquier otro sitio del
abdomen. Tales situaciones incluyen la rotura esofágica, perforación
de una úlcera, síndrome del intestino irritable, apendicitis
aguda, pancreatitis y cálculos biliares. Algunos de estos trastornos
son relativamente poco importantes, mientras que otros pueden ser potencialmente
mortales. El médico tiene que decidir si se necesita un tratamiento
inmediato o si se puede esperar hasta que se disponga de las pruebas
diagnósticas.
Cáncer de colon
Obstrucción del paso del contenido
intestinal
|
 |
Diagnóstico y tratamiento
La naturaleza del dolor y su relación temporal
con la ingesta o los movimientos puede proporcionar al médico
datos para el diagnóstico. Si otros miembros de la familia han
tenido un trastorno abdominal similar, como cálculos biliares,
puede que la persona esté aquejada de lo mismo.
El aspecto general de la persona puede proporcionar
datos importantes. Por ejemplo, la ictericia (un tinte amarillento de
la piel y del blanco de los ojos) sugiere una enfermedad del hígado,
de la vesícula biliar o de las vías biliares.
El médico examina el abdomen en busca de
zonas dolorosas y de masas. Cuando se presiona suavemente la pared del
abdomen, la persona siente dolor, y cuando se retira súbitamente
la mano, el dolor es aún más intenso por un momento (maniobra
conocida como signo de la descompresión positivo). Esto indica
generalmente una inflamación del revestimiento de la cavidad
abdominal (peritonitis).
Las pruebas diagnósticas para el estudio
de un dolor abdominal incluyen análisis de sangre y de orina,
radiografía, la ecografías y la tomografía computadorizada
(TC). Cuando el dolor abdominal parece ser consecuencia de una obstrucción
intestinal, de la perforación de algún órgano (como
la vesícula biliar, el apéndice o el intestino), o bien
de un absceso (una acumulación de pus), a menudo se realiza de
urgencia una intervención quirúrgica del abdomen con finalidad
exploratoria (laparotomía).
Obstrucción mecánica del intestino
La obstrucción mecánica del intestino
es la presencia de un bloqueo que dificulta gravemente el tránsito
de su contenido o que lo impide por completo.
Una obstrucción puede ocurrir en cualquier
segmento del intestino. La parte por encima de la obstrucción
continúa funcionando. A medida que se va llenando de alimentos,
líquido, secreciones digestivas y gases, se va hinchando progresivamente
(como una manguera hecha de goma blanda).
En recién nacidos y lactantes, la obstrucción
intestinal suele ser causada por un defecto congénito, una masa
dura de contenido intestinal (meconio) o una torsión del propio
intestino (vólvulo).
Causas del estrangulamiento intestinal
El estrangulamiento (obstrucción de
la llegada de la sangre al intestino) generalmente resulta de
una de las tres causas expuestas.
|
 |
En los adultos, la obstrucción del duodeno
puede ser debida a un cáncer de páncreas, a la cicatrización
de una úlcera o al desarrollo de cicatrices por una intervención
quirúrgica previa o por una enfermedad de Crohn, así como
por adherencias, en que una banda fibrosa de tejido conectivo bloquea
el intestino. También puede producirse una obstrucción
cuando parte del intestino se dilata a través de una abertura
anormal (hernia), como puede ser un área de debilidad en los
músculos del abdomen, donde queda bloqueado. En casos más
raros, la obstrucción puede deberse a un cálculo biliar,
una masa de alimentos sin digerir o a una colección de gusanos.
En el intestino grueso, el cáncer es la causa
más frecuente de obstrucción. Un asa colónica torsionada
o una masa de heces endurecida (impactación fecal) también
pueden causar una obstrucción.
Si una obstrucción interrumpe el aporte de
sangre al intestino, el trastorno se conoce como estrangulación.
La estrangulación ocurre en cerca del 25 por ciento de los casos
de obstrucción intestinal. Generalmente resulta del bloqueo de
parte del intestino en una abertura anormal (hernia estrangulada), por
la torsión de un asa del intestino (vólvulo) o por la
introducción de un asa dentro de otra (intususcepción).
En un plazo tan corto como el de 6 horas puede desarrollarse la gangrena.
Ésta comporta la muerte de la pared intestinal, lo que generalmente
ocasiona una perforación, la cual conduce a una inflamación
del revestimiento de la cavidad abdominal (peritonitis) e infección.
Sin tratamiento, la persona afectada muere.
Incluso sin llegar a la estrangulación, la
porción intestinal por encima de la obstrucción se dilata
y el revestimiento mucoso se hincha y se inflama. Si este trastorno
no se trata, el intestino puede perforarse y su contenido se vierte
a la cavidad abdominal, causando inflamación e infección
de la misma.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas de una obstrucción intestinal
consisten en retortijones dolorosos junto con una distensión
del abdomen. El dolor puede hacerse muy intenso y constante. Los vómitos,
que son habituales, comienzan posteriormente en el caso de una obstrucción
del intestino grueso, más que en la del intestino delgado. La
obstrucción completa provoca estreñimiento grave, mientras
que la parcial puede causar diarrea. La fiebre es frecuente y particularmente
probable si se perfora la pared intestinal. La perforación puede
conducir rápidamente a una inflamación grave y a una infección,
causando finalmente un shock.
El médico examina el abdomen en busca de
zonas dolorosas y deformaciones de la pared o masas. Los sonidos abdominales
normales (ruidos intestinales), que se oyen a través de un fonendoscopio,
pueden estar aumentados y ser muy agudos, o bien no escucharse. Si la
perforación ha causado peritonitis, el paciente sentirá
dolor a la presión del abdomen, que se incrementa cuando el médico
aparta súbitamente la mano (signo de la descompresión
positivo).
La radiología puede evidenciar asas intestinales
dilatadas que indican la localización de la obstrucción.
También puede mostrar aire alrededor del intestino y en la cavidad
abdominal, lo cual constituye un signo de perforación.
Tratamiento
Cualquier persona con una obstrucción intestinal
es hospitalizada. Generalmente se introduce una sonda larga y estrecha
por la nariz hasta alcanzar el estómago o el intestino, que se
conecta a un sistema de aspiración para eliminar el material
acumulado por encima de la obstrucción. Se administran por vía
intravenosa líquidos y electrólitos (sodio y potasio)
con el fin de reponer el agua y las sales perdidas por los vómitos
y la diarrea.
A veces una obstrucción se resuelve por sí
misma sin mayor tratamiento, especialmente si se debe a la presencia
de adherencias. Para tratar algunos trastornos como la torsión
de un segmento de la parte baja del colon, se puede introducir un endoscopio
a través del ano o una enema con papilla de bario, lo cual hace
que dicha porción del intestino se infle y se resuelva la obstrucción
por la presión que ejerce. Sin embargo, lo más habitual
es realizar una intervención quirúrgica lo antes posible.
Durante la misma, el segmento bloqueado del intestino puede ser extirpado
y los dos extremos libres pueden unirse de nuevo.
Íleo
El íleo (íleo paralítico, íleo
adinámico) es un trastorno en el que se detienen temporalmente
los movimientos contráctiles normales de la pared intestinal.
Al igual que en una obstrucción mecánica,
el íleo impide el tránsito del contenido intestinal. A
diferencia de la obstrucción mecánica, sin embargo, el
íleo raramente deriva en una perforación.
El íleo puede ser causado por una infección
o por un coágulo sanguíneo en el interior del abdomen,
por una reducción del aporte de sangre al intestino debido a
la arteriosclerosis o por una lesión de una arteria o una vena
intestinales. También puede ser causado por trastornos extraintestinales
(fuera del intestino), como la insuficiencia renal o valores anormales
de electrólitos en sangre (por ejemplo, una concentración
baja de potasio o alta de calcio). Otras causas de íleo son ciertos
fármacos y una glándula tiroides hipoactiva. El íleo
es una circunstancia habitual durante 24 a 72 horas después de
una cirugía abdominal.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas de un íleo consisten
en distensión abdominal, vómitos, estreñimiento
intenso y retortijones. Con el fonendoscopio pueden escucharse escasos
ruidos intestinales o incluso ninguno. Una radiografía del abdomen
muestra las asas intestinales dilatadas. En ocasiones, se realiza una
colonoscopia (un examen del colon mediante un tubo de visualización)
para evaluar la situación.
Tratamiento
El objetivo es aliviar la acumulación de
gases y de líquido ocasionada por el íleo. Para ello,
a veces se introduce una sonda en el intestino grueso a través
del ano. Además, se introduce por la nariz una sonda hasta el
estómago o el intestino delgado, que se conecta a un sistema
de aspiración para aliviar la presión y la distensión.
El paciente no debe comer o beber nada hasta que haya pasado la crisis.
Se administran líquidos y electrólitos por vía
intravenosa.
| Apendicitis |
 |
Apendicitis
La apendicitis es la inflamación del apéndice.
El apéndice es un segmento pequeño
y con forma de dedo que sobresale del intestino grueso cerca del punto
donde éste se une al intestino delgado (ciego). El apéndice
puede tener alguna función de tipo inmunológico, pero
no es un órgano esencial.
Exceptuando las hernias estranguladas, la apendicitis
es la causa más frecuente de dolor abdominal intenso y súbito
y de cirugía abdominal en muchos países. Este cuadro es
más frecuente entre los 10 y los 30 años.
La causa de la apendicitis no está totalmente
aclarada. En la mayoría de los casos, una obstrucción
dentro del apéndice puede que desencadene un proceso en el que
aquél se inflama e infecta. Si la inflamación continúa
sin tratamiento, el apéndice se puede perforar. La perforación
esparce el contenido intestinal cargado de bacterias por el abdomen,
causando peritonitis, que puede conducir a una infección con
riesgo de muerte. La perforación también puede causar
la formación de un absceso. En la mujer, pueden infectarse los
ovarios y las trompas de Falopio y la obstrucción consiguiente
puede ocasionar infertilidad. Un apéndice perforado también
puede hacer que las bacterias infecten el torrente sanguíneo
(estado potencialmente mortal, conocido como septicemia).
Síntomas
Menos de la mitad de las personas con apendicitis
aguda tiene todos los síntomas más característicos:
náuseas, vómitos y dolor muy intenso en la parte inferior
derecha del abdomen. El dolor puede comenzar repentinamente en la parte
superior del abdomen o alrededor del ombligo; luego aparecen las náuseas
y los vómitos. Tras unas pocas horas, de-saparecen las náuseas
y el dolor se traslada a la zona inferior derecha del abdomen. Cuando
el médico presiona esta área, aparece dolor, y cuando
súbitamente retira la mano, puede hacerse más agudo (signo
de la descompresión positivo). Es frecuente la fiebre de 37,5
a 38 ºC.
El dolor, particularmente en lactantes y niños,
puede estar generalizado, en vez de localizado en la porción
inferior derecha del abdomen. En personas mayores y en mujeres embarazadas,
el dolor es generalmente menos intenso y el área menos sensible.
Si se perfora el apéndice, el dolor y la
fiebre pueden aumentar. Si se agrava la infección puede producirse
un shock.
Diagnóstico y tratamiento
Un análisis de sangre evidencia un incremento
moderado en el recuento de glóbulos blancos, en respuesta a la
infección. Generalmente, en las fases iniciales de la apendicitis
aguda, las pruebas (como la radiología, la ecografía y
la tomografía computadorizada [TC]) no son de utilidad.
El diagnóstico se basa en los hallazgos de
la exploración física. Para evitar la perforación
del apéndice, la formación de abscesos o la inflamación
del revestimiento de la cavidad abdominal (peritonitis), el médico
realiza una intervención quirúrgica de urgencia.
En casi el 15 por ciento de las intervenciones realizadas
con el diagnóstico de apendicitis, se encuentra que se trataba
de un apéndice normal. Sin embargo, si se retrasa la cirugía
hasta asegurarse de la causa del dolor, la consecuencia puede ser mortal:
un apéndice infectado puede perforarse en menos de 24 horas tras
el inicio de los síntomas. Incluso, aunque el apéndice
no sea la causa del proceso, generalmente el cirujano lo extirpa. Después,
éste examina el abdomen e intenta determinar la verdadera causa
del dolor.
Con una intervención quirúrgica precoz,
las posibilidades de morir son muy reducidas. El paciente habitualmente
puede abandonar el hospital en 2 o 3 días y la convalecencia
suele ser rápida y completa.
En el caso de una perforación del apéndice,
el pronóstico es más grave. Hace 50 años, esta
lesión con frecuencia era mortal. Los antibióticos han
disminuido el porcentaje de fallecimientos casi hasta cero, pero a veces
pueden necesitarse varias intervenciones quirúrgicas y una larga
convalecencia.
Peritonitis
La peritonitis es la inflamación del revestimiento
de la cavidad abdominal (peritoneo) causada generalmente por una infección.
El peritoneo es una membrana delgada y transparente
que recubre todos los órganos intraabdominales y la cara interna
de las paredes del abdomen. La peritonitis generalmente es causada por
una infección extendida a partir de un órgano del abdomen.
Son causas frecuentes las perforaciones del estómago, intestino,
vesícula biliar o apéndice. El peritoneo es bastante resistente
a la infección. A menos que la contaminación sea muy persistente,
no se desarrolla peritonitis; el peritoneo tiende a curarse con el tratamiento.
La enfermedad inflamatoria pélvica en mujeres
sexualmente activas es una causa frecuente de peritonitis. Una infección
del útero y de las trompas de Falopio (que puede estar causada
por varios tipos de bacterias, como las que causan la gonorrea y las
infecciones por clamidias) se extiende por el interior de la cavidad
abdominal. En la insuficiencia hepática o cardíaca, se
pueden acumular líquidos en el abdomen (ascitis) y producirse
una infección.
A raíz de una intervención quirúrgica
se puede desarrollar una peritonitis por varias razones. Una lesión
en la vesícula biliar, el uréter, la vejiga o el intestino
durante una intervención puede diseminar bacterias por el abdomen.
En las operaciones en las que se unen dos segmentos intestinales, puede
producirse un escape de contenido intestinal a través de los
puntos de sutura.
La diálisis peritoneal (un tratamiento para
la insuficiencia renal) con frecuencia favorece el desarrollo de una
peritonitis. La causa habitual es una infección que se abre paso
a través de los drenajes colocados en el abdomen.
La peritonitis también puede ser debida a
una irritación sin que exista infección. Por ejemplo,
la inflamación del páncreas (pancreatitis aguda) puede
producir peritonitis. De igual modo, el talco o el almidón de
los guantes del cirujano pueden causar una peritonitis sin infección.
Síntomas
Los síntomas de una infección del
peritoneo dependen en parte del tipo y la extensión de la infección.
Generalmente, la persona vomita, tiene fiebre alta y un abdomen doloroso.
Se pueden formar uno o más abscesos y la infección puede
dejar cicatrices en forma de bandas de tejido (adherencias) que al final
pueden producir una obstrucción intestinal.
A menos que la peritonitis reciba tratamiento inmediato,
rápidamente se desarrollan complicaciones. Desaparece el peristaltismo
(los movimientos intestinales) y los líquidos quedan retenidos
en el intestino delgado y el grueso. Desde el flujo sanguíneo
también pasa líquido hacia la cavidad peritoneal. Se desarrolla
una grave deshidratación y se pierden electrólitos. A
consecuencia de ello, pueden aparecer complicaciones graves, como insuficiencia
respiratoria, renal o hepática y una coagulación intravascular
diseminada.
Diagnóstico
Es fundamental establecer un diagnóstico
rápido. Para ello, se obtienen radiografías con el paciente
acostado y de pié; en ellas se puede observar la presencia de
gas libre en el abdomen (fuera del intestino), lo cual indica una perforación.
En ocasiones, se utiliza una aguja para extraer líquido de la
cavidad abdominal con el fin de enviar una muestra al laboratorio para
identificar los microorganismos infecciosos y analizar su sensibilidad
a diversos antibióticos. Sin embargo, la cirugía exploradora
es el método diagnóstico más fiable.
Tratamiento
Generalmente, la primera medida es la cirugía
exploratoria de urgencia, particularmente cuando parece probable una
apendicitis, una perforación de una úlcera péptica
o una diverticulitis. Si se trata de un episodio de inflamación
del páncreas (pancreatitis aguda) o de una enfermedad inflamatoria
pélvica (en las mujeres), habitualmente no se realiza una intervención
quirúrgica urgente.
Se administran antibióticos de modo inmediato,
generalmente varios a la vez. También se puede colocar una sonda
por la nariz hasta el estómago o el intestino para drenar líquidos
y gases. También pueden administrarse líquidos y electrólitos
por vía intravenosa para reponer los que se han perdido.