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TRASTORNOS GASTROINTESTINALES
CAPITULO 110
Síndromes de malabsorción
Los síndromes de malabsorción son
trastornos que se desarrollan porque los nutrientes de los alimentos
en el intestino delgado no se absorben adecuadamente y no pasan al torrente
sanguíneo.
Normalmente, los alimentos son digeridos y los nutrientes
son absorbidos en el torrente sanguíneo, principalmente desde
el intestino delgado. La malabsorción puede ocurrir ya sea por
un trastorno que interfiera con la digestión de los alimentos
o bien porque interfiere directamente con la absorción de los
nutrientes.
Los trastornos que impiden una adecuada emulsión
de los alimentos con el jugo gástrico y con las enzimas digestivas
pueden interferir con la digestión. Tal emulsión inadecuada
puede ocurrir en una persona a la que se ha extirpado quirúrgicamente
parte del estómago. En algunos trastornos, el cuerpo produce
una escasa cantidad o tipos inadecuados de enzimas o de bilis, los cuales
son necesarios para el fraccionamiento de los alimentos. Estos trastornos
consisten en pancreatitis, fibrosis quística, obstrucción
de las vías biliares y una deficiencia de lactasa. La digestión
también puede verse dificultada si hay un exceso de ácido
en el estómago o si han proliferado demasiadas bacterias no habituales
en el intestino.
Los trastornos que lesionan el revestimiento intestinal
pueden interferir con la absorción. Las infecciones, los fármacos,
como la neomicina, el alcohol, la enfermedad celíaca y la enfermedad
de Crohn pueden lesionar el revestimiento intestinal. La mucosa intestinal
normal está compuesta por pliegues, pequeñas proyecciones
llamadas vellosidades y proyecciones aún más delgadas
y pequeñas llamadas microvellosidades. Estas últimas crean
una enorme superficie de absorción. Si esta área se reduce,
la absorción también disminuirá. Obviamente, la
extirpación quirúrgica de una porción intestinal
reduce el área de superficie. También disminuyen la absorción
los trastornos que impiden que las sustancias atraviesen la pared intestinal
y pasen al flujo sanguíneo (como el bloqueo de los vasos linfáticos
por un linfoma o una deficiencia del flujo de sangre al intestino).
Síntomas
Las personas con malabsorción generalmente
pierden peso. Si las grasas no son adecuadamente absorbidas, las heces
pueden tener un color claro y ser blandas, voluminosas y malolientes
(se conocen como heces esteatorreicas). Las heces pueden quedar pegadas
a la taza del inodoro o incluso flotar, dificultando que sean arrastradas
con el agua. La esteatorrea es consecuencia de cualquier trastorno que
interfiera con la absorción de las grasas, como una reducción
del flujo biliar, la enfermedad celíaca o la esprue tropical.
La malabsorción puede causar deficiencia
de todos los nutrientes o bien selectivamente de alguno de ellos como
proteínas, grasas, vitaminas o minerales. Los síntomas
varían dependiendo del déficit específico. Por
ejemplo, las personas con una deficiencia de la enzima lactasa pueden
sufrir diarreas muy agudas, distensión abdominal y flatulencia
tras beber leche.
Otros síntomas dependen del trastorno causante
de la malabsorción. Por ejemplo, la obstrucción del conducto
biliar común puede causar ictericia y una deficiencia del aporte
de sangre al intestino puede causar dolor abdominal después de
las comidas.
Diagnóstico
Los médicos sospechan una malabsorción
cuando una persona pierde peso, tiene diarrea y presenta deficiencias
nutricionales a pesar de comer adecuadamente. La pérdida de peso
por sí sola puede tener otras causas.
Los análisis de laboratorio contribuyen a
confirmar el diagnóstico. Las pruebas que miden directamente
la grasa en las muestras de materia fecal recogidas a lo largo de 3
o 4 días son las más fiables para diagnosticar una malabsorción
de grasas. El hallazgo de un exceso de grasa hace que el diagnóstico
sea muy probable. Otras pruebas pueden detectar una malabsorción
específica de otras sustancias, como la lactosa o la vitamina
B12.
Las muestras de heces se examinan a simple vista
y al microscopio. La presencia de fragmentos de comida sin digerir puede
significar que la comida pase por el intestino con demasiada rapidez.
Tales fragmentos pueden también indicar la presencia de un paso
intestinal anatómicamente anormal, como una conexión directa
entre el estómago y el intestino grueso (fístula gastrocolónica),
que evita que los alimentos pasen por el intestino delgado. En un paciente
con ictericia, las heces con un exceso de grasa pueden indicar problemas
en el sistema biliar. En las personas con ictericia y un exceso de grasa
en las heces, el médico busca de modo específico un cáncer
de páncreas o de las vías biliares. La visualización
al microscopio de gotas de grasa y de fibras de carne sin digerir indica
una disfunción del páncreas. Se busca también al
microscopio la presencia de parásitos o de sus huevos (un hallazgo
que sugiere malabsorción causada por una infección por
parásitos).
Las radiografías simples de abdomen no contribuyen
al diagnóstico, pero a veces indican posibles causas de la malabsorción.
Las radiografías que se realizan después de que la persona
ingiera bario pueden evidenciar un patrón de distribución
anormal del bario en el intestino delgado, característico de
una malabsorción, pero estas técnicas radiológicas
no ofrecen información acerca de su causa.
Puede que sea necesario practicar una biopsia (obtención
de una muestra de tejido para su examen) con el fin de detectar anormalidades
en el intestino delgado. La biopsia se lleva a cabo mediante un endoscopio
(un tubo flexible de visualización) o con un tubo delgado que
lleva adosado un pequeño instrumento cortante en su extremo.
La muestra se examina al microscopio y también puede analizarse
su actividad enzimática.
A menudo se realizan pruebas de función pancreática
porque la disfunción de este órgano es una causa habitual
de malabsorción. En una de las pruebas, la persona se somete
a una dieta especial; en otra, recibe una inyección de la hormona
secretina. En ambas pruebas seguidamente se recogen con una sonda los
jugos intestinales que contienen secreciones pancreáticas para
proceder a su medición.
Intolerancia al azúcar
Los azúcares lactosa, sucrosa y maltosa son
fraccionados por las enzimas lactasa, sucrasa y maltasa, las cuales
están localizadas en la mucosa del intestino delgado. Normalmente,
las enzimas dividen estos azúcares en azúcares sencillos,
como la glucosa, que son absorbidos en el flujo sanguíneo a través
de la pared intestinal. En ausencia de una enzima específica,
los azúcares no son digeridos y se impide su absorción,
permaneciendo en el intestino delgado. La alta concentración
de azúcares resultante hace que una gran cantidad de líquidos
entre en el intestino delgado, provocando diarrea. Los azúcares
sin absorber son fermentados por las bacterias en el intestino grueso,
lo que da lugar a heces ácidas y flatulencia. Tales deficiencias
enzimáticas ocurren en la enfermedad celíaca, la esprue
tropical y en las infecciones intestinales. También pueden ser
de tipo congénito o estar causadas por antibióticos, especialmente
neomicina.
Cierto
grado de intolerancia a la lactosa se da en alrededor del 75 por ciento
de los adultos. Afecta a menos del 20 por ciento de los adultos originarios
del noroeste de Europa, pero al 90 por ciento de los asiáticos.
Este trastorno es frecuente entre los habitantes del área mediterránea
y los estudios demuestran que cerca del 75 por ciento de la población,
de etnias distintas a la blanca, desarrollan intolerancia a la lactosa
entre los 10 y los 20 años de edad.
Síntomas
Las personas con intolerancia a la lactosa generalmente
no toleran la leche ni otros productos lácteos que contengan
lactosa. Algunas personas reconocen temprano esta situación y
evitan los productos lácteos, de forma consciente o inconsciente.
Un niño que no tolera la lactosa padece diarrea
y no gana peso cuando la leche forma parte de la dieta. Un adulto puede
presentar ruidos intestinales audibles (borborigmos), distensión
abdominal, flatulencia, náuseas, urgencia de defecar, retortijones
y diarrea tras una comida que contenga lactosa. Una diarrea intensa
puede impedir una adecuada absorción de nutrientes porque éstos
son eliminados del cuerpo con demasiada rapidez. Síntomas similares
pueden ser causados por la ausencia de las enzimas sucrasa y maltasa.
Diagnóstico
Se sospecha una intolerancia a la lactosa cuando
una persona presenta síntomas después de consumir productos
lácteos. Si una persona padece intolerancia a la lactosa, la
ingesta de una dosis de prueba causa diarrea, distensión abdominal
y una sensación de molestias abdominales en un plazo de 20 a
30 minutos. Como la dosis de prueba no es fraccionada en glucosa, la
glucemia en sangre no aumenta como lo haría normalmente.
Puede realizarse una biopsia del intestino delgado,
la cual se examina al microscopio y se somete a un análisis para
lactasa u otra actividad enzimática. Esta prueba puede descubrir
otras posibles causas de malabsorción.
Tratamiento
La intolerancia a la lactosa puede ser controlada
evitando los alimentos que la contengan (sobre todo productos lácteos).
Para prevenir la deficiencia de calcio, las personas que deben evitar
los productos lácteos pueden tomar suplementos de calcio. Alternativamente,
puede agregarse lactasa a la leche, la cual divide entonces la lactosa
en la leche antes de que ésta se ingiera.
Enfermedad celíaca
La enfermedad celíaca (esprue no tropical,
enteropatía por gluten, esprue celíaca) es un trastorno
hereditario en el cual una intolerancia de tipo alérgico al gluten
(una proteína) provoca cambios en el intestino que conllevan
a una malabsorción.
| Enfermedad
celíaca. |
 |
 |
La enfermedad celíaca es un trastorno hereditario
relativamente frecuente, causado por una sensibilidad al gluten, una
proteína que se encuentra en el trigo y el centeno, y en menor
grado en la cebada y la avena. En la enfermedad celíaca, parte
de la molécula del gluten se combina con anticuerpos en el intestino
delgado, provocando que se aplane la mucosa intestinal, que habitualmente
tiene una forma de cepillo. La superficie lisa resultante es mucho menos
capaz de digerir y absorber nutrientes. Cuando se eliminan los alimentos
que contienen gluten, la superficie normal con forma de cepillo habitualmente
reaparece y la función intestinal vuelve a normalizarse.
Síntomas
La enfermedad celíaca puede comenzar a cualquier
edad. En los lactantes, los síntomas no aparecen hasta que se
ingieren por primera vez alimentos que contengan gluten. La enfermedad
celíaca a menudo no causa diarrea ni heces grasas y un niño
puede tener sólo síntomas leves, lo cual puede ser interpretado
como la sintomatología de unas simples molestias de estómago.
Sin embargo, algunos niños dejan de crecer con normalidad, sufren
distensión abdominal dolorosa y comienzan a eliminar heces voluminosas,
de color pálido y malolientes. Se desarrolla anemia como consecuencia
de la deficiencia de hierro. Si el valor de proteínas en sangre
desciende lo suficiente, el niño retiene líquidos y los
tejidos se pueden hinchar (edema). En algunos, los síntomas no
aparecen hasta la etapa adulta.
Las deficiencias nutricionales resultantes de la
malabsorción en la enfermedad celíaca pueden causar síntomas
adicionales. Éstos incluyen pérdida de peso, dolor en
los huesos y sensación de hormigueo en los brazos y piernas.
Algunas personas que desarrollan la enfermedad celíaca en la
niñez pueden tener los huesos largos y anormalmente arqueados.
Dependiendo de la intensidad y la duración del trastorno, el
paciente puede tener valores bajos en sangre de proteínas, calcio,
potasio o sodio. Una deficiencia de protrombina, la cual es fundamental
para el proceso de la coagulación sanguínea, facilita
la formación de hematomas o hemorragias persistentes tras una
herida. Las jóvenes con enfermedad celíaca pueden padecer
irregularidades menstruales.
Diagnóstico
El médico sospecha una enfermedad celíaca
cuando se halla ante un niño con tez pálida, nalgas atróficas
y vientre prominente, a pesar de seguir una dieta adecuada (especialmente
si existe una historia familiar de la enfermedad). Los resultados de
las pruebas radiológicas y de laboratorio pueden ayudar al médico
a establecer el diagnóstico. A veces es útil una prueba
de laboratorio que mide la absorción de xilosa, un azúcar
simple. El diagnóstico se confirma mediante el examen de una
biopsia que evidencia un revestimiento del intestino delgado aplanado
y la subsiguiente mejora del mismo después dejar de ingerir productos
con gluten.
Tratamiento
Los síntomas pueden producirse incluso ante
la ingesta de pequeñas cantidades de gluten, por lo que éste
debe excluirse totalmente de la dieta. El gluten es tan ampliamente
utilizado en los productos alimenticios que las personas con este trastorno
necesitan listas detalladas de alimentos a evitar y el consejo de un
especialista en dietética. El gluten se encuentra, por ejemplo,
en productos comerciales como sopas, salsas, helados y perritos calientes.
A veces los niños gravemente enfermos en
el momento del diagnóstico necesitan un período de alimentación
por vía intravenosa. Ello raramente se requiere en el caso de
los adultos.
Algunas personas no responden a la retirada del
gluten o lo hacen muy poco. Ello puede deberse a que el diagnóstico
sea incorrecto o bien a que el trastorno haya entrado en una fase sin
respuesta. Si sucede lo último, los corticosteroides pueden ser
útiles.
Algunas personas con esta afección que han
evitado el gluten durante mucho tiempo pueden tolerar su reintroducción
en la dieta. Puede ser razonable tratar de reintroducir el gluten, pero
si los síntomas reaparecen, éste se debe retirar de nuevo.
Los regímenes alimentarios libres de gluten
mejoran sustancialmente el pronóstico tanto en los niños
como en los adultos. Sin embargo, la enfermedad celíaca puede
ser mortal (principalmente para los adultos con una forma grave de la
enfermedad). Un reducido porcentaje de adultos puede desarrollar un
linfoma (un tipo de cáncer) intestinal. Se desconoce si el riesgo
disminuye al evitar totalmente el gluten en la dieta.
Esprue tropical
La esprue tropical es un trastorno adquirido en
el que las anomalías del revestimiento del intestino delgado
conducen a malabsorción y a deficiencias de muchos nutrientes.
La esprue tropical ocurre principalmente en el Caribe,
sur de la India y sudeste de Asia. Pueden resultar afectados tanto los
nativos como los inmigrantes. Aunque la causa es desconocida, algunas
posibles incluyen infecciones bacterianas, víricas y por parásitos,
deficiencias vitamínicas (especialmente déficit de ácido
fólico) y una toxina procedente de alimentos en mal estado (por
ejemplo, en grasas rancias).
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas típicos de la esprue
tropical son heces de coloración clara, diarrea y pérdida
de peso. También es característica la presencia de úlceras
en la lengua debido a la deficiencia de vitamina B2. Se pueden desarrollar
otros síntomas de malabsorción. Una deficiencia de protrombina,
que es importante para la coagulación de la sangre, facilita
la formación de hematomas y una prolongación del tiempo
de hemorragia tras una herida. Las personas con esprue tropical también
pueden presentar síntomas de deficiencia de albúmina,
calcio, ácido fólico, vitamina B12 y hierro. Típicamente,
aparece una anemia por una deficiencia de ácido fólico.
Los médicos consideran el diagnóstico
de esprue tropical en alguien que presente anemia y síntomas
de malabsorción y que viva o haya vivido en alguna de las áreas
endémicas. La exploración radiológica del intestino
delgado puede ser anormal o no mostrar alteraciones. Se puede medir
con facilidad la absorción del azúcar simple xilosa; en
el 90 por ciento de las personas con esprue tropical, la xilosa no se
absorbe normalmente. Una biopsia del intestino delgado muestra anormalidades
características.
Tratamiento
El mejor tratamiento para la esprue tropical es
un antibiótico, ya sea tetraciclina u oxitetraciclina. Éste
puede administrarse durante 6 semanas dependiendo de la gravedad de
la enfermedad y de su respuesta al tratamiento. Los suplementos nutricionales,
especialmente el ácido fólico, se administran según
las necesidades.
Enfermedad de Whipple
La enfermedad de Whipple (lipodistrofia intestinal)
es un raro trastorno que afecta principalmente a varones entre los 30
y los 60 años de edad.
Esta enfermedad es causada por una infección
por el microorganismo Tropheryma whippleii. El revestimiento mucoso
del intestino delgado se encuentra siempre gravemente afectado, pero
la infección también puede extenderse a otros órganos,
como el corazón, los pulmones, el cerebro, las articulaciones
y los ojos.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas de la enfermedad de Whipple
incluyen oscurecimiento de la piel, articulaciones inflamadas y dolorosas
y diarrea. La malabsorción grave causa pérdida de peso
y anemia. Otros síntomas frecuentes son dolor abdominal, tos
y dolor al respirar, causado por la inflamación de la pleura
(membrana que recubre los pulmones). Se puede acumular líquido
entre las capas de la pleura (estado conocido como derrame pleural)
y se pueden agrandar los ganglios linfáticos del interior del
pecho. Los afectados por la enfermedad de Whipple a veces desarrollan
soplos cardíacos, los cuales indican que la infección
ha alcanzado el corazón, o agrandamiento del hígado, que
generalmente indica lesión de este órgano. La confusión,
la pérdida de memoria o los movimientos incontrolados de los
ojos indican que la infección ha alcanzado el cerebro. Sin tratamiento,
la enfermedad es progresiva y mortal.
El diagnóstico de la enfermedad de Whipple
se establece mediante la biopsia del intestino delgado o de un ganglio
linfático agrandado que pondrá de manifiesto anormalidades
microscópicas características.
Tratamiento
La enfermedad de Whipple se puede curar con antibióticos
como tetraciclina, sulfasalacina, ampicilina y penicilina. Los síntomas
mejoran rápidamente, pero la recuperación completa de
los tejidos puede requerir más de 2 años. La enfermedad
puede recurrir.
Linfangiectasia intestinal
La linfangiectasia intestinal (hipoproteinemia idio-pática)
es un trastorno de los niños y adultos jóvenes, en los
que se agrandan los vasos linfáticos de la mucosa del intestino
delgado.
El aumento de tamaño de los vasos linfáticos
puede ser un defecto congénito. Pero en la edad adulta puede
ser consecuencia de la inflamación del páncreas (pancreatitis)
o del endurecimiento del saco que recubre el corazón (pericarditis
constrictiva), lo cual incrementa la presión en el sistema linfático.
Síntomas y diagnóstico
Una persona con linfangiectasia tiene una retención
masiva de líquidos (edema) debido a que el líquido de
los tejidos no puede drenarse de manera eficiente a través de
los vasos linfáticos agrandados y obstruidos. El edema puede
afectar a diferentes partes del organismo de modo irregular, dependiendo
de cuáles son los vasos linfáticos afectados. Por ejemplo,
el líquido puede acumularse en la cavidad abdominal o en la pleural.
Se pueden desarrollar también náuseas,
vómitos, diarrea leve y dolor abdominal y disminuir el número
de linfocitos en la sangre. Se pierden proteínas porque la linfa
escapa de los vasos linfáticos hacia el intestino y las heces,
y por lo tanto baja el valor de proteínas en la sangre. Estos
bajos valores de proteínas pueden causar una mayor hinchazón
de los tejidos. Los valores de colesterol en la sangre pueden ser anormalmente
bajos debido a que su absorción es deficiente. Algunos pacientes
presentan heces con gran contenido en grasa.
Para ayudar al diagnóstico de este trastorno,
el médico puede aplicar una inyección intravenosa de albúmina
marcada con una sustancia radiactiva. Si aparecen concentraciones anormales
de esta sustancia en las heces, quiere decir que existe una pérdida
excesiva de proteínas. Una biopsia del intestino delgado pone
de manifiesto que los vasos linfáticos están agrandados.
Tratamiento
La linfangiectasia intestinal se trata corrigiendo
la causa del agrandamiento de los vasos linfáticos. Por ejemplo,
se puede aliviar la presión de los vasos linfáticos tratando
la pericarditis constrictiva.
Algunos pacientes mejoran con una dieta baja en
grasas y tomando suplementos de ciertos triglicéridos, que, tras
ser absorbidos, pasan directamente a la sangre y no a través
de los vasos linfáticos. Si sólo se afecta a una parte
pequeña del intestino, ésta puede ser extirpada quirúrgicamente.