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TRASTORNOS GASTROINTESTINALES
CAPITULO 108
Enfermedades inflamatorias del intestino
Las enfermedades inflamatorias del intestino
son trastornos crónicos en los que se inflama el intestino, ocasionando
a menudo retortijones abdominales recurrentes y diarrea.
Los dos tipos de enfermedad inflamatoria del intestino
son la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, que tienen muchas
similitudes, siendo a veces difícil distinguir una de otra. No
se conoce la causa de estas enfermedades.
Enfermedad de Crohn
La enfermedad de Crohn (enteritis regional, ileítis
granulomatosa, ileocolitis) es una inflamación crónica
de la pared intestinal.
Típicamente la enfermedad afecta a todo el
grosor de la pared intestinal. Lo más habitual es que se manifieste
en la porción más baja del intestino delgado (íleon)
y el intestino grueso, pero puede ocurrir en cualquier tramo del tracto
gastrointestinal desde la boca hasta el ano, incluso en la piel alrededor
de éste.
En las últimas décadas, la incidencia
de la enfermedad de Crohn ha aumentado tanto en los países occidentales
como en los países en vía de desarrollo. Ocurre aproximadamente
en igual proporción en ambos sexos, es más común
en la etnia judía y tiende a darse en familias con historia de
colitis ulcerosa. Casi todos los casos se presentan antes de los 30
años, pero la mayoría comienza entre los 14 y los 24 años.
En cada individuo, la enfermedad afecta a un área
específica del intestino, a veces dejando áreas normales
(áreas intercaladas) entre las zonas afectadas. En alrededor
del 35 por ciento de los que padecen la enfermedad de Crohn, sólo
se afecta el íleon. En el 20 por ciento, sólo se afecta
el intestino grueso. Y en el 45 por ciento restante se afectan tanto
el íleon como el intestino grueso.
La causa de la enfermedad de Crohn es desconocida.
Las investigaciones se han centrado en tres posibilidades principales:
una disfunción del sistema inmunitario, una infección
y la dieta.
Síntomas y complicaciones
Los primeros síntomas más característicos
de la enfermedad de Crohn consisten en diarrea crónica, dolor
abdominal de tipo retortijones, fiebre, pérdida del apetito y
pérdida de peso. El médico puede sentir a la palpación
un bulto o una sensación de plenitud en la parte baja del abdomen,
la mayoría de las veces en el lado derecho.
Las
frecuentes complicaciones de la inflamación incluyen el desarrollo
de una obstrucción intestinal, canales de comunicación
anormales (fístulas) y abscesos (bolsas de infección llenas
de pus). Las fístulas se pueden desarrollar entre dos porciones
diferentes del intestino. También pueden comunicar el intestino
y la vejiga urinaria o el intestino y la superficie de la piel, especialmente
alrededor del ano. La perforación del intestino delgado es una
complicación rara. Cuando el intestino grueso resulta afectado
por la enfermedad de Crohn, generalmente se presenta una hemorragia
rectal; al cabo de muchos años, se incrementa el riesgo de cáncer
de colon. Alrededor de un tercio de los que desarrollan la enfermedad
de Crohn tiene problemas alrededor del ano, especialmente fístulas
y grietas (fisuras) en su revestimiento mucoso.
La enfermedad de Crohn se asocia con ciertos trastornos
que afectan a otras partes del cuerpo, como cálculos biliares,
una inadecuada absorción de nutrientes y depósitos amiloides
(amiloidosis). Cuando la enfermedad de Crohn causa una reactivación
de los síntomas gastrointestinales, el paciente puede también
experimentar inflamación de las articulaciones (artritis), inflamación
del blanco de los ojos (episcleritis), llagas en la boca (estomatitis
aftosa), nódulos cutáneos dolorosos en los brazos y las
piernas (eritema nudoso) y úlceras en la piel de color pardusco
que contienen pus (pioderma gangrenoso). Incluso cuando la enfermedad
de Crohn no está causando una reactivación de los síntomas
gastrointestinales, el enfermo todavía puede experimentar inflamación
de la columna vertebral (espondilitis anquilosante), inflamación
de las articulaciones de la pelvis (sacroilitis), inflamación
dentro de los ojos (uveítis) e inflamación de los conductos
biliares (colangiitis esclerosante primaria).
En los niños, los síntomas gastrointestinales
como el dolor abdominal y la diarrea a menudo no son los de mayor importancia,
e incluso puede que nunca se manifiesten. Los síntomas principales
pueden ser inflamaciones articulares, fiebre, anemia o retraso del crecimiento.
Algunos individuos se recuperan completamente después
de haber presentado un solo ataque que haya afectado al intestino delgado.
Sin embargo, la enfermedad de Crohn generalmente se reactiva a intervalos
regulares a lo largo de toda la vida. Estas reactivaciones pueden ser
leves o graves, breves o prolongadas. Se desconoce por qué los
síntomas aparecen y desaparecen y qué es lo que desencadena
nuevos episodios o determina su gravedad. La inflamación tiende
a recurrir en la misma área intestinal previamente afectada,
pero si ésta ha sido extirpada quirúrgicamente, puede
extenderse a otras áreas.
Diagnóstico
El médico puede sospechar una enfermedad
de Crohn en cualquier persona que presente dolor abdominal de tipo cólico
y diarrea recurrente, particularmente si presenta también inflamaciones
articulares, oculares y cutáneas. Ninguna prueba de laboratorio
identifica específicamente la enfermedad, aunque éstas
pueden revelar una anemia, un número anormalmente elevado de
glóbulos blancos, bajos valores de albúmina y otros signos
inflamatorios.
Las radiografías con enemas de bario pueden
evidenciar el aspecto característico de la enfermedad de Crohn
en el colon. En casos poco claros, la colonoscopia (examen del intestino
grueso con un tubo flexible de visualización) y una biopsia pueden
ayudar a confirmarlo. Aunque la tomografía computadorizada (TC)
suele mostrar los cambios en la pared del intestino e identifica los
abscesos, no suele utilizarse de modo rutinario como un método
de diagnóstico inicial.
Tratamiento y pronóstico
No existe tratamiento curativo para la enfermedad
de Crohn, aunque muchos tratamientos reducen la inflamación y
alivian los síntomas. Los retortijones y la diarrea pueden aliviarse
con fármacos anticolinérgicos, difenoxilato, loperamida,
tintura de opio alcanforada o codeína. Se administran por vía
oral, preferentemente antes de las comidas. La ingesta de preparaciones
de metilcelulosa o de psilio previenen a veces la irritación
anal, al hacer que las heces se vuelvan más compactas.
Enfermedad de Crohn
Una complicación de la inflamación
crónica del intestino, puede ser la formación
de áreas de estrechez, que en ocasiones pueden ser causa
de obstrucción intestinal.
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A menudo se prescriben antibióticos de amplio
espectro (antibióticos que son eficaces contra diversos tipos
de bacterias). El metronidazol alivia los síntomas de la enfermedad
de Crohn, especialmente cuando afecta al colon o existen fístulas
o abscesos alrededor del ano. Sin embargo, cuando se administra durante
mucho tiempo, el metronidazol puede dañar los nervios, provocando
sensaciones de hormigueo en los brazos y las piernas. Este efecto secundario
generalmente desaparece cuando se suspende el fármaco, pero son
frecuentes las reactivaciones de la enfermedad de Crohn tras suspender
los antibióticos.
La sulfasalacina y los fármacos relacionados
químicamente con ella mejoran la inflamación leve, especialmente
en el intestino grueso. Sin embargo, estos fármacos son menos
eficaces en las reactivaciones repentinas y graves.
Los corticosteroides como la prednisona pueden reducir
drásticamente la fiebre y la diarrea, el dolor y las molestias
abdominales, mejorando el apetito y la sensación de bienestar.
Sin embargo, el tratamiento a largo plazo con corticosteroides conlleva
graves efectos secundarios. Generalmente, para aliviar las inflamaciones
y los síntomas mayores se prescriben dosis elevadas; luego se
reducen, interrumpiendo el fármaco tan pronto como sea posible.
Los medicamentos como la azatioprina y la mercaptopurina,
que modulan las acciones del sistema inmunitario, son eficaces para
la enfermedad de Crohn que no responde a otros fármacos y son
especialmente útiles para mantener largos períodos de
remisión. Esto mejora significativamente las condiciones generales
de la persona, disminuye la necesidad de corticosteroides y suele curar
las fístulas. Sin embargo, estos fármacos a menudo son
ineficaces una vez pasados 3 o 6 meses y pueden tener efectos secundarios
potencialmente graves. Por lo tanto, el médico controla estrechamente
a la persona que los toma en busca de alergias, inflamación del
páncreas (pancreatitis) y una disminución del recuento
de glóbulos blancos.
Las fórmulas dietéticas específicas,
en las que cada componente nutricional es medido con precisión,
pueden mejorar los cuadros de obstrucción intestinal o las fístulas,
al menos durante cortos períodos de tiempo; también ayudan
a que los niños tengan un crecimiento adecuado. Estos regímenes
alimentarios deben probarse antes de someter al afectado a la cirugía
o a ésta además de cualquier otro tratamiento anterior.
Ocasionalmente, las personas con enfermedad de Crohn requieren una nutrición
parenteral total o una hiperalimentación; para ello se administran
los nutrientes concentrados por vía intravenosa con el fin de
compensar la escasa absorción de los mismos, típica de
la enfermedad de Crohn.
Cuando se obstruye el intestino o no sanan los abscesos
o las fístulas, es necesario recurrir a la cirugía. Una
intervención para extirpar las áreas enfermas del intestino
puede aliviar los síntomas de modo permanente, pero no cura la
enfermedad. Una segunda operación es necesaria en alrededor del
50 por ciento de los casos. En consecuencia, la cirugía se reserva
solamente para los casos en que se presentan complicaciones específicas
o si falla el tratamiento farmacológico. En general, las personas
que han sido intervenidas quirúrgicamente consideran que su calidad
de vida ha mejorado a raíz de la misma.
La enfermedad de Crohn generalmente no acorta la
vida de los afectados. Sin embargo, algunas personas mueren de cáncer
del tracto gastrointestinal, el cual se puede desarrollar cuando la
enfermedad de Crohn es de muy larga evolución.
Colitis ulcerosa
La colitis ulcerosa es una enfermedad crónica
en la que el intestino grueso se inflama y ulcera, provocando diarrea
con sangre, retortijones y fiebre.
La
colitis ulcerosa puede comenzar a cualquier edad, pero generalmente
lo hace entre los 15 y los 30 años. Una minoría de los
afectados sufre su primer ataque entre los 50 y los 70 años.
A diferencia de la enfermedad de Crohn, la colitis
ulcerosa generalmente no afecta al grosor completo de la pared intestinal
y nunca al intestino delgado. La enfermedad suele comenzar en el recto
o en el colon sigmoide (la parte baja final del intestino grueso), extendiéndose
de forma parcial o total por el intestino grueso. En algunas personas
se afecta la mayor parte del intestino grueso desde un principio.
Cerca del 10 por ciento de las personas que parecen
estar afectadas de colitis ulcerosa sufre un único ataque. Sin
embargo, algunos de estos casos pueden deberse a una infección
no detectada, más que a una colitis ulcerosa.
La causa de la colitis ulcerosa no se conoce, pero
pueden contribuir a este trastorno factores como la herencia y una respuesta
inmune intestinal hiperactiva.
Síntomas
Un ataque puede ser súbito e intenso, produciendo
una diarrea violenta, fiebre alta, dolor abdominal y peritonitis (inflamación
del revestimiento abdominal). Durante estos ataques, el paciente se
encuentra profundamente debilitado. Sin embargo, lo más frecuente
es que los ataques comiencen gradualmente y que la persona sienta una
necesidad urgente de defecar, retortijones leves en la región
baja del abdomen, y sangre y moco visibles en las heces.
Cuando la enfermedad se limita al recto y al colon
sigmoide, las heces pueden ser normales o bien duras y secas; sin embargo,
durante las deposiciones, o entre las mismas, se expulsa por el recto
moco que contiene un gran número de glóbulos rojos y blancos.
Los síntomas generales de enfermedad, como la fiebre, son leves
o inexistentes.
Si la afección se extiende más arriba
por el intestino grueso, las heces se vuelven muy blandas y el paciente
puede tener de 10 a 20 evacuaciones al día. A menudo, presenta
retortijones intensos y espasmos rectales, angustiosos y dolorosos que
se acompañan de urgencia de defecar. No hay alivio durante la
noche. Las heces pueden ser líquidas y contener pus, sangre y
moco. Con frecuencia, las heces son prácticamente sustituidas
por sangre y pus. Puede haber fiebre, falta de apetito y pérdida
de peso.
Complicaciones
La hemorragia, la complicación más
frecuente, a menudo causa anemia por déficit de hierro. En casi
el 10 por ciento de los afectados por colitis ulcerosa, existe un primer
ataque rápidamente progresivo y grave, con hemorragia masiva,
perforación o infección diseminada.
La colitis tóxica es una complicación
particularmente grave en la que se daña la totalidad del grosor
de la pared intestinal. Esta lesión causa un íleo (estado
en el que se detiene el movimiento de la pared intestinal, interrumpiendo
el tránsito) y se desarrolla una distensión abdominal.
Conforme empeora la colitis tóxica, el colon pierde su tono muscular
y en el plazo de días (o incluso de horas) comienza a dilatarse.
Las radiografías de abdomen muestran gas dentro de la porción
de intestino paralizada. Cuando el colon se distiende exageradamente,
el cuadro se conoce como megacolon tóxico. El estado general
del afectado es grave y puede tener fiebre alta y dolor en el abdomen
espontáneamente o a la palpación, además de un
aumento en el recuento de glóbulos blancos.
Sin embargo, si se instaura un tratamiento inmediato
y eficaz, en menos del 4 por ciento de los casos se produce un fallecimiento.
La posibilidad de muerte aumenta si se desarrolla una ulceración
que perfora el intestino.
El riesgo de cáncer de colon es más
alto en las personas con colitis ulcerosa extensa y de larga evolución.
Dicho riesgo es todavía mayor cuando se encuentra afectada la
totalidad del intestino grueso o cuando la persona ha padecido la enfermedad
durante más de 10 años, independientemente del grado de
actividad de la misma. Las personas con alto riesgo de desarrollar cáncer
deberían someterse a una colonoscopia (examen del intestino grueso
utilizando un tubo flexible de visualización) a intervalos regulares.
Durante la misma, se obtienen muestras de tejido de todo el intestino
grueso para su examen al microscopio. El uno por ciento de las personas
con esta enfermedad desarrolla cáncer de colon cada año.
La mayoría sobrevive si el diagnóstico se establece en
una fase inicial.
Al igual que la enfermedad de Crohn, la colitis
ulcerosa se acompaña también de trastornos que afectan
a otras partes del cuerpo. Cuando la colitis ulcerosa causa una reactivación
de los síntomas intestinales, el enfermo puede experimentar inflamación
de las articulaciones (artritis), inflamación del blanco de los
ojos (episcleritis), nódulos de la piel inflamados (eritema nudoso)
y llagas cutáneas de color pardo cargadas de pus (pioderma gangrenoso).
Cuando la colitis ulcerosa no genera síntomas intestinales, el
afectado también puede sufrir inflamación de la columna
(espondilitis anquilosante), de las articulaciones pélvicas (sacroileítis)
y del interior de los ojos (uveítis).
Aunque las personas con colitis ulcerosa padecen
con frecuencia una disfunción hepática leve, sólo
alrededor del 1 al 3 por ciento presentan síntomas de enfermedad
hepática, de intensidad moderada a grave. La enfermedad en su
forma grave puede consistir en una inflamación del hígado
(hepatitis crónica activa) y de las vías biliares (colangiitis
esclerosante primaria), que se estrechan y finalmente se obstruyen;
en ocasiones también se produce una sustitución del tejido
funcional hepático por material fibroso (cirrosis). La inflamación
de las vías biliares puede aparecer muchos años antes
que cualquier otro síntoma intestinal de la colitis ulcerosa
y, además, dicha inflamación incrementa el riesgo de cáncer
de las vías biliares.
Diagnóstico
Los síntomas del paciente y un examen de
las heces ayudan a establecer el diagnóstico. Los análisis
de sangre ponen de manifiesto la presencia de anemia, un incremento
del número de glóbulos blancos, un valor disminuido de
albúmina y una velocidad de sedimentación globular acelerada.
La sigmoidoscopia (un examen del colon sigmoide mediante un tubo flexible
de visualización) confirma el diagnóstico y permite al
médico observar directamente la intensidad de la inflamación.
Incluso durante los intervalos libres de síntomas, el intestino
raramente tiene un aspecto normal y el examen al microscopio de una
muestra de tejido recogida en esos momentos muestra inflamación
crónica.
Una radiografía del abdomen puede indicar
la gravedad y la extensión de la enfermedad. Habitualmente, los
estudios de radiología con enemas de bario y la colonoscopia
no se realizan antes del inicio del tratamiento, porque existe el riesgo
de perforación durante las fases agudas de la enfermedad.
Sin embargo, en algún momento de la evolución,
se evalúa la totalidad del intestino grueso por colonoscopia
o por radiografía con enema de bario, con el fin de determinar
la extensión de la enfermedad y para asegurarse de que no exista
un cáncer.
La inflamación del colon puede ser provocada
por otras causas además de por la colitis ulcerosa. Por consiguiente,
el médico intenta determinar si la inflamación es causada
por una infección por bacterias o parásitos. Las muestras
de materia fecal obtenidas durante la sigmoidoscopia son examinadas
al microscopio y cultivadas para descartar la existencia de bacterias.
Se analizan muestras de sangre para determinar si la persona pudo haber
contraído una infección por parásitos, por ejemplo,
durante un viaje. Las muestras de tejido se toman del revestimiento
del recto y se examinan al microscopio.
El médico también intenta descartar
una enfermedad de transmisión sexual del recto (como la gonorrea,
una infección por el virus del herpes o una infección
por clamidias), especialmente si el paciente es un varón homosexual.
En las personas mayores con arterioesclerosis, la inflamación
puede deberse a un aporte deficiente de sangre al intestino grueso.
El cáncer de colon raramente produce fiebre
o una secreción de pus por el recto, pero en cambio el médico
debe considerar el cáncer como una posible causa en el caso de
una diarrea sanguinolenta.
Tratamiento
El tratamiento se dirige a controlar la inflamación,
reducir los síntomas y reemplazar cualquier pérdida de
líquidos y nutrientes. Debe evitarse el consumo de frutas crudas
y de vegetales para reducir las lesiones del revestimiento inflamado
del intestino grueso. Una dieta libre de productos lácteos puede
disminuir los síntomas. Los suplementos de hierro compensan la
anemia causada por las pérdidas de sangre por las heces.
Para la diarrea relativamente leve se administran
fármacos anticolinérgicos o pequeñas dosis de loperamida.
Si es más intensa, pueden necesitarse mayores dosis de difenoxilato
o tintura de opio alcanforada, loperamida o codeína. En casos
graves, el médico controla al paciente bajo tratamiento con estos
fármacos antidiarreicos para evitar que se precipite el desarrollo
de un megacolon tóxico.
La sulfasalacina, la olsalazina o la mesalazina
se usan a menudo para reducir la inflamación de la colitis ulcerosa
y prevenir la reactivación de los síntomas. Estos fármacos
se toman generalmente por vía oral, pero pueden ser administrados
en enemas o en supositorios.
Los pacientes con una enfermedad moderada o grave
y que no están encamados, toman habitualmente corticosteroides
orales como la prednisona. La prednisona en dosis relativamente elevadas,
con frecuencia induce una drástica remisión. Una vez que
la prednisona controla la inflamación de la colitis ulcerosa,
se añade también sulfasalacina, olsalazina y mesalazina.
Gradualmente, la dosis de prednisona se va disminuyendo
y finalmente se suspende por completo. El tratamiento prolongado con
corticosteroides produce casi siempre efectos secundarios, aunque la
mayoría desaparece al interrumpir la administración del
fármaco. Cuando la colitis ulcerosa de leve a moderada se limita
a la parte izquierda del intestino grueso (colon descendente) y el recto,
pueden administrarse enemas con corticosteroides o con mesalamina.
Si la enfermedad se agrava, la persona es hospitalizada
y se le administran corticosteroides por vía intravenosa. Si
aparecen hemorragias copiosas por el recto puede que sea necesaria una
transfusión de sangre y líquidos intravenosos.
La azatioprina y la mercaptopurina se han utilizado
para mantener las remisiones en los pacientes con colitis ulcerosa,
que de otro modo hubieran necesitado un tratamiento a largo plazo con
corticosteroides. La ciclosporina se ha administrado en algunas personas
que han sufrido ataques graves y que no han respondido al tratamiento
con corticosteroides.
Sin embargo, alrededor del 50 por ciento de estos
pacientes finalmente requiere un tratamiento quirúrgico.
Cirugía
La colitis tóxica es una urgencia. Tan pronto
como el médico la detecta o sospecha que pueda desarrollarse
un megacolon tóxico, se suprimen todos los fármacos antidiarreicos,
se mantiene al paciente en ayuno absoluto, se le coloca una sonda por
la nariz hasta el estómago o el intestino y se le conecta a un
sistema de aspiración intermitente. Todos los líquidos,
nutrientes y medicamentos se administran por vía intravenosa.
Se controla estrechamente a la persona con el fin de detectar signos
de peritonitis o de perforación. Si estas medidas no consiguen
mejorar el estado de la persona en 24 o 48 horas, debe practicarse una
cirugía de urgencia, que consiste en eliminar todo o gran parte
del intestino grueso.
Si se detecta un cáncer o se identifican
cambios precancerosos en el colon se realiza una cirugía programada.
Tal intervención puede también practicarse en caso de
estrechamiento del intestino grueso o de retraso en el crecimiento de
los niños. El motivo más frecuente de tratamiento quirúrgico
es la existencia de enfermedad crónica y sin remisiones que de
otra forma volvería inválido al paciente o lo haría
crónicamente dependiente de altas dosis de corticosteroides.
En algunos pocos casos, pueden requerir cirugía
los problemas graves relacionados con la colitis fuera del intestino,
como el pioderma gangrenoso.
La colitis ulcerosa se cura con la extirpación
quirúrgica total del colon y del recto. La consecuencia de este
tratamiento es que el paciente debe vivir con una ileostomía
permanente (conexión quirúrgica entre la porción
más baja del intestino delgado y una abertura en la pared abdominal)
con su correspondiente bolsa.
Sin embargo, existen varios procedimientos
alternativos disponibles. El más común consiste en una
técnica llamada anastomosis ileoanal. En este procedimiento,
se extirpa el intestino grueso y la mayor parte del recto, creando un
pequeño reservorio fuera del intestino delgado que se une a la
porción remanente del recto por encima del ano. De este modo
la continencia se mantiene, aunque pueden ocurrir complicaciones, como
la inflamación del reservorio.