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TRASTORNOS GASTROINTESTINALES
CAPITULO 107
Trastornos del tránsito intestinal
El funcionamiento del intestino varía
en gran medida no sólo de persona a persona sino también
en un mismo individuo en diferentes momentos. Puede resultar afectado
por la dieta, el estrés, los fármacos, las enfermedades
e incluso los patrones sociales y culturales. En la mayoría de
las sociedades occidentales, el número normal de evacuaciones
varía desde 2 a 3 a la semana hasta 2 a 3 al día. Los
cambios en la frecuencia, consistencia o volumen de las evacuaciones
o la presencia de sangre, moco, pus o un exceso de materia grasa en
las heces pueden indicar una enfermedad.
Estreñimiento
El estreñimiento o constipación es
un trastorno en el que la persona tiene evacuaciones molestas o poco
frecuentes.
Una persona con estreñimiento produce heces
duras que pueden resultar difíciles de expulsar. También
puede sentir como si el recto no se vaciase del todo. El estreñimiento
agudo se inicia de forma repentina y la persona se da cuenta claramente
de ello. El crónico, por otro lado, puede comenzar de modo insidioso
y persistir durante meses o años.
A menudo la causa del estreñimiento agudo
no es más que un cambio reciente en la dieta o un descenso en
la actividad física (por ejemplo, cuando una persona guarda cama
durante un día o dos debido a una enfermedad). Muchos fármacos,
por ejemplo el hidróxido de aluminio (principio activo común
de los antiácidos de venta sin receta médica), las sales
de bismuto, las sales de hierro, los anticolinérgicos, los antihipertensores,
los opiáceos y muchos tranquilizantes y sedantes pueden causar
estreñimiento. En ocasiones, el estreñimiento agudo puede
estar causado por problemas graves, como una obstrucción del
intestino grueso, un aporte deficiente de sangre al mismo y una lesión
nerviosa o de la médula espinal.
Son causas frecuentes del estreñimiento crónico
una escasa actividad física y una dieta pobre en fibra. Otras
causas pueden ser una glándula tiroides hipoactiva (hipotiroidismo),
altos valores de calcio en sangre (hipercalcemia) y la enfermedad de
Parkinson. Una disminución de las contracciones del intestino
grueso (colon inactivo) y de las concomitantes con la defecación
conducen también al estreñimiento crónico. Los
factores psicológicos son causas habituales de estreñimiento
agudo y crónico.
Tratamiento
Cuando una enfermedad causa estreñimiento,
ésta debe ser tratada. En otras ocasiones, la mejor manera de
tratar y prevenir el estreñimiento es con una combinación
de ejercicio adecuado, una dieta rica en fibra y el uso ocasional de
medicación adecuada.
Los vegetales, las frutas y el salvado son fuentes
excelentes de fibra. Muchas personas encuentran que es útil tomar
con la fruta, 2 o 3 veces al día, 2 o 3 cucharadas soperas de
salvado sin refinar o de cereales con alto contenido en fibra. Para
que esto resulte eficaz, la fibra debe acompañarse de la ingesta
de abundante líquido.
Laxantes
Muchas personas utilizan los laxantes para aliviar
el estreñimiento. El uso de algunos es seguro a largo plazo,
mientras que otros deberían ser utilizados sólo de modo
ocasional. Algunos laxantes son buenos para la prevención del
estreñimiento y otros se pueden administrar para su tratamiento.
Los agentes formadores de volumen (salvado, psilio,
policarbófilo de calcio y metilcelulosa) añaden volumen
a las heces. El volumen incrementado estimula las contracciones naturales
del intestino y las heces voluminosas son más blandas y más
fáciles de expulsar. Los agentes formadores de volumen actúan
lenta y suavemente y se consideran uno de los métodos más
seguros para promover unas evacuaciones regulares. Estos productos se
toman al principio en pequeñas cantidades. La dosis se incrementa
de modo gradual hasta que se alcanza la regularidad. Las personas que
utilizan agentes formadores de volumen deben también beber líquido
en abundancia.
Los agentes emolientes (reblandecedores), como el
docusato, incrementan la cantidad de agua en las heces. De hecho, estos
laxantes son detergentes que disminuyen la tensión superficial
de las heces, permitiendo que el agua penetre en ellas con más
facilidad y las ablande. El aumento de la masa fecal estimula las contracciones
naturales del intestino grueso y ayuda a que las heces reblandecidas
se desplacen con mayor facilidad hacia el exterior del organismo.
El aceite mineral ablanda las heces y facilita su
eliminación del cuerpo. Sin embargo, puede disminuir la absorción
de ciertas vitaminas liposolubles. Por otro lado, si una persona (por
ejemplo, alguien que se encuentre debilitado) inhala de modo accidental
(aspira) aceite mineral, podría sufrir una grave irritación
pulmonar. Además, el aceite mineral rezuma por el recto.
Los agentes osmóticos atraen grandes cantidades
de agua al intestino grueso, volviendo las heces blandas y flojas. El
exceso de líquido también tensa las paredes del intestino
grueso, estimulando las contracciones. Estos laxantes consisten en sales
(habitualmente de fosfato, magnesio o sulfato) o azúcares que
casi no se absorben (por ejemplo, lactulosa y sorbitol). Algunos agentes
osmóticos contienen sodio y por ello pueden provocar retención
de líquidos en personas con enfermedad renal o insuficiencia
cardíaca, especialmente cuando se administran en dosis elevadas
o de forma muy frecuente. Los agentes osmóticos que contienen
magnesio y fosfato pasan parcialmente a la sangre, pudiendo ser perjudiciales
en personas con insuficiencia renal. Estos laxantes suelen actuar en
el plazo de 3 horas y son mejores en el tratamiento del estreñimiento
que en su prevención. También se utilizan para limpiar
de heces el intestino antes de una exploración radiológica
del tracto digestivo (gastrointestinal) y antes de la realización
de una colonoscopia (examen del intestino grueso mediante un tubo flexible
de visualización).
Los laxantes estimulantes estimulan directamente
las paredes del intestino grueso, provocando su contracción y
desplazando las heces. Contienen sustancias irritantes como el sen,
la cáscara, la fenolftaleína, el bisacodilo o el aceite
de ricino. Generalmente provocan una evacuación semisólida
en el plazo de 6 a 8 horas, pero a menudo causan también retortijones.
Cuando se administran en forma de supositorios, suelen actuar en 15
a 60 minutos. El uso prolongado de laxantes estimulantes puede dañar
el intestino grueso. Las personas que los utilizan también pueden
volverse adictas a estos laxantes, desarrollando el síndrome
del intestino perezoso, lo cual crea dependencia de ellos. Los laxantes
estimulantes son utilizados a menudo para vaciar el intestino grueso
antes de la realización de pruebas diagnósticas y para
prevenir o tratar el estreñimiento causado por los fármacos
que retrasan las contracciones del intestino grueso, como los opiáceos.
Estreñimiento psicógeno
Muchas personas creen tener estreñimiento
si no hacen una deposición cada día. Otras piensan que
tienen estreñimiento si les parece anormal la apariencia o la
consistencia de sus heces. Sin embargo, efectuar evacuaciones cada día
no significa que sean necesariamente normales y, al revés, una
menor frecuencia no indica necesariamente un problema, a menos que represente
un cambio sustancial con respecto a la situación previa. Lo mismo
se puede decir acerca del color y la consistencia de la materia fecal.
A no ser que se produzca un gran cambio en estas características,
la persona probablemente no sufre de estreñimiento.
Tales conceptos erróneos acerca del estreñimiento
pueden conducir a un tratamiento excesivo, especialmente en lo que se
refiere al uso prolongado de laxantes estimulantes, supositorios irritantes
y enemas. Este tratamiento puede dañar gravemente el intestino
grueso o inducir el síndrome del intestino perezoso y la melanosis
coli (cambios anormales del revestimiento del intestino grueso causados
por el depósito de un pigmento).
Antes de establecer el diagnóstico de estreñimiento
psicógeno, el médico se asegura primero de que no existe
un problema orgánico subyacente responsable de las evacuaciones
irregulares. Puede ser necesario realizar ciertas pruebas diagnósticas,
como una sigmoidoscopia (un examen del colon sigmoide mediante un tubo
flexible de visualización) o una enema con papilla de bario.
Si no existe una causa orgánica subyacente, la persona ha de
aceptar su ritmo deposicional y no insistir en conseguir un patrón
más regular.
Inercia colónica
La inercia colónica (colon inactivo) consiste
en una disminución de las contracciones del intestino grueso
o una falta de sensibilidad del recto a la presencia de heces, lo cual
conduce a un estreñimiento crónico.
La inercia colónica a menudo ocurre en personas
de edad avanzada, debilitadas o encamadas, pero también en mujeres
jóvenes y sanas. El intestino grueso deja de responder a los
estímulos que provocan habitualmente las deposiciones: la comida,
el llenado del estómago y del intestino grueso, y la presencia
de heces en el recto. Los fármacos que se usan para tratar algunas
enfermedades a menudo causan o empeoran el problema, especialmente los
opiáceos (como la codeína) y los fármacos con propiedades
anticolinérgicas (como la amitriptilina para la depresión
o la propantelina para la diarrea). La inercia colónica se presenta
en ocasiones en personas que habitualmente retrasan sus deposiciones
o que han usado laxantes o enemas durante mucho tiempo.
Síntomas
El estreñimiento es un problema de cada día
y que debe contemplarse a largo plazo; puede acompañarse o no
de molestias abdominales. A menudo el médico encuentra el recto
lleno de heces blandas, incluso aunque la persona no presente necesidad
de defecar y que además sólo pueda hacerlo con dificultades.
Las personas con este trastorno pueden desarrollar
una impactación fecal, en la que la materia fecal de la parte
final del intestino grueso y del recto se endurece y bloquea el paso
de otras. Esta obstrucción produce retortijones, dolor en el
recto y esfuerzos inútiles para realizar la deposición.
A menudo, alrededor de la obstrucción rezuma un material mucoso
líquido, dando a veces la falsa sensación de diarrea.
Tratamiento
Para la inercia colónica, a veces se recomiendan
supositorios o enemas con 60 a 90 mililitros de agua, agua y sales (enemas
salinas) o aceites como el de oliva. Para la impactación fecal,
también se necesitan laxantes (generalmente los agentes osmóticos).
A veces el médico o la enfermera deben retirar las heces duras
con una sonda o con el dedo.
Las personas que tienen inercia colónica
deberían intentar realizar una deposición diaria, preferiblemente
entre 15 y 45 minutos después de comer, porque la ingesta estimula
las deposiciones. El ejercicio a menudo también ayuda.
Disquesia
La disquesia es la dificultad para la defecación
causada por una incapacidad para controlar los músculos de la
pelvis y del ano.
Para realizar una evacuación adecuada se
requiere la relajación de los músculos de la pelvis y
los músculos circulares (esfínteres) que mantienen el
ano cerrado. En caso contrario, los esfuerzos para defecar son inútiles,
incluso aunque éstos sean muy considerables. Las personas con
disquesia sienten necesidad de evacuar, pero no pueden hacerlo. Incluso
la materia fecal no endurecida puede ser difícil de expulsar.
Las situaciones que pueden interferir con los movimientos
musculares incluyen la discinesia del suelo de la pelvis (una alteración
de la coordinación muscular), el anismo (una situación
en la que los músculos no consiguen relajarse o, por el contrario,
se contraen durante la defecación), un rectocele (herniación
del recto dentro de la vagina), un enterocele (herniación del
intestino delgado dentro del recto), una úlcera rectal o un prolapso
rectal.
El tratamiento con laxantes en general no es satisfactorio.
Actualmente, se están probando los ejercicios de relajación
y de autorregulación para la discinesia del suelo de la pelvis
y parecen ser prometedores. Para reparar un enterocele o un gran rectocele,
puede ser necesaria una intervención quirúrgica. El estreñimiento
puede ser tan grave que requiera la asistencia del médico o de
una enfermera para retirar las heces con una sonda o con el dedo.
Diarrea
La diarrea es un incremento en el volumen, fluidez
o frecuencia de las deposiciones.
Una persona con una diarrea causada por un problema
médico significativo habitualmente elimina un gran volumen de
materia fecal, a menudo más de medio kilo de heces al día.
La gente que ingiere grandes cantidades de fibra vegetal puede producir
normalmente más de un kilo, pero están bien formadas y
no son líquidas. Normalmente, las heces contienen entre un 60
y un 90 por ciento de agua; la diarrea ocurre cuando se supera el 90
por ciento.
La
diarrea osmótica ocurre cuando ciertas sustancias que no pueden
ser absorbidas por el flujo sanguíneo permanecen en el intestino.
Estas sustancias hacen que una excesiva cantidad de agua permanezca
en las heces, generando una diarrea. Ciertos alimentos (como algunas
frutas y las judías (fríjoles) y los hesites, sorbibles
y matinales (usados como sustitutos del azúcar en algunos regímenes
dietéticos, dulces y goma de mascar) pueden causar diarrea osmótica.
También la puede causar una deficiencia de lactasa. Ésta
es una enzima que normalmente se encuentra en el intestino delgado y
que convierte el azúcar de la leche (lactosa) en glucosa y galactosa,
de tal forma que pueden ser absorbidos y pasar al flujo sanguíneo.
Cuando las personas con deficiencia de lactasa beben leche o consumen
productos lácteos, la lactosa no es transformada. Al acumularse
en el intestino, provoca diarrea osmótica. La intensidad de la
diarrea osmótica depende de la cantidad de sustancia osmótica
que se haya consumido. El cuadro cesa tan pronto como se deje de ingerir
o beber dichos productos.
La diarrea secretora sucede cuando el intestino
delgado y el grueso secretan sales (especialmente cloruro de sodio)
y agua. Ciertas toxinas como la presente en la infección del
cólera y las producidas en otras diarreas infecciosas pueden
causar estas secreciones. La diarrea puede ser masiva (más de
un litro por hora en el cólera). Otras sustancias causantes de
secreción de agua y sales incluyen ciertos laxantes, como el
aceite de ricino y los ácidos biliares (que pueden acumularse
en el colon si se ha extirpado parte del intestino delgado). Ciertos
tumores poco frecuentes, como el carcinoide, el gastrinoma y el vipoma,
ocasionalmente también causan diarrea secretora.
Los síndromes de malabsorción también
son responsables de producir diarrea. Las personas con estos síndromes
no digieren los alimentos de modo normal. En la malabsorción
generalizada, las grasas que quedan en el intestino grueso debido a
la malabsorción pueden causar diarrea secretora, al igual que
los hidratos de carbono. La malabsorción puede ser causada por
trastornos como el esprue no tropical, la insuficiencia pancreática,
la extirpación quirúrgica de parte del intestino, un aporte
insuficiente de sangre al colon, la ausencia de ciertas enzimas del
intestino grueso y la enfermedad hepática.
La diarrea exudativa ocurre cuando la mucosa del
intestino grueso se inflama, se ulcera o se vuelve tumefacta y libera
proteínas, sangre, moco y otros líquidos, lo que incrementa
el volumen y el contenido líquido de las heces. Este tipo de
diarrea se origina a partir de ciertas enfermedades, como la colitis
ulcerosa, la enfermedad de Crohn (enteritis regional), la tuberculosis,
el linfoma y el cáncer. Cuando resulta afectada la mucosa del
recto, la persona a menudo siente urgencia para defecar, presentando
evacuaciones frecuentes porque el recto inflamado es más sensible
a la distensión causada por la materia fecal.
El tránsito intestinal alterado en ocasiones
causa diarrea. Para que las heces adquieran una consistencia normal,
deben permanecer en el intestino grueso durante cierto tiempo. Las heces
que abandonan el intestino grueso muy pronto son acuosas, las que permanecen
demasiado tiempo son duras y secas. Muchos trastornos y tratamientos
disminuyen el tiempo en que las heces permanecen en el intestino grueso,
como una tiroides hiperactiva (hipertiroidismo), la extirpación
quirúrgica de una porción del colon o del estómago,
el tratamiento para las úlceras en el que se secciona el nervio
vago, la derivación quirúrgica de parte del intestino,
los fármacos como los antiácidos y los laxantes que contienen
magnesio, las prostaglandinas, la serotonina e incluso la cafeína.
El sobrecrecimiento bacteriano (crecimiento anormal
de la flora intestinal o el desarrollo de bacterias que normalmente
no se encuentran en el intestino) puede producir diarrea. Las bacterias
intestinales normales desempeñan un papel importante en la digestión.
Por lo tanto, cualquier alteración de éstas puede provocar
diarrea.
Complicaciones
Además de las molestias, las situaciones
embarazosas y la interrupción de las actividades diarias, la
diarrea intensa puede conducir a una pérdida de agua (deshidratación)
y electrólitos como el sodio, potasio, magnesio y cloro. Si se
pierden importantes cantidades de líquido y electrólitos,
puede bajar la presión arterial lo suficiente como para causar
desvanecimientos (síncope), anormalidades del ritmo cardíaco
(arritmias) y otros graves trastornos. Este riesgo es más probable
en los más jóvenes, las personas de edad avanzada, las
debilitadas y los que presenten diarrea muy grave. También se
puede perder bicarbonato con las heces, lo que conduce a una acidosis
metabólica, un tipo de desequilibrio acidobásico de la
sangre.
Diagnóstico
El médico intenta primero establecer si la
diarrea ha aparecido de forma brusca y si es de corta duración
o si es persistente. A continuación determina si la causa se
debe a un cambio en la dieta, si el paciente presenta otros síntomas,
como fiebre, dolor o erupción cutánea y si ha tenido contacto
con otras personas que se encuentren en un estado similar. De acuerdo
con las descripciones hechas por el paciente y el examen de las muestras
de materia fecal, el médico y el personal del laboratorio determinan
si las heces están bien formadas o si son líquidas, si
presentan un olor inusual o si contienen grasa, sangre o elementos sin
digerir. También se determina el volumen de heces en 24 horas.
Cuando la diarrea es persistente, a menudo debe
examinarse al microscopio una muestra de heces en busca de células,
moco, grasa y otras sustancias. Las heces también pueden ser
analizadas en busca de sangre y sustancias que pueden producir diarrea
osmótica. Las muestras pueden ser analizadas con el fin de detectar
microorganismos infecciosos, incluyendo ciertas bacterias, amebas y
microorganismos del tipo Giardia. Si la persona está tomando
laxantes, éstos también pueden ser detectados en la muestra
de heces. Se puede realizar una sigmoidoscopia (examen del colon sigmoide
usando un tubo flexible de visualización), de tal modo que el
médico pueda observar el revestimiento del ano y del recto. A
veces se realiza una biopsia (recogida de una muestra del revestimiento
rectal para su examen al microscopio).
Tratamiento
La diarrea es un síntoma y su tratamiento
depende de su origen. La mayoría de las personas con diarrea
sólo tiene que evitar la causa, como la goma de mascar dietética
o la toma de ciertos fármacos, hasta que el organismo sane por
sí mismo. En ocasiones, una diarrea crónica se detiene
al eliminar ciertas bebidas que contienen cafeína, como el café
o las de cola. Para ayudar a aliviar la diarrea, el médico puede
prescribir un fármaco como el difenoxilato, la codeína,
el paregórico (tintura de opio) o la loperamida. A veces, incluso
un agente formador de volumen que se utiliza para el estreñimiento
crónico, como el psilio o la metilcelulosa, puede ayudar a aliviar
la diarrea. El caolín, la pectina y la atapulgita activada ayudan
a que las heces adquieran una consistencia compacta.
Cuando la diarrea es intensa y causa deshidratación,
es necesaria la hospitalización y la reposición de líquidos
por vía intravenosa. Mientras que el paciente no vomite ni tenga
náuseas, resulta suficientemente eficaz la ingesta de líquidos
que contengan cantidades adecuadas de agua, de azúcares y de
sales.
Incontinencia fecal
La incontinencia fecal es la pérdida del
control de las deposiciones.
La incontinencia fecal puede ocurrir de forma breve
durante episodios de diarrea o cuando heces endurecidas impactan en
el recto (impactación fecal). Las personas con lesiones en el
ano o en la médula espinal, con prolapso rectal (protrusión
del revestimiento rectal a través del ano), demencia, una lesión
neurológica secundaria a la diabetes, tumores del ano o lesiones
pélvicas durante el parto pueden desarrollar incontinencia fecal
persistente.
El médico examina al paciente buscando cualquier
anormalidad estructural o neurológica que pueda estar causando
la incontinencia fecal. Esto implica la exploración del ano y
del recto, la comprobación de la sensibilidad alrededor del ano
y, generalmente, la realización de una sigmoidoscopia (examen
del colon sigmoide usando un tubo flexible de visualización).
Se pueden necesitar otras pruebas, como un examen de la función
de los nervios y músculos de la pelvis.
El primer paso para corregir la incontinencia fecal
es tratar de establecer un patrón regular de evacuaciones que
produzca heces bien formadas. A menudo ayuda un cambio en la dieta,
como la adición de una pequeña cantidad de fibra. Si tales
cambios no ayudan, pueden ser útiles los fármacos como
la loperamida, que retardan las deposiciones.
Ejercitar los músculos anales (esfínteres)
incrementa su tono y su fuerza, lo que ayuda a prevenir la recurrencia
de la incontinencia fecal. Utilizando técnicas de autorregulación,
se puede aprender a contraer los esfínteres y a incrementar la
sensibilidad del recto a la presencia de heces. Cerca del 70 por ciento
de las personas bien motivadas se beneficia de la técnica de
autorregulación.
Si persiste la incontinencia fecal, la cirugía
puede ayudar en un algunos casos (por ejemplo, cuando la causa es una
lesión en el ano o un defecto anatómico de éste).
Como último recurso, puede realizarse una colostomía (creación
mediante cirugía de una abertura entre el intestino grueso y
la pared abdominal). Se cierra la abertura anal y el paciente defeca
en una bolsa de plástico recambiable, adherida a la abertura
que se ha practicado en la pared abdominal.
Síndrome del intestino irritable
El síndrome del intestino irritable es un
trastorno de la motilidad de todo el tracto gastrointestinal que produce
dolor abdominal, estreñimiento o diarrea.
Este síndrome tiene 3 veces más incidencia
en mujeres que en varones. En dicho síndrome, el tracto gastrointestinal
es especialmente sensible a muchos estímulos. El estrés,
la dieta, los fármacos, las hormonas o los irritantes menores
pueden hacer que el tracto gastrointestinal se contraiga anormalmente.
Los períodos de estrés y de conflicto
emocional que causan depresión o ansiedad exacerban con frecuencia
los episodios del síndrome del intestino irritable. Algunas personas
con el síndrome son mucho más conscientes de sus síntomas,
los consideran más graves y experimentan mayores impedimentos
que otras. Otras personas que experimentan estrés y conflictos
emocionales similares desarrollan síntomas gastrointestinales
menos acusados o reaccionan a ellos con menor preocupación y
disfunción.
Durante un episodio, las contracciones del tracto
gastrointestinal se hacen más fuertes y frecuentes, y el consiguiente
tránsito acelerado de alimentos y heces a través del intestino
delgado a menudo produce diarrea. El dolor, como un cólico, parece
ser el resultado de las fuertes contracciones intestinales y de la sensibilidad
incrementada de los receptores dolorosos en el intestino grueso. Los
episodios ocurren por lo general cuando la persona está despierta
y son muy raros durante el sueño.
Algunas personas creen que las comidas con alto
contenido energético o graso son las causantes de este trastorno.
Para otros, el trigo, los productos lácteos, el café,
el té o los cítricos parecen agravar los síntomas,
pero no está claro que estos alimentos sean de hecho la causa.
Síntomas
Son dos los tipos de síndrome de intestino
irritable. El del colon espástico, que habitualmente está
desencadenado por la comida, suele producir periódicamente estreñimiento
o bien diarrea con dolor. A veces alternan el estreñimiento y
la diarrea. A menudo aparece moco en las heces. El dolor puede presentarse
en accesos de dolor continuo y sordo o de calambres en la porción
baja del abdomen. El afectado puede experimentar distensión,
gases, náuseas, dolor de cabeza, cansancio, depresión,
ansiedad y dificultad para la concentración. A menudo el dolor
se alivia tras una deposición.
El segundo tipo produce principalmente diarrea o
estreñimiento relativamente indoloros. La diarrea puede comenzar
en forma súbita e imperiosa y ocurre enseguida después
de la comida, aunque a veces puede ocurrir inmediatamente al despertarse.
A veces la urgencia es tal que el individuo pierde el control y no llega
a tiempo al servicio. Es raro que la diarrea aparezca durante la noche.
Algunas personas sufren distensión y estreñimiento, relativamente
con poco dolor.
Diagnóstico
En general, los afectados por el síndrome
del intestino irritable tienen aspecto saludable. Un examen físico
generalmente no revela nada anormal, excepto dolor a la palpación
en el área del intestino grueso. Por lo general, se realizan
algunas pruebas (por ejemplo, análisis de sangre y de heces y
una sigmoidoscopia) para diferenciar este síndrome de la enfermedad
inflamatoria del intestino y de muchos otros trastornos que pueden causar
dolor abdominal y un cambio en el ritmo de las deposiciones. Los resultados
de estas pruebas suelen ser normales, aunque las heces pueden ser semilíquidas.
La sigmoidoscopia (examen del colon sigmoide mediante un tubo flexible
de visualización) en ocasiones causa espasmos y dolor, pero el
resultado de la prueba suele ser normal. A veces se practican otras
pruebas, como una ecografía abdominal, radiografías del
intestino o una colonoscopia.
Tratamiento
El tratamiento del síndrome del intestino
irritable difiere de persona a persona. En general, se deberían
evitar los alimentos o las situaciones de estrés que hacen aparecer
los síntomas. Para la mayoría de las personas, especialmente
las que tienden a sufrir estreñimiento, la actividad física
regular ayuda a mantener una función normal del tracto gastrointestinal.
Lo más aconsejable es una dieta normal. Las
personas con distensión abdominal y retención de gases
(flatulencia) deberían evitar las judías (fríjoles),
las coles y otros alimentos difíciles de digerir. Debe restringirse
el consumo de sorbitol (edulcorante sintético usado en alimentos
dietéticos, en algunos fármacos y en gomas de mascar).
La fructosa debe consumirse sólo en pequeñas cantidades
(la fructosa es un componente común de las frutas, las bayas
y algunas plantas). Algunas personas ven mejorar sus molestias con las
dietas bajas en grasas. Las que padecen a la vez síndrome de
intestino irritable y deficiencia de lactasa no deben consumir productos
lácteos.
Algunas personas con el síndrome de intestino
irritable pueden mejorar su estado ingiriendo más fibra, especialmente
si el problema principal es el estreñimiento. Pueden tomar una
cucharada sopera de salvado con abundante agua y otros líquidos
con cada comida, o bien suplementos de psilio muciloide con dos vasos
de agua. El incremento de la fibra en la dieta puede agravar algunos
síntomas, como la flatulencia y la distensión.
No se ha comprobado la eficacia de los fármacos
que retrasan la función del tracto gastrointestinal y que se
consideran antiespasmódicos, como la propantelina, aunque se
prescriban con frecuencia. Los fármacos antidiarreicos, como
el difenoxilato y la loperamida, pueden ser útiles en las personas
con diarrea. Los fármacos antidepresivos, algunos tranquilizantes,
la psicoterapia, la hipnosis y las técnicas de modificación
del comportamiento pueden ayudar a algunas personas con síndrome
de intestino irritable.
Flatulencia
La flatulencia es la sensación de tener mayor
cantidad de gases en el tracto gastrointestinal.
El aire es un gas que puede ser tragado junto con
los alimentos. El deglutir pequeñas cantidades de aire es normal,
pero algunas personas lo hacen en grandes cantidades de modo inconsciente,
especialmente en estados de ansiedad. La mayor parte del aire tragado
es posteriormente eructado; sólo una pequeña cantidad
pasa desde el estómago hacia el resto del tracto gastrointestinal.
La deglución de un gran volumen de aire produce una sensación
de saciedad, generando eructos excesivos o expulsando el aire por el
ano.
En el aparato gastrointestinal se forman otros gases
de varias maneras. El hidrógeno, el metano y el anhídrido
carbónico son producidos por el metabolismo bacteriano de los
alimentos en el intestino, especialmente después de la ingestión
de algunos tipos de alimentos como las judías (fríjoles)
y las coles. Las personas con deficiencia de las enzimas que fragmentan
ciertos azúcares también tienden a producir grandes cantidades
de gas cuando ingieren alimentos que contienen estos azúcares.
La deficiencia de lactasa, la esprue tropical y la insuficiencia pancreática
conducen a la producción de grandes cantidades de gas.
El cuerpo elimina los gases a través de los
eructos, los absorbe a través de las paredes del tracto gastrointestinal
y hacia la sangre (y los excreta posteriormente a través de los
pulmones) o los expulsa por el ano. Las bacterias del aparato gastrointestinal
también metabolizan algunos gases.
Síntomas
Se cree que la flatulencia suele provocar dolor
abdominal, distensión, eructos y expulsión excesiva de
gases por el ano, sin embargo, no se conoce la relación exacta
entre la flatulencia y cualquiera de estos síntomas. Hay quienes
parecen ser particularmente sensibles a los efectos de los gases del
aparato gastrointestinal; otros pueden tolerar grandes cantidades de
ellos sin desarrollar síntomas.
La flatulencia puede producir eructos repetidos.
Se expulsan gases a través del ano más de 10 veces al
día, pero la flatulencia puede ocasionar mayor expulsión
de gases. Los lactantes con retortijones abdominales en ocasiones expulsan
grandes cantidades de gases. No está claro si estos niños
producen de hecho más gases o si simplemente son más sensibles
a esta situación.
Tratamiento
La distensión y los eructos son difíciles
de aliviar. Si el principal problema son los eructos, puede ser útil
la reducción de la cantidad de aire tragado. Sin embargo, esto
puede resultar difícil porque la deglución de aire es
generalmente un acto inconsciente. Puede también ayudar el evitar
mascar chicle y el comer más despacio y en un ambiente relajado.
Quienes tienen eructos o expulsan gases por el ano
de forma excesiva pueden necesitar un cambio de dieta, evitando alimentos
difíciles de digerir. Saber cuáles son los alimentos causantes
del problema puede requerir que se elimine un alimento o un grupo de
alimentos a la vez. Se puede empezar por eliminar la leche y los productos
lácteos, luego las frutas y ciertos vegetales, y posteriormente
otros alimentos. Los eructos pueden resultar de la ingestión
de bebidas carbonatadas o de antiácidos como el bicarbonato de
sodio.
La administración de fármacos puede
ayudar a reducir la producción de gases, aunque generalmente
no son muy eficaces. La simeticona, presente en algunos antiácidos
y también disponible de modo aislado, proporciona cierto alivio.
A veces ayudan otros fármacos, como otros tipos de antiácidos,
la metoclopramida y el betanecol. La ingesta de más fibra mejora
los síntomas en algunos casos pero los empeora en otros.