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TRASTORNOS GASTROINTESTINALES
CAPITULO 105
Indigestión
La indigestión es un término
impreciso que utilizan las personas para referirse a síntomas
diferentes. Aquí el término se utiliza para referirse
a una amplia variedad de problemas del tracto gastrointestinal, como
dispepsia, náuseas y vómitos, regurgitación, la
sensación de tener un bulto en la garganta (sensación
de globo) y el mal aliento (halitosis).
Dispepsia
La dispepsia es un dolor o un malestar en la parte
alta del abdomen o en el pecho, que a menudo se describe como tener
gases, sensación de estar lleno, o como un dolor corrosivo o
urgente (quemazón).
La dispepsia tiene muchas causas. Algunas son trastornos
importantes como úlceras de estómago, úlceras duodenales,
inflamación del estómago (gastritis) y cáncer gástrico.
La ansiedad puede causar dispepsia (posiblemente porque una persona
ansiosa tiende a suspirar o a inspirar y tragar aire, lo que puede causar
distensión gástrica o intestinal así como flatulencia
y meteorismo). La ansiedad también puede incrementar la percepción
de sensaciones desagradables por parte de la persona, hasta el punto
de que la menor incomodidad se vuelve muy estresante.
La
bacteria Helicobacter pylori puede causar inflamación y úlceras
de estómago y duodeno, pero no está claro si puede causar
dispepsia moderada en las personas que no tienen úlceras.
Síntomas y diagnóstico
El dolor o el malestar en la parte superior del
abdomen o en el pecho puede acompañarse de eructos y ruidos abdominales
aumentados (borborigmos). Para algunas personas, la ingesta de alimentos
empeora el dolor, para otras lo alivia. Otros síntomas incluyen
pérdida de apetito, náuseas, estreñimiento, diarrea
y flatulencias.
A menudo el tratamiento se inicia sin análisis
previos. Cuando éstos se realizan, no consiguen identificar ninguna
anormalidad en el 50 por ciento de los casos de dispepsia. Incluso cuando
se encuentran anomalías, a menudo no explican todos los síntomas.
Sin embargo, como la dispepsia puede ser un aviso
temprano de una enfermedad grave, en ciertos casos se realizan estos
análisis. Se realizan pruebas en los pacientes cuya dispepsia
se prolonga más allá de unas semanas, no responde al tratamiento
o se acompaña de pérdida de peso u otros síntomas
poco habituales. Las pruebas de laboratorio generalmente incluyen un
recuento completo de glóbulos rojos y un análisis de sangre
en heces. Los estudios radiológicos del esófago, estómago
o intestino delgado utilizando bario pueden ser realizados si el paciente
tiene problemas para tragar o presenta vómitos, pérdida
de peso o si sufre dolores que se agravan o alivian al ingerir alimentos.
Puede usarse un endoscopio (un tubo de visualización de fibra
óptica) para examinar el interior del esófago, estómago
o intestino y obtener una muestra del revestimiento gástrico
mediante una biopsia. Luego esta muestra se examina al microscopio para
ver si está infectada por Helicobacter pylori. Otros estudios,
que son útiles en ocasiones, son los que miden las contracciones
del esófago o la respuesta de éste al ácido.
Tratamiento
Si no se encuentra una causa subyacente, el médico
trata los síntomas. Durante un corto período de tiempo
puede probarse la administración de un antiácido o de
un bloqueante de los receptores H2 como la cimetidina, la ranitidina
o la famotidina. Si la persona presenta infección por Helicobacter
pylori en la mucosa del estómago, el médico prescribe
generalmente subsalicilato de bismuto y un antibiótico como la
amoxicilina o el metronidazol.
Náuseas y vómitos
La náusea es una sensación desagradable
en el abdomen que a menudo concluye con el vómito. El vómito
es la expulsión violenta del contenido del estómago a
través de la boca.
Las náuseas y los vómitos son causados
por la activación del centro del vómito en el cerebro.
El vómito es una de las formas más llamativas de eliminar
el organismo las sustancias nocivas. Puede ser causado por la ingesta
de alimento, por haber tragado una sustancia irritante o tóxica,
o por la ingestión de alimentos en mal estado.
Algunas personas sufren náuseas y pueden
vomitar debido a los movimientos de un barco, un coche o un avión.
Los vómitos pueden ocurrir durante el embarazo, particularmente
en las primeras semanas y sobre todo por las mañanas, pudiendo
ser intensos. Muchos fármacos, incluso los anticancerosos (quimioterapia)
y los analgésicos opiáceos, como la morfina, pueden provocar
náuseas y vómitos. La obstrucción mecánica
del intestino provoca finalmente la expulsión (vómito)
de los alimentos y líquidos detenidos por encima de la obstrucción.
También pueden causar vómitos una irritación o
una inflamación del estómago, del intestino o de la vesícula
biliar.
Los problemas psicológicos también
pueden causar náuseas y vómitos (vómitos psicógenos).
Tales vómitos pueden ser intencionados (por ejemplo, una persona
con bulimia vomita para perder peso). O pueden ser no intencionados
(una respuesta condicionada involuntaria, para obtener un beneficio,
como evitar ir a la escuela). Los vómitos psicógenos también
pueden ser el resultado de una situación amenazante o desagradable
que causa ansiedad. En algunos casos, los factores psicológicos
que causan vómitos dependen del trasfondo cultural de la persona.
Por ejemplo, en algunos países la mayoría de la gente
encontraría repulsivo comer hormigas recubiertas de chocolate,
pero en otras partes del mundo se considera una exquisitez. El vómito
puede ser una expresión de hostilidad; por ejemplo, cuando un
niño vomita durante una rabieta. O puede ser causado por un intenso
conflicto psicológico; por ejemplo, una mujer que quiere tener
hijos puede vomitar cuando se acerca el aniversario de su histerectomía
(extirpación quirúrgica del útero) o en el día
exacto de la misma.
Síntomas, diagnóstico y tratamiento
Antes del comienzo de los vómitos, suelen
ocurrir vómitos secos (arcadas) y una considerable salivación.
Aunque durante los vómitos la persona generalmente no se siente
bien, a su término a la sensación es de alivio.
Para identificar la causa, el médico interroga
a la persona acerca de otros síntomas. Después, realiza
pruebas sencillas como un recuento completo de células sanguíneas
y un análisis de orina, para finalmente solicitar análisis
de sangre más completos y estudios radiológicos y ecográficos
de la vesícula biliar, el páncreas, el estómago
o el intestino.
Si se encuentra una causa orgánica de los
vómitos, se inicia el tratamiento. Si el problema tiene una base
psicológica, el tratamiento simplemente puede consistir en tranquilizar
al paciente o en prescribirle medicación. Pueden necesitarse
visitas regulares para ayudar a resolver temas complejos. Para suprimir
las náuseas se prescriben fármacos antieméticos.
Regurgitación
La regurgitación es la expulsión de
alimentos desde el esófago o el estómago sin náuseas
ni contracciones musculares violentas.
A menudo, la regurgitación es causada por
el ácido proveniente del estómago (reflujo de ácido).
La regurgitación también puede originarse por un estrechamiento
(estenosis) u obstrucción del esófago. La obstrucción
puede ser consecuencia de varias causas, como un cáncer de esófago;
también puede ser producto de una incoordinación del control
nervioso del esófago y de su esfínter en la entrada del
estómago (esfínter esofágico inferior).
La regurgitación que no tiene una causa orgánica
se denomina rumiación. Este tipo de regurgitación es frecuente
en los lactantes, pero raro en los adultos. La rumiación en los
adultos ocurre sobre todo en quienes padecen trastornos emocionales,
especialmente durante períodos de estrés.
Síntomas, diagnóstico y tratamiento
El ácido proveniente del estómago
causa regurgitación de material con sabor agrio o amargo. Un
esófago estrecho u obstruido provoca la regurgitación
de un líquido sin sabor que contiene moco o alimentos sin digerir.
En la rumiación, las personas regurgitan
pequeñas cantidades de alimentos del estómago, generalmente
entre 15 y 30 minutos después de comer. Habitualmente mastican
el material de nuevo y lo vuelven a tragar. Este problema no se acompaña
de náuseas, dolor ni dificultad al tragar.
El médico busca una causa orgánica
que justifique la regurgitación. El reflujo de ácido se
diagnostica mediante estudios de radiología, mediciones de la
presión y de la acidez en el esófago, y con otras pruebas.
El diagnóstico de estrechamiento u obstrucción del esófago
requiere radiografías o un examen con un endoscopio (un tubo
de visión de fibra óptica).
El tratamiento de una estrechez o una obstrucción
del esófago depende de la causa. Si no se encuentra una causa
orgánica, pueden ser útiles los fármacos metoclopramida
o cisaprida, que estimulan la contracción normal. También
pueden proporcionar alivio las terapias de relajación y de autorregulación.
Sensación de globo
La sensación de globo (anteriormente llamado
globo histérico) es la sensación de tener un bulto en
la garganta cuando en realidad no existe.
La sensación puede ser consecuencia de una
sensibilidad o de una actividad muscular anormal del esófago.
También puede ocurrir si se deglute con demasiada frecuencia
y con la desecación de la garganta ocasionada por la ansiedad,
otras emociones fuertes o la respiración rápida.
La sensación de globo puede hacer que la
persona no quiera comer. Pero este trastorno (que es similar a la sensación
normal de sofoco que en ocasiones se desencadena por aprensión,
ansiedad, rabia, orgullo o felicidad) a menudo se alivia comiendo, bebiendo
o llorando.
Diagnóstico y tratamiento
Para identificar la causa de esta sensación,
el médico se basa en preguntas y en una exploración física.
Puede pedir un recuento completo de células sanguíneas,
una radiografía de tórax, una radiografía con bario
del esófago (un tránsito de bario) y mediciones de la
presión en el esófago. Se establece el diagnóstico
de sensación de globo si los síntomas son típicos,
si no se encuentra ninguna anormalidad física y si hay un manifiesto
estrés social o psicológico.
La tranquilidad, en el sentido de que no existe
ningún trastorno orgánico grave, puede proporcionar alivio.
No existen medicamentos específicos que mejoren la sensación
de globo, pero pueden ayudar los fármacos ansiolíticos
o antidepresivos. Si el problema es la ansiedad, la depresión
o algún estado de tipo psicosocial, debe tratarse de un modo
específico, posiblemente con la ayuda de un psiquiatra o de un
psicólogo.
Halitosis
La halitosis (mal aliento) es el olor desagradable
del aliento.
Generalmente, el mal aliento es causado por ciertas
comidas o sustancias que se han ingerido o inhalado, por una enfermedad
dental o de las encías, o por la fermentación de partículas
de alimento en la boca. El mal aliento puede ser un síntoma de
ciertas enfermedades que afectan a todo el organismo, como una enfermedad
del hígado, la diabetes mal controlada o una enfermedad de los
pulmones o de la boca.
El mal aliento generalmente no se debe a problemas
intestinales. Dado que el esfínter esofágico en la entrada
del estómago (esfínter esofágico inferior) está
cerrado permanentemente, excepto durante la deglución, no pueden
subir los olores del estómago o de más abajo del sistema
digestivo. Sin embargo, un tumor del esófago o del estómago
puede causar la regurgitación de un líquido de sabor nauseabundo
o de gas maloliente hacia la boca.
La halitosis psicógena es la creencia de
que uno tiene mal aliento cuando de hecho no es así. Este problema
puede ocurrir en personas que tienden a exagerar las sensaciones normales
del cuerpo. A veces la halitosis psicógena es causada por un
trastorno mental grave, como la esquizofrenia. Una persona con pensamientos
obsesivos puede tener una sensación desbordante de sentirse sucia.
Una persona paranoide puede tener el delirio de que sus órganos
se están pudriendo. Ambas pueden creer que tienen mal aliento.
Tratamiento
Las causas orgánicas pueden ser corregidas
o extirpadas. Por ejemplo, las personas pueden dejar de comer ajo o
mejorar su higiene dental. Hay muchos colutorios (enjuagues) para la
boca y aerosoles disponibles; uno de sus mejores ingredientes activos
es la clorofila. Otro remedio es la ingesta de carbón activado,
que absorbe los olores.
Algunas personas con halitosis psicógena
pueden verse aliviadas si un médico les asegura que no tienen
mal aliento. Si el problema continúa, estas personan se pueden
tranquilizar acudiendo a un psicoterapeuta.