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TRASTORNOS GASTROINTESTINALES
CAPITULO 104
Trastornos del páncreas
El páncreas es una glándula
con forma de hoja, de aproximadamente 13 centímetros de longitud.
Está rodeado por la porción baja del estómago y
por el duodeno (la primera parte del intestino delgado que conecta con
el estómago). El páncreas tiene dos funciones principales:
la secreción al duodeno de líquidos con enzimas digestivas
y la secreción de las hormonas insulina y glucagón, las
cuales son necesarias para metabolizar el azúcar.
Este órgano también secreta grandes
cantidades de bicarbonato de sodio (el mismo compuesto químico
que el bicarbonato de sosa) hacia el duodeno, lo cual neutraliza el
ácido proveniente del estómago.
Esta secreción de bicarbonato de sodio fluye
a través de una serie de conductos colectores que corren a lo
largo de la porción central del páncreas (conducto pancreático).
Este conducto se une posteriormente con el conducto biliar común,
procedente de la vesícula biliar y del hígado, para formar
la ampolla de Vater, que finalmente desemboca en el duodeno a nivel
del esfínter de Oddi.
| Localización del páncreas |
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Pancreatitis aguda
La pancreatitis aguda es una inflamación
del páncreas de aparición súbita que puede ser
leve o mortal.
Normalmente, el páncreas secreta jugo pancreático
al duodeno a través del conducto pancreático. Este jugo
contiene enzimas digestivas en forma inactiva, además de un inhibidor
que impide que cualquier enzima pueda resultar activada en su camino
hacia el duodeno. La obstrucción del conducto pancreático
(por ejemplo, por un cálculo biliar atascado en el esfínter
de Oddi) interrumpe el flujo del jugo pancreático.
Generalmente, la obstrucción es temporal
y causa un daño limitado, que se repara rápidamente. Pero
si ésta persiste, las enzimas activadas se acumulan en el páncreas,
desbordan la capacidad del inhibidor y comienzan a digerir las propias
células pancreáticas, provocando una grave inflamación.
El daño pancreático puede permitir
a las enzimas salir al exterior y penetrar en el flujo sanguíneo
o en la cavidad abdominal, donde causan irritación e inflamación
del revestimiento de la cavidad (peritonitis) o de otros órganos.
La porción del páncreas que produce
hormonas, especialmente la insulina, no suele afectarse ni lesionarse.
Los
cálculos biliares y el alcoholismo son responsables de casi el
80 por ciento de los ingresos hospitalarios por pancreatitis aguda.
Las mujeres sufren pancreatitis de causa obstructiva casi dos veces
más que los hombres, mientras que en éstos la pancreatitis
de origen alcohólico es seis veces más frecuente. Los
cálculos biliares que producen pancreatitis aguda pueden quedar
atrapados en el esfínter de Oddi durante un tiempo, bloqueando
de esa manera la salida del conducto pancreático; sin embargo,
la mayoría de los cálculos biliares pasa al tracto intestinal.
La ingesta de más de 100 g de alcohol al día durante varios
años puede provocar la obstrucción de los pequeños
conductos pancreáticos que drenan al conducto principal, precipitando
finalmente el desarrollo de una pancreatitis aguda. Un ataque de pancreatitis
puede originarse tras una ingestión excesiva de alcohol o después
de una comida abundante. Hay muchas otros trastornos que pueden causar
una pancreatitis aguda.
Síntomas
Casi todas las personas con pancreatitis aguda sufren
un intenso dolor abdominal en la zona superior del abdomen medio, debajo
del esternón. A menudo el dolor se irradia a la espalda. En raras
ocasiones, se siente primero en la parte baja del abdomen. Generalmente
el dolor comienza de forma súbita y alcanza su máxima
intensidad en unos minutos, se mantiene constante e intenso, es de carácter
penetrante y dura varios días. A menudo, no se alivia completamente
ni con la inyección de dosis importantes de analgésicos.
Puede empeorar con la tos, los movimientos bruscos y la respiración
profunda; en parte se puede aliviar sentándose e inclinándose
hacia delante. Por lo general, los afectados sienten náuseas
y tienen que vomitar, a veces hasta el punto de presentar arcadas secas
(náuseas sin vómito).
Algunas personas, especialmente las que desarrollan
pancreatitis debida al alcoholismo, pueden no tener ningún síntoma
excepto un dolor moderado. Otras se sienten muy mal, presentan aspecto
enfermizo y sudoroso, y tienen el pulso acelerado (100 a 140 latidos
por minuto), así como una respiración rápida y
profunda. La respiración rápida puede deberse en parte
a una inflamación de los pulmones.
Al principio la temperatura del cuerpo puede ser
normal, pero en pocas horas puede alcanzar entre 37,5 y 38,5 ºC.
La presión arterial puede ser alta o baja, pero tiende a disminuir
cuando la persona se pone de pie, provocando desvanecimientos. A medida
que progresa el cuadro, la persona tiende a perder el contacto con el
entorno. Algunas están casi inconscientes. En ocasiones, el blanco
de los ojos (esclera) se vuelve amarillento.
Una de cada cinco personas con pancreatitis aguda
desarrolla algún tipo de inflamación en la parte alta
del abdomen. Ésta puede deberse a una interrupción del
tránsito del contenido gástrico e intestinal (trastorno
conocido como íleo gastrointestinal) o porque el páncreas
inflamado aumenta de tamaño y empuja al estómago hacia
delante. También se puede acumular líquido en el abdomen
(ascitis).
En la pancreatitis aguda grave (pancreatitis necrosante),
puede descender la presión arterial y desarrollarse un estado
de shock. La pancreatitis aguda grave puede ser mortal.
Diagnóstico
El dolor abdominal característico hace sospechar
al médico una pancreatitis aguda, especialmente en las personas
que presentan cálculos biliares o que toman mucho alcohol. En
la exploración física, a menudo se percibe que los músculos
de la pared abdominal están rígidos. Cuando se examina
el abdomen con un fonendoscopio, el médico puede percibir una
disminución de los ruidos intestinales (ruidos hidroaéreos).
No existe un único análisis de sangre
que diagnostique una pancreatitis aguda, pero ciertas pruebas confirman
el diagnóstico. En el primer día de la enfermedad se incrementan
los valores sanguíneos de dos enzimas producidas por el páncreas,
la amilasa y la lipasa, pero éstas vuelven a la normalidad en
un plazo de 3 a 7 días. Algunas veces, sin embargo, estos valores
no se incrementan debido a que gran parte del páncreas ha sido
destruido durante episodios previos de pancreatitis y quedan pocas células
para liberar enzimas. Las personas con pancreatitis aguda grave tienen
a menudo menos glóbulos rojos de lo normal, debido a hemorragias
en el páncreas y en el abdomen.
Las radiografías simples del abdomen pueden
mostrar asas intestinales dilatadas o, en casos aislados, uno o más
cálculos biliares. La ecografía puede revelar la presencia
de cálculos en la vesícula biliar y, a veces, en el conducto
biliar común y también puede detectar un páncreas
inflamado.
La tomografía axial computadorizada (TC)
es particularmente útil para detectar cambios en el tamaño
del páncreas y se usa en casos graves y complicados, como una
presión arterial muy baja. Las imágenes de la TC son tan
claras que ayudan al médico a establecer un diagnóstico
preciso.
En la pancreatitis aguda grave, la TC ayuda a determinar
el pronóstico. Si las imágenes indican una inflamación
moderada del páncreas, el pronóstico es excelente, pero
si se observan grandes áreas de tejido pancreático destruido,
el pronóstico no es tan bueno.
Litiasis del colédoco
Una litiasis al final del colédoco
(a nivel de la ampola de Vater) puede obstruir el drenaje del
conducto pancreático y ser causa de pancreatitis.
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La colangiopancreatografía retrógrada
endoscópica (técnica radiológica que muestra la
estructura del conducto biliar común y del conducto pancreático),
generalmente se realiza sólo si se sospecha que la causa de la
pancreatitis es un cálculo enclavado en el conducto biliar común.
El médico hace pasar un endoscopio por la boca del paciente hasta
el intestino delgado, donde se encuentra el esfínter de Oddi.
A continuación inyecta un contraste radiopaco en los conductos,
el cual es visible a los rayos X. Si las radiografías evidencian
un cálculo, se puede utilizar el mismo endoscopio para retirarlo.
Tratamiento
En general, se hospitaliza a las personas con pancreatitis.
Una persona con una pancreatitis aguda moderada debe evitar el consumo
de alimentos y agua porque esto estimula al páncreas a producir
más enzimas. Los líquidos y nutrientes se administran
por vía intravenosa. Se introduce una sonda por la nariz hasta
el estómago, para aspirar el líquido y el aire, particularmente
si persisten las náuseas y los vómitos.
La persona con una pancreatitis aguda grave generalmente
se ingresa en una unidad de cuidados intensivos para controlar de cerca
los signos vitales (pulso, presión arterial y frecuencia respiratoria).
Cada hora se mide el volumen de orina. También se recogen muestras
de sangre para analizar varios componentes de la misma, como los hematócritos,
los valores de glucosa y de electrólitos, el recuento de glóbulos
blancos y las concentraciones en sangre de diversas enzimas.
La persona es alimentada por vía intravenosa
y no recibe nada por vía oral durante por lo menos 2 semanas
e incluso hasta 6. Se mantiene vacío el estómago por medio
de una sonda nasogástrica y se administran antiácidos
con frecuencia para ayudar a prevenir el desarrollo de úlceras.
El volumen de sangre se controla cuidadosamente
mediante la administración de líquidos por vía
intravenosa y también se controla la función cardíaca.
Se administra oxígeno con una mascarilla facial o por medio de
un tubo nasal para aumentar su concentración en sangre; si este
tratamiento es inadecuado, el paciente puede ser sometido a un respirador
artificial que le ayude a respirar. El dolor intenso se trata generalmente
con el fármaco meperidina.
Seudoquistes pancreáticos
Pueden constituir una complicación
de la pancreatitis aguda.
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En ocasiones, durante los primeros días de
una pancreatitis aguda grave puede ser necesario intervenir quirúrgicamente.
Por ejemplo, puede requerirse la cirugía para aliviar una pancreatitis
secundaria a un traumatismo o una herida, o se puede realizar una exploración
quirúrgica para aclarar un diagnóstico incierto. En ocasiones,
si la situación de la persona se deteriora tras la primera semana
de enfermedad, se realiza una intervención quirúrgica
para retirar el tejido pancreático infectado que no cumple su
función.
La infección de un páncreas inflamado
es un riesgo, particularmente después de la primera semana de
enfermedad. El médico puede sospechar una infección cuando
la situación del paciente empeora y aparece fiebre con aumento
del recuento de glóbulos blancos en sangre, a pesar de que otros
síntomas hayan comenzado a remitir. El diagnóstico se
establece por medio del cultivo de muestras de sangre y mediante una
tomografía axial computadorizada (TC). Se puede obtener una muestra
de material infectado del páncreas, insertándole una aguja
a través de la piel. Las infecciones se tratan con antibióticos
y cirugía.
Algunas veces, se desarrolla en el páncreas
un seudoquiste, cargado de enzimas pancreáticas, líquido
y restos de tejido, que puede alcanzar gran volumen. Si un seudoquiste
crece mucho y provoca dolor u otros síntomas, el cirujano lo
descomprimirá. La necesidad de descompresión es particularmente
urgente si el seudoquiste se expande rápidamente, se infecta,
sangra o parece que esté a punto de romperse. Dependiendo de
su localización, la descompresión se realiza insertando
un catéter a través de la piel, lo que permite que el
seudoquiste se vaya vaciando a lo largo de varias semanas, o bien mediante
una intervención quirúrgica.
Cuando la pancreatitis aguda es secundaria a cálculos
biliares, el tratamiento depende de su gravedad. Si la pancreatitis
es moderada, la extirpación de los cálculos generalmente
puede retrasarse hasta que remitan los síntomas. La pancreatitis
grave causada por cálculos biliares puede ser tratada con endoscopia
o cirugía. El procedimiento quirúrgico consiste en la
eliminación de la vesícula biliar y la limpieza de los
conductos. En personas de edad avanzada con otros procesos, como una
enfermedad del corazón, a menudo se realiza primero la endoscopia,
pero si falla este tratamiento se debe llevar a cabo una intervención
quirúrgica.
Pancreatitis crónica
La pancreatitis crónica es una inflamación
del páncreas de larga evolución.
En muchos países, el alcoholismo es la causa
más frecuente de pancreatitis crónica. Otras causas son
una predisposición hereditaria y una obstrucción del conducto
pancreático debida a una estenosis (estrechamiento) del mismo
o a un cáncer de páncreas. En raras ocasiones, un episodio
grave de pancreatitis aguda puede estenosar el conducto hasta el punto
de producir una pancreatitis crónica. Se desconoce la causa en
muchos casos.
En países tropicales (por ejemplo, India,
Indonesia y Nigeria), una pancreatitis crónica de origen desconocido
en niños y en adultos jóvenes da lugar a diabetes y a
la formación de depósitos de calcio en el páncreas.
Los síntomas iniciales son consecuencia generalmente de la diabetes.
Síntomas
Los síntomas de la pancreatitis crónica
se agrupan generalmente en dos patrones. En uno de ellos, el dolor se
localiza en medio del abdomen, es persistente pero varía su intensidad.
En el otro, se presentan episodios intermitentes de pancreatitis con
síntomas similares a los de la pancreatitis aguda leve o moderada;
el dolor a veces es intenso y dura unas horas o varios días.
Con cada patrón, a medida que progresa la pancreatitis crónica,
las células que segregan las enzimas digestivas son destruidas
lentamente y por último no se siente dolor.
Al disminuir el número de enzimas digestivas,
la comida se absorbe inadecuadamente y la persona puede tener heces
voluminosas y malolientes. Las heces son de coloración clara
y aspecto graso, y pueden contener incluso gotas de aceite. La malabsorción
conduce también a la pérdida de peso. Finalmente, pueden
ser destruidas las células pancreáticas productoras de
insulina, lo que gradualmente deriva en una diabetes.
Diagnóstico
Según los síntomas o una historia
de ataques de pancreatitis aguda, el médico sospecha una pancreatitis
crónica. Los análisis de sangre son menos útiles
para diagnosticar una pancreatitis crónica que para la pancreatitis
aguda, pero pueden evidenciar valores aumentados de amilasa y lipasa.
Los análisis de sangre también son útiles para
controlar la concentración de glucosa (un tipo de azúcar)
en sangre, que puede ser elevado.
Las radiografías de abdomen y las ecografías
pueden poner de manifiesto cálculos en el páncreas. La
pancreatografía retrógrada endoscópica (una técnica
de radiología que muestra la estructura de los conductos pancreáticos)
puede evidenciar un conducto dilatado o estrechado, o la presencia de
cálculos en el conducto. La tomografía computadorizada
(TC) puede mostrar tanto las anormalidades como el tamaño, forma
y textura del páncreas. A diferencia de la pancreatografía
retrógrada endoscópica, una TC no requiere el uso de un
endoscopio.
Tratamiento
Durante una crisis, es esencial evitar el alcohol.
La abstinencia de todo tipo de alimentos y la administración
tan sólo de líquidos por vía intravenosa pueden
mantener el páncreas y el intestino en reposo, aliviando así
el dolor. Sin embargo, a menudo es también necesaria la administración
de analgésicos opiáceos.
Más adelante, la ingesta de cuatro o cinco
comidas diarias, compuestas de alimentos bajos en grasas y proteínas
y ricos en hidratos de carbono, puede reducir la frecuencia y la intensidad
de las recidivas. El paciente debe seguir absteniéndose del alcohol.
Si el dolor continúa, el médico busca posibles complicaciones,
como una masa inflamatoria en la cabeza del páncreas o un seudoquiste.
Una masa inflamatoria puede requerir una intervención quirúrgica;
un seudoquiste pancreático que produce dolor a medida que crece
puede necesitar descompresión.
Si el paciente presenta un dolor continuado y ninguna
complicación, el médico generalmente infiltra los nervios
del páncreas para impedir que los impulsos dolorosos alcancen
el cerebro. Si falla este procedimiento, puede recurrirse a la cirugía.
Por ejemplo, cuando el conducto pancreático está dilatado
se puede crear una derivación desde el páncreas al intestino
delgado, lo cual alivia el dolor en cerca del 70 al 80 por ciento de
los casos. Cuando el conducto no está dilatado, puede ser necesario
extirpar parte del páncreas. Si el problema está localizado
en la cola del páncreas (la parte más alejada del duodeno),
ésta se puede extirpar. Si se encuentra implicada la cabeza del
páncreas, ésta puede extirparse junto con el duodeno.
Tales intervenciones pueden aliviar el dolor en el 60 al 80 por ciento
de los casos. Entre los alcohólicos en rehabilitación,
la extirpación parcial del páncreas se realiza sólo
en los que son capaces de controlar por sí mismos la diabetes
que resulta de la intervención quirúrgica.
La administración con las comidas de comprimidos
o cápsulas de extractos de enzimas pancreáticas puede
hacer que las heces sean menos grasas y que mejore la absorción
de los alimentos, pero es raro que estos problemas se solucionen del
todo. Si es necesario, con las enzimas pancreáticas se puede
tomar un antiácido líquido o un bloqueante H2. Con este
tratamiento, el paciente gana algo de peso, tiene menos evacuaciones
al día y ya no presenta gotas de aceite en las heces, y, en general,
se siente mejor. Si estas medidas no resultan eficaces, se puede también
disminuir las grasas de la dieta. Así mismo, pueden requerirse
suplementos de vitaminas liposolubles (A, D y K).
Adenocarcinoma del páncreas
El adenocarcinoma del páncreas es un tumor
canceroso que se origina en las células que revisten el conducto
pancreático.
Cerca del 95 por ciento de los casos de tumores
cancerosos del páncreas son adenocarcinomas. Estos tumores son
casi dos veces más frecuentes en varones que en mujeres y son
ligeramente más frecuentes en la etnia negra que en la blanca.
El adenocarcinoma del páncreas es 2 a 3 veces más frecuente
en los grandes fumadores que en los no fumadores. Las personas con pancreatitis
crónica tienen un alto riesgo de padecerlo.
Adenocarcinoma de la cabeza del páncreas
El adenocarcinoma de la cabeza del páncreas
puede provocar una obstrucción del colédoco.
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A medida que la expectativa de vida ha aumentado,
esta enfermedad se ha vuelto más frecuente en los países
desarrollados. En raras ocasiones se desarrolla antes de los 50 años
y la edad promedio de su diagnóstico es a los 55 años.
Se conoce poco acerca de su causa.
Síntomas
El adenocarcinoma de páncreas típicamente
no causa síntomas hasta que el tumor haya crecido. Por este motivo,
en el momento del diagnóstico y en el 80 por ciento de los casos,
el tumor ya ha hecho metástasis más allá del órgano,
alcanzando los ganglios linfáticos vecinos o incluso el hígado
y el pulmón.
Los primeros síntomas característicos
son dolor y pérdida de peso. En el momento del diagnóstico,
el 90 por ciento de los enfermos tiene dolor abdominal (generalmente
dolor intenso en la parte alta del abdomen, que se irradia a la espalda)
y pérdida de por lo menos el 10 por ciento de su peso ideal.
Cerca del 80 por ciento de estos cánceres
se desarrolla en la cabeza del páncreas (la parte más
cercana al duodeno y al conducto biliar común). Por lo tanto,
la ictericia es un síntoma precoz típico causado por la
obstrucción del conducto biliar común. En las personas
con ictericia, el color amarillo afecta no sólo a la piel sino
también al blanco de los ojos (esclerótica) y a otros
tejidos. La ictericia se acompaña de prurito generalizado.
Los tumores del cuerpo y de la cola del páncreas
(la parte del medio y la más alejada del duodeno) pueden obstruir
la vena que sale del bazo, dando como resultado un agrandamiento de
bazo y varices (venas varicosas inflamadas, agrandadas y tortuosas)
alrededor del estómago y del esófago. Si se llegan a romper
estas venas, puede producirse una hemorragia grave, sobre todo del esófago.
Diagnóstico
El diagnóstico precoz es difícil.
Cuando se sospecha un adenocarcinoma del páncreas, las pruebas
diagnósticas más usadas son las ecografías, la
tomografía computadorizada (TC) y la pancreatografía retrógrada
endoscópica (una técnica de radiología que muestra
la estructura del conducto pancreático). Para confirmar el diagnóstico
se pueden obtener muestras del tejido pancreático para su examen
al microscopio. La biopsia se obtiene insertando una aguja a través
de la piel utilizando como guía una TC o una ecografía.
Puede también obtenerse una biopsia del hígado para ver
si se ha extendido el cáncer. Si el médico tiene una fuerte
sospecha de adenocarcinoma del páncreas, pero los resultados
de los análisis son normales, se puede explorar el páncreas
quirúrgicamente.
Pronóstico y tratamiento
El pronóstico es muy sombrío. Menos
del 2 por ciento de las personas con un adenocarcinoma del páncreas
sobrevive cinco años después del diagnóstico. La
única esperanza de curación es una intervención
quirúrgica, que se realiza en pacientes cuyo cáncer no
se ha extendido. Se extirpa sólo el páncreas, o bien tanto
éste como el duodeno. Incluso tras esta cirugía, sólo
el 10 por ciento de los pacientes sobrevive cinco años, cualquiera
que sea el tratamiento posterior.
El dolor moderado puede aliviarse con aspirina o
paracetamol (acetaminofén). El dolor intenso en la zona alta
del abdomen puede aliviarse inclinándose hacia delante, colocando
la cabeza hacia abajo y doblando las rodillas o utilizando medicaciones
como la codeína o la morfina por vía oral. Del 70 al 80
por ciento de los pacientes que tienen un dolor intenso pueden aliviarlo
con infiltraciones en los nervios para bloquear las sensaciones dolorosas.
Se puede tratar la ausencia de enzimas digestivas pancreáticas
con preparaciones de enzimas por vía oral. Si se desarrolla una
diabetes, puede ser necesario recurrir al tratamiento con insulina.
Cistoadenocarcinoma
El cistoadenocarcinoma, un tipo raro de cáncer
pancreático, tiene mejor pronóstico que el adenocarcinoma.
Sólo el 20 por ciento de estos cánceres se ha diseminado
en el momento de la intervención quirúrgica. Si el cáncer
no se ha diseminado y se extirpa todo el páncreas, hay un 65
por ciento de posibilidades de sobrevivir por lo menos 5 años.
Insulinoma
El insulinoma es un tipo raro de tumor pancreático
que secreta insulina, una hormona que disminuye los valores de glucosa
en sangre.
Sólo el 10 por ciento de los insulinomas
resulta canceroso.
Síntomas
Los síntomas de un insulinoma son debidos
a los valores bajos de glucosa en sangre. Esto ocurre cuando una persona
no come durante muchas horas, con mayor frecuencia por la mañana
tras el ayuno nocturno. Los síntomas, que pueden ser parecidos
a una variedad de trastornos psiquiátricos y nerviosos, consisten
en dolor de cabeza, confusión, alteraciones de la visión,
debilidad muscular, inestabilidad y cambios marcados de la personalidad.
Los valores bajos de glucosa pueden conducir incluso a una pérdida
de consciencia, convulsiones y coma. Los síntomas parecidos a
los de la ansiedad o del pánico son desvanecimientos, debilidad,
temblor, percepción de los latidos del corazón (palpitaciones),
sudación, hambre y nerviosismo.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico de un insulinoma puede resultar
difícil. El enfermo se mantiene en ayunas durante 24 horas por
lo menos, a veces hasta 72, y se le controla cuidadosamente, a menudo
en el hospital. Transcurrido este tiempo, los síntomas suelen
presentarse y se realizan análisis de sangre para medir los valores
de glucosa y de insulina. Los valores muy bajos de glucosa y altos de
insulina indican la presencia de un insulinoma. A continuación
debe buscarse su localización exacta en el páncreas. Pueden
practicarse pruebas como la tomografía computadorizada (TC) y
la ecografía para localizar el tumor, pero a veces se necesita
una exploración quirúrgica.
El tratamiento de un insulinoma es la extirpación
quirúrgica.
Gastrinoma
Un gastrinoma es un tumor pancreático que
produce cantidades excesivas de la hormona gastrina, la cual estimula
al estómago a secretar ácido y enzimas, causando úlceras
pépticas.
La mayoría de las personas con este trastorno
tiene varios tumores agrupados en o cerca del páncreas. Cerca
de la mitad son cancerosos.
A veces un gastrinoma se produce en el contexto
de un trastorno hereditario (neoplasia endocrina múltiple), en
el cual los tumores se originan a partir de las células de varias
glándulas endocrinas, como las células pancreáticas
productoras de insulina.
Síntomas y diagnóstico
El exceso de gastrina secretada por el gastrinoma
causa diversos síntomas que constituyen el llamado síndrome
de Zollinger-Ellison. El síndrome incluye dolor abdominal de
moderado a intenso ocasionado por úlceras pépticas en
el estómago, duodeno o en cualquier zona del intestino. Puede
producirse perforación, hemorragia y obstrucción intestinal,
que pueden ser mortales. Sin embargo, en más de la mitad de las
personas con gastrinoma, los síntomas no son peores que los ocasionados
por una úlcera péptica de origen diferente. La diarrea
es el primer síntoma en el 35 al 40 por ciento de los casos.
El médico sospecha esta enfermedad cuando
una persona presenta frecuentes o múltiples úlceras pépticas
que no responden a los tratamientos habituales. Entonces se solicitan
análisis de sangre para detectar valores anormalmente elevados
de gastrina. También las muestras de jugo gástrico (obtenidas
mediante una sonda colocada por la nariz hasta el estómago) indican
cantidades muy altas de ácido. La localización de los
tumores puede resultar difícil porque generalmente son pequeños
y hay varios de ellos. Los médicos utilizan diversas técnicas
de imagen, como la tomografía computadorizada (TC), la ecografía
y la arteriografía.
Tratamiento
Cerca del 20 por ciento de las personas con un gastrinoma
que no tienen una neoplasia endocrina múltiple puede curarse
con cirugía. Para estos pacientes, antes de la cirugía,
y para otros que no se someten a ésta, los fármacos antiulcerosos
como la cimetidina, la ranitidina y la famotidina, pueden aliviar la
sintomatología. Si ello no se logra, el omeprazol (que reduce
la secreción ácida por otros medios) puede ser eficaz.
Si estos tratamientos fallan, puede ser necesaria una intervención
para extirpar todo el estómago (gastrectomía total). Esta
operación no elimina el tumor, pero la gastrina ya no puede afectar
al estómago y los síntomas desaparecen. Si se extirpa
el estómago, deben administrarse suplementos diarios de vitamina
B12 y de calcio.
Si los tumores malignos se han diseminado a otras
partes del organismo, los fármacos anticancerosos (quimioterapia)
pueden ayudar a reducir el número de células tumorales
y los valores sanguíneos de gastrina. Sin embargo, este tratamiento
no cura el cáncer, que finalmente resulta mortal.
Glucagonoma
El glucagonoma es un tumor que produce la hormona
glucagón, la cual aumenta los valores de glucosa en sangre y
produce una erupción cutánea característica.
Cerca del 80 por ciento de estos tumores resulta
canceroso. Sin embargo, son de lento crecimiento y muchas personas sobreviven
15 años o más tras el diagnóstico. La edad promedio
de aparición de los síntomas es 50 años. Aproximadamente
el 80 por ciento de las personas con glucagonoma son mujeres.
Síntomas y diagnóstico
Los altos valores de glucagón causan los
síntomas de una diabetes mellitus. A menudo, la persona pierde
peso. Los análisis de sangre pueden detectar anemia y valores
bajos de lípidos, pero en el 90 por ciento de los casos las características
típicas son una erupción cutánea descamativa de
color marrón rojizo (eritema necrolítico migratorio),
que comienza en la ingle y se extiende a las nalgas, antebrazos y piernas;
en la lengua la lesión es brillante y de color naranja rojizo.
También pueden aparecer grietas en las comisuras de la boca.
El diagnóstico se establece detectando valores
altos de glucagón en la sangre y localizando posteriormente el
tumor por angiografía y mediante una exploración abdominal
quirúrgica.
Tratamiento
En el mejor de los casos, se extirpa el tumor quirúrgicamente
y todos los síntomas desaparecen. Sin embargo, si no se puede
extirpar el tumor o si éste se ha extendido, los fármacos
anticancerosos pueden reducir los valores de glucagón y disminuir
los síntomas. El fármaco octreótido también
reduce las concentraciones de glucagón, puede hacer desaparecer
la erupción y también puede restablecer el apetito, facilitando
el aumento de peso. Sin embargo, el octreótido puede elevar todavía
más los valores de glucosa en sangre. La erupción cutánea
se trata con ungüentos de zinc. Algunas veces se trata con aminoácidos
o ácidos grasos intravenosos.