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TRASTORNOS DE LOS HUESOS, LAS ARTICULACIONES Y LOS MUSCULOS
CAPITULO 56
Afecciones comunes del pie
Algunos problemas del pie se inician en el propio
pie, por ejemplo, por una lesión; otros son el resultado de enfermedades
que afectan a todo el organismo. Cualquier hueso, articulación,
músculo, tendón, o ligamento del pie puede verse afectado.
Esguince grave
El esguince puede ocurrir cuando el tobillo
rota hacia afuera (se invierte), desgarrando el ligamento de
la parte externa del tobillo.
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Esguinces de tobillo
Un esguince de tobillo es un desgarro de los
ligamentos (el tejido elástico resistente que conecta los huesos
entre sí) en el tobillo.
Cualquiera de los ligamentos del tobillo puede lesionarse.
Las torceduras suelen ocurrir cuando el tobillo rota hacia fuera, haciendo
que la planta del pie mire hacia el otro pie (se invierta). Los ligamentos
flojos en el tobillo, los músculos débiles, las lesiones
de los nervios de la pierna, ciertos tipos de calzado (como los zapatos
de tacón alto y estrecho) y ciertas maneras de caminar, tienden
a provocar la rotación del pie hacia fuera, aumentando el riesgo
de una torcedura.
Síntomas
La gravedad del esguince depende del grado de estiramiento
o de desgarro de los ligamentos. En un esguince leve (grado 1), los
ligamentos pueden estirarse pero, de hecho, no se desgarran. El tobillo
no suele lastimarse o hincharse demasiado; sin embargo, una torcedura
leve aumenta el riesgo de una lesión recurrente. En un esguince
moderado (grado 2), los ligamentos se desgarran parcialmente. La inflamación
y los hematomas son frecuentes. Por lo general, es doloroso y resulta
difícil caminar. En el esguince grave (grado 3), los ligamentos
se desgarran completamente, causando hinchazón y a veces hemorragia
bajo la piel. Por consiguiente, el tobillo se vuelve inestable e incapaz
de sostener el peso.
Diagnóstico y tratamiento
La exploración física del tobillo
orienta acerca de la extensión de la lesión del ligamento.
Con frecuencia, se hace una radiografía para determinar si el
hueso está fracturado, pero no se aprecia la torcedura del tobillo.
Se requieren pruebas complementarias sólo en contadas ocasiones.
El tratamiento depende de la gravedad del esguince.
Generalmente, las torceduras leves se tratan envolviendo el tobillo
y el pie con un vendaje elástico, aplicando compresas de hielo
en la zona, elevando el tobillo y, a medida que los ligamentos se curan,
se aumenta de forma gradual el número de pasos y ejercicios.
En las torceduras moderadas se aplica habitualmente un soporte para
caminar, que se mantiene durante 3 semanas. Éste inmoviliza la
parte inferior de la pierna pero permite andar con el tobillo lesionado.
En las lesiones graves, puede necesitarse una intervención quirúrgica,
pero existe controversia sobre este tipo de cirugía. Según
algunos cirujanos, la reconstrucción quirúrgica de los
ligamentos desgarrados y gravemente lesionados no es más eficaz
que el tratamiento sin cirugía. Es muy importante la fisioterapia
para restablecer el movimiento, fortalecer los músculos y mejorar
el equilibrio y tiempo de respuesta, antes de volver a las actividades
intensivas.
Las personas cuyos tobillos se tuercen con facilidad
pueden evitar las lesiones subsiguientes utilizando aparatos ortopédicos
(abrazaderas) para los tobillos y colocando dispositivos en el calzado
para estabilizar el pie y el tobillo.
Complicaciones
A veces, un esguince grave o moderado causa problemas
incluso después de que el ligamento ha sanado. Se puede desarrollar
un pequeño nódulo en uno de los ligamentos del tobillo
que causa una fricción constante en la articulación, conduciendo
a la inflamación crónica y, finalmente, a daños
permanentes. La inyección de una mezcla de corticosteroides en
el tobillo reduce la inflamación, y la administración
de un anestésico local alivia el dolor de modo eficaz. En raras
ocasiones se requiere la intervención quirúrgica.
En un esguince puede también lesionarse el
nervio que recorre uno de los ligamentos del tobillo. El dolor y el
hormigueo consecuentes (neuralgia) se alivian, a veces de modo permanente,
con una inyección de un anestésico local.
Las personas con esguince de tobillo suelen caminar
de un modo que desgasta excesivamente los tendones (tejidos fibrosos
y resistentes que conectan los músculos al hueso o los músculos
entre sí); el resultado final es la inflamación de los
tendones del lado externo del tobillo. Esta afección, llamada
tenosinovitis peroneal, puede causar hinchazón crónica
y dolor en la parte externa del tobillo. El tratamiento consiste en
usar soportes para el tobillo, que limitan el movimiento de la articulación.
También pueden ser eficaces las inyecciones de cortisona dentro
de la vaina del tendón, aunque no debe abusarse de su uso.
En ocasiones, el impacto de un esguince grave causa
espasmos en los vasos sanguíneos del tobillo que reducen la circulación
sanguínea. Por consiguiente, algunas zonas del hueso y de otros
tejidos pueden resultar afectadas debido a la falta de irrigación,
por lo que pueden comenzar a deteriorarse. Esta afección, denominada
distrofia simpática refleja o atrofia de Sudeck, puede provocar
hinchazón y dolor en el pie, a menudo intenso, que puede pasar
de un punto a otro del tobillo y del pie. A pesar del dolor, la persona
puede seguir caminando. La fisioterapia y los analgésicos administrados
por vía oral pueden ser útiles. Se puede recurrir, en
caso de dolor crónico e intenso, a la inyección de un
anestésico local alrededor del nervio que estimula el tobillo
(bloqueo del nervio), así como a la administración de
corticosteroides y al apoyo psicológico.
El síndrome de seno del tarso es el dolor
persistente en la zona entre el hueso del talón (calcáneo)
y el hueso del tobillo (talus o astrágalo), a raíz de
una torcedura. Puede estar asociado con el desgarro parcial de los ligamentos
dentro del pie. Las inyecciones de corticosteroides y los anestésicos
locales son a menudo útiles.
Fracturas del pie
Prácticamente cualquier hueso del pie se
puede fracturar. Muchas de estas fracturas no requieren cirugía,
pero otras deben ser reparadas quirúrgicamente para prevenir
la discapacidad permanente. Es habitual que la zona sobre el hueso fracturado
presente hinchazón y dolor, que pueden extenderse más
allá del lugar de la fractura si los tejidos blandos de la zona
resultan magullados.

Las fracturas del tobillo y alrededor de éste,
ocurren frecuentemente cuando el tobillo rota hacia dentro, de tal modo
que la planta del pie gira hacia afuera (eversión) o cuando el
tobillo rota hacia afuera (inversión). Suelen aparecer dolor,
hinchazón y hemorragia. Estas fracturas pueden ser graves si
no se tratan con urgencia. Como regla general, todas las fracturas de
tobillo deberían escayolarse. La cirugía puede ser necesaria
para las fracturas graves del tobillo, cuando los huesos están
ampliamente separados o mal alineados.
Son frecuentes las fracturas de los huesos del metatarso
(huesos situados en la parte dorsal media del pie) que, con frecuencia,
son el resultado de una marcha excesiva o de una tensión indirecta
por uso excesivo, aunque también pueden producirse por un impacto
fuerte y repentino. En la mayoría de los casos, la inmovilización
con un calzado de suela rígida (mejor que con escayola) es suficiente
para que el hueso sane. En raras ocasiones, se necesita la colocación
de una escayola por debajo de la rodilla. Si los huesos están
muy separados, la cirugía puede estar indicada para alinear los
segmentos fracturados. Una fractura del metatarsiano del dedo gordo
o del dedo pequeño del pie tiende a ser complicada, requiriendo
la colocación de una escayola o la cirugía.

Los huesos sesamoideos (dos huesos pequeños
redondos localizados bajo el extremo del metatarsiano del dedo gordo
del pie) se pueden fracturar. Las carreras, los largos paseos y los
deportes que implican caer demasiado fuerte sobre la superficie plantar
del antepié, como el baloncesto y el tenis, pueden causar la
fractura de estos huesos. También alivian el dolor los accesorios
ortopédicos especialmente diseñados para el calzado (plantillas).
Si persiste el dolor, los huesos sesamoideos deben, a veces, ser extraídos
quirúrgicamente.
Huesos del pie
Vista desde abajo
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Son frecuentes las lesiones de los dedos del pie,
en particular el pequeño, especialmente cuando se camina descalzo.
Las fracturas simples de los cuatro dedos más pequeños
del pie se curan sin necesidad de escayolar. Puede ser útil el
vendaje con cinta adhesiva o velcro de los dedos afectados a los dedos
adyacentes, durante 4 a 6 semanas. Usar suelas rígidas o un calzado
ligeramente más ancho, puede ayudar a calmar el dolor. Si resulta
demasiado doloroso caminar con un calzado normal, hay que utilizar botas
hechas a la medida o calzado siguiendo la prescripción del médico.
Por lo general, una fractura del dedo gordo (hallux)
tiende a ser más grave, causando dolor intenso, tumefacción
y hemorragia bajo la piel. El dedo gordo puede fracturarse por un tropezón
o por la caída accidental de un objeto pesado sobre el pie. Las
fracturas que afectan a la articulación del dedo gordo del pie
pueden requerir una intervención quirúrgica.
Espolones del talón
Los espolones del talón son excrecencias
de hueso en el talón que pueden ser consecuencia de una tensión
excesiva del hueso del talón por parte de los tendones o la fascia
(el tejido conectivo adherido al hueso).
El dolor en la parte inferior del talón puede
ser causado por un espolón. El pie plano (una forma anormal de
la planta y del arco del pie) y los trastornos en los que la contractura
del tendón del talón es permanente, pueden tensar excesivamente
la fascia, incrementando el riesgo del crecimiento de espolones.
Los espolones del talón son casi siempre
dolorosos mientras se desarrollan, especialmente cuando la persona está
caminando. En ocasiones, se desarrolla una pequeña acumulación
de líquido (bolsa) debajo del espolón y se inflama. Esta
afección, llamada bursitis calcánea inferior, suele hacer
que el dolor se vuelva pulsátil, y también puede aparecer
sin que exista espolón. A veces el pie se adapta al espolón
de modo que el dolor disminuye a medida que crece el espolón.
Por otra parte, un espolón indoloro puede transformarse en doloroso
a consecuencia de una pequeña lesión en la zona, como
puede ocurrir durante el ejercicio.
Habitualmente, los espolones se suelen diagnosticar
durante un exploración física. La presión del centro
del talón causa dolor si el espolón está presente.
Se pueden hacer radiografías para confirmar el diagnóstico,
pero éstas pueden no detectar los espolones en formación.
Espolón del talón
El espolón del talón es un
crecimiento óseo en el hueso del talón (calcáneo).
Se puede formar cuando la fascia plantar, tejido conectivo que
se extiende desde el hueso del talón hasta la base de
los dedos, tira demasiado sobre el talón. Por lo general,
el espolón es doloroso mientras se está formando,
pero el dolor disminuye a medida que el pie se ajusta a él.
La mayor parte de los espolones pueden ser tratados sin intervención
quirúrgica.
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El tratamiento tiene como objeto aliviar el dolor.
Una mezcla de corticosteroides con un anestésico local puede
inyectarse dentro de la zona dolorida del talón. Envolver el
arco con almohadillas y usar elementos ortopédicos (plantillas
para calzado) que ayuden a estabilizar el talón, pueden minimizar
el estiramiento de la fascia y reducir el dolor. La mayor parte de los
espolones dolorosos se resuelven sin intervenciones quirúrgicas.
Se debería realizar una intervención quirúrgica
para extraer el espolón solamente cuando el dolor constante dificulta
la marcha. Sin embargo, los resultados no son predecibles y, a veces,
el dolor persiste después de la operación.
Enfermedad de Sever
La enfermedad de Sever es el dolor de talón
en los niños, causado por una lesión de cartílago.
El hueso del talón (calcáneo) se desarrolla
en dos partes. Hasta que el hueso se endurece completamente, entre los
8 y 16 años, ambas partes están unidas por un cartílago
que es más blando que el hueso. En ocasiones, la actividad enérgica
o el esfuerzo excesivo pueden romper el cartílago causando dolor,
casi siempre a lo largo de los bordes del talón.
El diagnóstico de la enfermedad de Sever
se establece cuando un niño que ha participado en una actividad
atlética siente dolor a lo largo de los bordes del talón.
A veces, el talón está ligeramente hinchado y levemente
caliente al tacto. Las radiografías no son útiles para
el diagnóstico, ya que no pueden detectar la lesión del
cartílago, excepto para excluir una fractura ósea como
causa del dolor.
El cartílago roto finalmente se cura, con
frecuencia al cabo de varios meses. Las almohadillas para el talón
colocadas en el calzado, pueden ser útiles ya que reducen la
presión sobre el hueso del talón. A veces, también
puede ser útil escayolar el pie.
Bursitis posterior del tendón de Aquiles
La bursitis posterior del tendón de Aquiles
(deformidad de Haglund) es una inflamación del saco de líquido
(bolsa) localizado entre la piel del talón y el tendón
de Aquiles (el tendón que une los músculos de la pantorrilla
al hueso del talón).
Este trastorno se manifiesta principalmente en las
mujeres jóvenes pero también puede desarrollarse en los
varones. Puede agravarse si se camina de una forma que presione repetidamente
los tejidos blandos detrás del talón, contra el soporte
rígido posterior del calzado.
Al principio, aparece una mancha ligeramente roja,
endurecida y dolorosa en la cara posterior y superior del talón.
Cuando la bolsa inflamada se agranda, aparece una tumefacción
roja debajo de la piel del talón que causa dolor por encima del
mismo. Si la afección se vuelve crónica, la hinchazón
puede endurecerse.
El tratamiento tiene por objeto reducir la inflamación
y ajustar la posición del pie en el calzado para aliviar la presión
sobre el talón. Se pueden colocar almohadillas en el calzado,
de espuma de goma o de fieltro, para suprimir la presión mediante
la elevación del talón. Puede resultar útil estirar
la parte posterior del calzado, o acolcharlo alrededor de la bolsa inflamada.
A veces se diseñan calzados especiales para ayudar a controlar
el movimiento anormal del talón. Si estas medidas no son eficaces,
los antiinflamatorios no esteroideos, como el ibuprofeno, alivian el
dolor y la inflamación de forma temporal, así como las
inyecciones de una mezcla de corticosteroides y anestésicos locales
en la zona inflamada. Cuando estos tratamientos no son eficaces, se
debe extraer quirúrgicamente una parte del hueso del talón.
Bursitis en el talón
Normalmente, sólo se encuentra una
bolsa en el talón, entre el tendón de Aquiles
y el hueso (calcáneo). Esta bolsa puede inflamarse, hincharse
y doler, dando como resultado una bursitis anterior del tendón
de Aquiles. Se puede formar una bolsa protectora (adventicia)
entre el tendón de Aquiles y la piel como consecuencia
de una presión anormal y una disfunción del pie.
Esta bolsa puede también inflamarse, hincharse y doler
y en consecuencia producir una bursitis posterior del tendón
de Aquiles.
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Bursitis anterior del tendón de Aquiles
La bursitis anterior del tendón de Aquiles
(enfermedad de Albert) es una inflamación de la bolsa de líquido
de la parte anterior de la unión del tendón de Aquiles
al hueso del talón (calcáneo).
Cualquier estado que represente una tensión
adicional para el tendón de Aquiles (que une los músculos
de la pantorrilla al talón) puede causar este trastorno. Las
lesiones del talón, las enfermedades como la artritis reumatoide
e incluso los soportes posteriores rígidos del calzado pueden
causar este proceso.
Cuando la bolsa se inflama a raíz de una
lesión traumática, los síntomas suelen manifestarse
de manera repentina; en cambio, cuando la inflamación se debe
a una enfermedad, pueden hacerlo de forma gradual. Los síntomas
habitualmente consisten en hinchazón y calor en el lado posterior
del talón.
La aplicación de compresas tibias o frías
sobre la zona afectada puede ayudar a reducir el dolor y la inflamación,
así como las inyecciones de un corticosteroide combinado con
un anestésico local en la bolsa inflamada.
Neuralgia tibial posterior
La neuralgia tibial posterior es el dolor en el
tobillo, el pie y los dedos del pie, causado por la compresión
o la lesión del nervio que llega al talón y la planta
del pie (nervio tibial posterior).
Este nervio recorre la cara posterior de la pantorrilla,
atraviesa un canal óseo cerca del talón y llega hasta
la planta del pie. Cuando los tejidos circundantes de este nervio se
inflaman, pueden comprimirlo, causando el dolor.
El dolor, el síntoma más frecuente
de esta afección, se presenta como un ardor o un hormigueo. Puede
aparecer cuando la persona está de pie, camina, o usa un tipo
particular de calzado. El dolor, habitualmente localizado alrededor
del tobillo y extendido a los dedos del pie, empeora al andar y se alivia
con el reposo. Algunas veces, el dolor también aparece durante
el reposo.
Para diagnosticar esta afección, el médico
mueve el pie durante la exploración física. Por ejemplo,
da golpes suaves en la zona que esté lesionada o comprimida,
lo que con frecuencia causa un hormigueo que puede extenderse al talón,
al arco del pie, o a los dedos. Se pueden necesitar pruebas adicionales
para determinar la causa de la lesión, especialmente si se está
considerando una intervención quirúrgica del pie.
Las inyecciones de una mezcla de corticosteroides
y anestésicos locales en la zona pueden aliviar el dolor. Otros
tratamientos consisten en vendar el pie y colocar dispositivos especialmente
diseñados en el calzado, para reducir la presión sobre
el nervio. Cuando los demás tratamientos no alivian el dolor,
la cirugía puede ser necesaria para aliviar la presión
del nervio.
Dolor en la superficie plantar del antepié
El dolor en la superficie plantar del antepié
se debe con frecuencia a lesiones de los nervios entre los dedos del
pie o bien a las articulaciones entre los dedos y el pie.
Lesiones de los nervios
Los nervios que estimulan la planta del pie y los
dedos se hallan entre los huesos de los dedos. El dolor en la superficie
plantar del antepié puede deberse a la acción de tumores
no cancerosos de los tejidos nerviosos (neuromas), ubicados entre la
base del tercer y cuarto dedo (neuroma de Morton), aunque pueden también
presentarse entre otros dedos. Los neuromas suelen desarrollarse sólo
en un pie y son más frecuentes en las mujeres que en los varones.
En su fase inicial, el neuroma puede causar únicamente
una leve molestia alrededor del cuarto dedo, a veces acompañada
de una sensación de ardor u hormigueo. Estos síntomas
son generalmente más pronunciados cuando la persona usa cierto
tipo de calzado. A medida que la afección progresa, puede irradiarse
una sensación de ardor constante a las puntas de los dedos, independientemente
del tipo de calzado que se use. La persona puede también sentir
como si tuviera una canica o un guijarro dentro de la superficie plantar
del antepié. El diagnóstico se basa en la historia del
problema y en el examen del pie. Las radiografías, la resonancia
magnética (RM) y la ecografía no identifican con precisión
esta enfermedad.
Las inyecciones de corticosteroides mezclados con
un anestésico local, así como el uso de plantillas en
el calzado pueden, en general, aliviar los síntomas. Puede ser
necesario repetir las inyecciones dos o tres veces, con intervalos de
una a dos semanas. Si estos tratamientos no ayudan, la extracción
quirúrgica del neuroma alivia con frecuencia el malestar por
completo, pero puede causar insensibilidad permanente en la zona.
Dolor en las articulaciones de los dedos del
pie
El dolor en las articulaciones de los cuatro dedos
más pequeños del pie es un problema muy común cuya
causa más frecuente es el mal alineamiento de las superficies
articulares. Esta mala alineación puede ser consecuencia de un
pie poco o muy arqueado, que hace que los dedos permanezcan doblados
(dedos en martillo). La fricción constante del calzado contra
los dedos curvados produce un engrosamiento de la piel sobre la articulación,
formándose un callo. El tratamiento alivia la presión
causada por el mal alineamiento. Puede ser útil un calzado más
hondo o un calzado con almohadillas; también puede estar indicada
la cirugía para enderezar los dedos y quitar el callo
La artrosis del dedo gordo del pie, extremadamente
frecuente, puede ser consecuencia de diversas posiciones al estar de
pie y al caminar, incluso la tendencia a rotar el pie hacia dentro al
caminar (pronación). En ocasiones, una lesión en el dedo
gordo del pie puede también causar artrosis con dolor. El dolor
articular en el dedo gordo del pie empeora casi siempre por el uso de
calzado. Más tarde, la persona puede sentirse incapaz de doblar
este dedo mientras camina. No se nota una sensación de calor
al tacto en la zona dolorosa.
El principio fundamental del tratamiento es el uso
de un calzado con dispositivos que corrijan el movimiento impropio del
pie y alivien la presión en las articulaciones afectadas. Un
dolor de reciente aparición en el dedo gordo del pie puede aliviarse
mediante la tracción del dedo y algunos ejercicios que muevan
y extiendan la articulación. Las inyecciones con un anestésico
local pueden aliviar el dolor y disminuir el espasmo muscular, de modo
que la articulación pueda moverse más fácilmente.
Puede así mismo inyectarse un corticosteroide para disminuir
la inflamación. Si estos tratamientos no dan un buen resultado,
una intervención quirúrgica puede aliviar el dolor.
| Uña encarnada en el dedo gordo |
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Uña del pie encarnada
Una uña del pie encarnada es una afección
en la que los bordes de la uña crecen dentro de la piel que la
rodea.
La uña encarnada puede producirse cuando
una uña del pie deformada crece impropiamente dentro de la piel,
o cuando la piel que circunda la uña crece anormalmente rápido
y cubre parte de la uña. Usar un calzado estrecho e inadecuado,
y recortar la uña en curva con bordes cortos, en vez de recortarla
de un modo más bien recto, pueden causar una uña encarnada
o hacer que ésta empeore.
Las uñas encarnadas pueden no producir síntomas
al inicio, pero finalmente pueden doler, especialmente cuando se presiona
la zona que está dentro de la carne. La zona está generalmente
enrojecida y puede estar caliente y, si el tratamiento no es adecuado,
es propensa a la infección. Si se infecta, la zona se vuelve
dolorosa, enrojecida e hinchada, y pueden desarrollarse tumefacciones
con pus (paroniquia).
Las uñas levemente encarnadas pueden recortarse,
el borde libre se levanta con suavidad y se coloca un algodón
esterilizado debajo de la uña hasta que la hinchazón desaparece.
Si la uña encarnada requiere atención médica, el
médico generalmente adormece la zona con un anestésico
local, luego corta y extrae la sección encarnada de la uña.
La inflamación puede entonces disminuir y la uña encarnada,
habitualmente, no recurre.
Onicomicosis
La onicomicosis es una infección de las uñas
por hongos.
El hongo puede contagiarse cuando se camina descalzo
en lugares públicos o, con más frecuencia, es parte de
la infección del pie de atleta. Las infecciones leves pueden
producir pocos o ningún síntoma; en muchas infecciones
graves, las uñas se vuelven blancuzcas, gruesas y se despegan
de la base. Habitualmente, se acumulan detritos de la uña infectada
bajo el borde libre.
El médico, por lo general, confirma el diagnóstico
tras el examen al microscopio de una muestra del detrito de la uña
y del cultivo correspondiente que determinan cuál es el hongo
que causa la infección.
Las infecciones por hongos son difíciles
de curar, por lo que el tratamiento está en función de
la gravedad o molestia de los síntomas. Se debe procurar que
las uñas estén bien recortadas para minimizar las molestias.
Los fármacos contra los hongos, administrados por vía
oral, pueden mejorar el proceso y, a veces, curarlo por completo. Con
frecuencia, la infección reaparece cuando se interrumpen los
fármacos.
En general, no resulta eficaz tratar la uña
infectada únicamente con la aplicación directa de antimicóticos,
excepto en el caso de una infección superficial por hongos.
Alteración del color de las uñas
Son varios los trastornos que pueden causar cambios
en el color y la textura de las uñas. Por ejemplo, una lesión
debida al impacto de un objeto pesado sobre el dedo, puede provocar
una acumulación de sangre bajo la uña, ocasionando el
ennegrecimiento de la misma. Si esto afecta a la uña entera,
ésta puede desprenderse y caer. Una coloración negra bajo
la uña debe ser examinada para determinar también si se
trata de un melanoma (cáncer de la piel). Las heridas pueden
causar manchas o vetas blancuzcas en la uña. La sobreexposición
a los jabones fuertes, los productos químicos o algunos fármacos,
puede hacer que las uñas adquieran tonalidades negras, grises,
amarillas o marrones. Las infecciones por hongos también pueden
cambiar el color de las uñas.
El tratamiento consiste en corregir el trastorno
que causa el cambio de color y esperar hasta que crezcan las uñas
sanas. Después de su extracción, las uñas tardan
alrededor de 11 a 18 meses en crecer nuevamente.